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El primer artículo de la Ley 366 del Libro y la Lectura Óscar Alfaro, claramente establece como objetivo el fomento a la lectura en todas sus formas de expresión; en el cuarto, reconoce la existencia del libro electrónico. Sin embargo, quienes han recorrido las 15 provincias cruceñas impulsando este hábito, como Sarah Mansilla con su Benjabus, consideran que la norma no profundiza en estímulos concretos para la lectura digital. Los esfuerzos y avances se concentran en la ciudad.

Algunos aportes investigativos arrojan datos estadísticos sobre los hábitos de lectura de los cruceños, tanto en lo que respecta a ediciones impresas como electrónicas. Uno de ellos es el que trabajaron conjuntamente las universidades Uagrm, NUR y UEB, encuestando a jóvenes estudiantes. Algunas de las conclusiones son que el 70% nunca compra libros por internet, solo 6% lo hace con frecuencia; que el 79% se informa por las redes sociales, y que los géneros más buscados en las plataformas son novelas y cuentos, mientras que los ensayos y poesías van perdiendo terreno. Otro estudio es el que realizaron conjuntamente la carrera de Sociología de la Uagrm, el Instituto Cruceño de Estadísticas (ICE) de la Gobernación y la Cámara Departamental del Libro (CDL) entre los asistentes a la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra del año pasado -solo en la ciudad-, refleja las oportunidades que tiene la lectura para consolidarse: 67% tiene internet fijo en casa, 93% se conecta diariamente; en su tiempo libre, el 29% prefiere ver TV, el 18% escuchar música, el 17% navegar por internet, y el 15% leer periódicos, libros y revistas (sumados, el 17% de internautas y el 15% de lectores, se potencian los posibles habitués de la lectura).

Claudia Vaca, lectora, escritora e investigadora, que actualmente se encuentra cursando un doctorado en Chile y que para su magíster hizo la tesis sobre el ethos lector de la capital cruceña, tiene algunas precisiones en cuanto a las estadísticas, ya que divulgan el porcentaje, pero no hay una interpretación ni análisis contextual del lugar de donde proceden los encuestados ni de los elementos técnicos que condicionan el tipo de respuesta. Sin embargo, logró algunas cifras, que en el 28% de lectores entre 12 y 20 años, en cinco distritos de Santa Cruz de la Sierra (6,7,8,4 y 2), prima lo digital. “En este ethos o conducta del lector ya no se lee de manera individualizada, sino circulatoria, y se aprovecha la cuestión digital gracias a que las brechas han disminuido en las capitales, ese contexto digital permite socializar obras clásicas, puntos de vista, etc.”, opina, pero reconoce que hay una incipiente realidad de investigación en cuanto a la lectura; para muestra su caso, tuvo que irse a Chile y desde allá analizar su tierra. “No hay interés en financiar estas investigaciones y los académicos que lo hacen, es desde sus instancias como docentes. También falta articular las investigaciones existentes con los que diseñan el Programa Operativo Anual, porque se investiga para resolver problemas reales”, opina.

Vaca agrega que en provincias el reto es mayor, “la brecha digital es todavía grande, no hay accesibilidad a buena señal con velocidad de internet para descargar documentación en las capitales de las provincias, y en los cantones y lugares más alejados no llega, eso incide en la brecha de lectura. Los proyectos de construcción de las bibliotecas y animadores de lectura son vitales para provincias”.

En 2015, Mansilla realizó una encuesta a 1.060 estudiantes de las promociones provinciales, aprovechando el circuito de su biblioteca móvil, el Benjabus. “La mayoría no recuerda los nombres de autores bolivianos, afirman haber leído uno o dos libros al año, tienen muy poco acceso a internet y desconocen formas de realizar la lectura digital”, argumenta.

Las tendencias

Esa forma circulatoria o solidaria de ejercer la lectura, de la que hablaba Vaca, es la que ha generado la digitalización. Hoy se habla de booktubers, bookstagramers, etc., que comparten con sus seguidores el gusto por los libros.

“Hoy, consciente o no, la gente lee más a través de las redes sociales, aunque el rey de los soportes sigue siendo el libro impreso, a nivel mundial. Como en todos los ámbitos, las modas y tendencias también influyen en la lectura, no solo en el soporte, si no en el tipo de lectura. Hoy en día la tendencia entre los jóvenes, por ejemplo, es el thriller, el suspenso y el miedo; en cuanto a géneros, la novela sigue siendo el preferido por la población. Según un conteo del Grupo Editorial La Hoguera, el género preferido de los bolivianos adultos es la novela y luego el ensayo, y de los niños, el cuento; la poesía y el teatro son los géneros que menos se venden en Bolivia”, asegura María José Parejas, directora de ediciones literarias de La Hoguera.

En el país, los influencers de libros tienen menos seguidores que los de ropa o tecnología, alcanzan entre 6.000 e incluso 100 fans. Trabajan casi exclusivamente en YouTube e Instagram, redes en las que reseñan libros leídos. “En Bolivia hay por lo menos 20 personas que se dedican a eso e incluso han formado un grupo (o comunidad, como se los denomina) de jóvenes entre 20 y 30 años. Son estudiantes o profesionales que dedican su tiempo libre a comentar libros; no lucran con ello. Prefieren sagas de novelas románticas o de misterios, generalmente de autores extranjeros”, dice Parejas.

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