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Bajan las cifras negativas del Covid-19, las medidas restrictivas
para los negocios se ablandan, pero la economía de estos no agarra la musculatura deseada.

Desde el 6 de julio, los centros comerciales abrieron al público; el 3 de agosto hicieron lo mismo los restaurantes; a partir del 10, los gimnasios; y el lunes 17 se amplió a 80% la capacidad a ocupar en el transporte público.

A primera vista, los estragos ocasionados por la pandemia parecen diluirse, pero en balances tempranos, los protagonistas de los sectores beneficiados con la flexibilización no sienten una mejoría tan notoria.

En el caso de los gimnasios, Jorge Méndez, propietario del Gym Shop, con capacidad para unas mil personas, dice que no son necesarias las medidas restrictivas para cumplir con el límite de 30% del aforo. “Nos está yendo muy mal, la gente todavía tiene miedo. En una semana han entrado solo 30 personas; vamos poco más de una semana y está bien difícil.

Estamos muy golpeados, igual que las discotecas, nadie quiere
ir al gimnasio por temor”, dice un entrenador acostumbrado a tener al menos a 500 alumnos por mes.

Las clases en sitios cerrados y con grupos de diez personas están descartadas. “No se han habilitado los cursos de pilates, ni zumba ni kick boxing”, agrega. 

Por ahora, han prescindido de los servicios de los entrenadores del turno nocturno y han reforzado el equipo de limpieza de día, en apego a las medidas de bioseguridad, pero el mayor problema, sostiene, es que no es rentable. “No dará para cubrir los costos, quizás para quienes tengan local propio, lo nuestro es alquiler; si bien nos disminuyeron el monto, aún debemos”, lamenta.

Según Méndez, una buena parte de la clientela iba al gimnasio tras dejar a los hijos en el colegio, pero ahora se compraron máquinas y ejercitan en sus casas.

Aldo Terrazas, dirigente del transporte público, dice acerca de su sector que es temprano para hacer una evaluación, pero la comprometió para este viernes 21. Sin embargo, adelanta que por más que se apruebe el 80% de ocupación de los asientos de los micros, la gente no sale a las calles, los estudiantes no van a los colegios ni a las universidades, así que trabajan con casi 50% de sus vehículos, o sea con 3.000 unidades motorizadas.

“Los 5.000 estudiantes que trasladábamos cada día han desaparecido y los micros que salen ahora, la mayoría son a gas porque los de diésel en este tiempo han buscado mejores días en otras actividades, incluso vendiendo frutas. Seguramente si esto mejora, tratarán de regresar”, explica.

Malls y restaurantes
En los centros comerciales, la apertura se ve limitada por restricciones como el ingreso según cédula de identidad y la prohibición de niños y adultos mayores, además de la pausa los fines de semana, que siempre fueron los días más fuertes de visitas. “Abrir es mejor que nada porque ya es señal de que el motor está encendido”, dice Oswaldo Perrogón, gerente de Patio Design.

Actualmente, el flujo de visitantes ahí oscila entre el 30 y el 40%, frente a los tiempos sin Covid-19. Perrogón cree que una de las ventajas es la terraza, que invita a sentirse seguros a los que llegan. Según él, antes de la flexibilización, las ventas de los restaurantes por delivery no llegaban al 15%.

“Hay la restricción del aforo en locales comerciales, que pueden atender al 50%, pero es difícil que se acerquen a ese 50% por los carnets, las edades y los horarios. Las tiendas no están ni cerca de ese porcentaje y, sin duda, a la parte gastronómica es a la que más le está costando despegar”, agrega.

Debido a la situación, varias tiendas están negociando su continuidad y se está hablando con cada uno de los propietarios para evaluar los avances.

Para Martha Cristina Franco, socia del Beauty Plaza, hay una situación “sostenida”. Coincide con Perrogón en que las restricciones de la normativa no ayudan a un despegue de los negocios. 

“De a poco vamos levantando vuelo. Pero mientras siga la limitación del número de carnet poco se puede hacer, y también del horario de atención, hasta las cuatro de la tarde”. Cree que lo ideal es abrir fin de semana. “En general las ventas llegan a un 30%, y antes solo con el delivery los restaurantes del patio de comidas con suerte llegaban al 20%. Ahora, con la apertura de las terrazas, la gente está volviendo”, informa, pero el retorno sigue siendo tímido. 

Fernando Rojas, gerente del grupo Fergus, que tiene tiendas en el eje troncal; en Santa Cruz cuatro en la calle, donde se llega al 40% de las ventas de antes, y una en el Ventura Mall, donde solo se logra el 20%. “Esto se debe a que el mall está respetando el ingreso por carnet que manda la Alcaldía, mientras que en las tiendas de calle los clientes entran, independientemente del carnet, pero con medidas de bioseguridad”, explica. Y a pesar de la situación, es en Santa Cruz y en Cochabamba donde mejor le va por el momento, “en La Paz el negocio está pésimo, las ventas están en cero”, sostiene.

Sobre otros locales comerciales, ha visto cerrarse sobre todo a los nuevos y a los pequeños emprendimientos. En su caso tuvo que ceder en aspectos como dar crédito a sus 30 mejores promotoras. 

Dice que ha tratado de mantener a su personal, pero tuvo que prescindir del más nuevo con el compromiso de recontratarlo en cuanto las cosas mejoren. Teme que todo se dificulte más en el sector de venta de calzados porque hay tiendas que están liquidando a precios muy bajos.

En el ámbito gastronómico, los restaurantes han sentido una mejoría más notoria que cuando se sostenían solo con el delivery; sin embargo, los locales de ambientes completamente cerrados siguen pasándola difícil porque no pueden atender en mesa.Es el caso de Tapekua, que tuvo que prescindir, por mutuo acuerdo, de todo su personal. 

Hoy Munaña Claure, una de las propietarias, tiene que comprar, cocinar y encargarse del delivery. “En un mes vendo lo que antes hacía en un día y es para pagar los finiquitos de la gente, les estoy cancelando de a poco”, confiesa.

Su negocio eran la diversión y el ocio, más que la comida, pero por la necesidad está empezando a agarrar clientela de delivery.

Dice que trató de mantener a sus empleados, pero que en tres bancos le rechazaron la solicitud de crédito para pagar a los que están en planilla.

La madre de Munaña es dueña de Tapekua Le Mayen, un restaurante campestre en El Torno. Por su edad y el tamaño del lugar no pudo deshacerse del personal, y ahora tiene que pagarle con su jubilación de Suiza.

“Lo ideal es no despedir, pero ni siquiera prestan la plata que anuncian. Los más jodidos son los negocios honestos con su
personal”, opina Munaña Claure.

El crítico gastronómico y director del portal RFG, Ramón Freixa, visita todas las semanas los restaurantes y dice que es notoria la reducción y rotación de personal.

“En Santa Cruz la gente acostumbra más salir a almorzar que a cenar, este horario les está costando y la carta se ha reducido. No les está yendo como para aplaudir con las orejas pero sí como para empezar poco a poco a salir del bache, están haciendo el mix de abierto con el delivery”, explica.

Según Freixa, algunos restaurantes hasta han optado por un nuevo servicio, el de enviar al chef a cocinar a los domicilios en caso de algún evento especial.

Como otra estrategia para activar el sector en días duros, hasta se llevaron a cabo concursos de hamburguesas, de paella, para que den a conocer sus mejores recetas en la plataforma digital.