Escucha esta nota aquí

Dicen que una imagen vale más que mil palabras; pero la verdad tras esta fotografía de Jorge Ibáñez, fotoperiodista de EL DEBER, nos demuestra que no hay palabras para contar la historia que se esconde tras esta ilustración. Fue la tarde del pasado domingo, 23 de mayo, cuando captó a Cinthya Rivero agradeciendo, en una Catedral cerrada, como la ciudad ese día, a Dios.

Ese domingo, la pequeña María del Carmen Subirana Rivero, de 6 años, había despertado de un inexplicable letargo que se prolongaba casi un mes. Los médicos no logran explicar qué mantuvo a la menor durante tanto tiempo en una situación de inconsciencia. Para Cinthya, ese domingo no era día de preguntas. A su paso por la Catedral, se bajó del auto y, sin más, se arrodilló para dar gracias al Divino Creador.

Un mes antes, la pequeña Carmen, pasó la noche con fiebre. Tras una visita al pediatra y un tratamiento para la inflamación de garganta, volvió a casa. Después de una segunda noche con fiebre alta, la preocupación cundió en el matrimonio. 

Tanto Fernando Subirana como Cinthya Rivero son médicos. Rápidamente entendieron que no era normal el estado en que se encontraba una de sus hijas gemelas. Carmencita no despertaba, permanecía en un estado inconsciente con ligeras reacciones a los estímulos.

El temor de los padres se acrecentó ante la falta de un diagnóstico claro. Se descartó el Covid-19, también la meningitis y otro tipo de bacterias que pudieran mantener en un letargo casi de coma a la menor.

Rivero relata esos primeros momentos con la pericia de un médico que conoce los procedimientos. Sin embargo, por dentro, recuerda la inquietud que invadía a la familia. Recorrieron la internación de tres hospitales sin que lograran un diagnóstico posible.

La pequeña, de solo 6 años, no lograba retornar del letargo que la mantenía postrada. Sin posibilidad de hablar y sin capacidad de reacción muscular alguna, se alimentaba por sondas mientras proseguían las pruebas.

Durante su estadía en la terapia intensiva del hospital del niño, algún especialista médico recomendó al matrimonio que lleven a su hija a otros centros médicos en el exterior del país ante la imposibilidad de detectar la dolencia que afectaba a la menor. Un anuncio que, en esos momentos, parecía la única salvación.

Fernando y Cinthya atienden a pacientes Covid-19 a domicilio. Después de superar la enfermedad, en junio del pasado año, concentraron sus esfuerzos en acompañar a los pacientes que no logran internarse en los hospitales y requieren los cuidados de una terapia intermedia. 

Cinthya explica que al inicio lo hacían gratis, pero ahora "cobran unos montos solidarios para sostenerse ellos sin necesidad de afectar a la maltrecha economía de los pacientes".

Sin recursos para llevarla al exterior y con la fe puesta en que Dios ayuda en estas ocasiones, realizaron una última revisión a la pequeña Carmen. En esta oportunidad, detectaron un pequeño pinchazo, "como de una espina", en un dedo de la mano.

Como medida de precaución, la doctora Natalia Calvimontes, sugirió aplicar una dosis de antitetánica. Así lo hicieron. 

Esa misma madrugada, la del 30 de mayo, la pequeña despertó ante el asombro de todos.  Al ser domingo y requerir estudios neurológicos, la trasladaron a la clínica Foianini, la única que contaba con terapia intensiva disponible para pacientes sin Covid-19.

Cinthya compartió la tarde con su hija, todavía embargada por la recuperación de la pequeña. Todavía faltaban muchas respuestas por descubrir, ya que la rigidez muscular impedía, entre otras cosas, alimentarse con normalidad. Pero el simple hecho de que hubiera despertado y reaccionase a los estímulos se sentía como el gran triunfo momentáneo.

La tarde de ese domingo, antes de visitar a un paciente contagiado con Covid-19 como lo hacía todas las tardes, detuvo el auto en la plaza, y no dudó en postrarse en las puertas de la catedral. Esa tarde, no le preocupó que el templo estuviera cerrado, mucho menos el qué dirán que tantas veces frena nuestros impulsos. Solo sentía esa necesidad de dar gracias a Dios.

"No sabía que me tomaron la foto", confiesa. Ibáñez, el fotógrafo que capturó el instante, estaba realizando un recorrido por la ciudad reflejando las calles vacías y, en ese mismo instante, también pasaba por la plaza central.

Tras ese "milagroso día", los médicos no han logrado determinar la causa de la dolencia. Aventuraron una recuperación larga en la pequeña Carmen, "nos decían que al menos cuatro meses para que pudiera volver a hablar", confirma Rivero.

La pediatra que ha acompañado el tratamiento en la Foianini, la doctora Simón, no duda en considerar a Carmen como "la niña milagro". 

A pesar del desalentador pronóstico de los médicos, la pequeña no ha dejado de sorprender. A los pocos días de despertar del letargo, envió un mensaje de voz a su hermanita para recordarle que la extrañaba.

La sorprendente recuperación ha tenido otros momentos inexplicables. La madre relata que un día, después de casi un mes con "una rigidez muscular que le impedía comer y beber, mucho menos moverse", se bajó de la cama para ir al baño. Caminó, junto a su hermana, ante la mirada de incredulidad de médicos y enfermeras.

Poco más de un mes ha pasado desde aquel primer episodio de finales de abril. Esta mañana, las dos hermanas juegan en la casa mientras Cinthya atiende a EL DEBER. La alegría volvió al hogar y, a falta de respuestas, solo resta dar las gracias a Dios.

Comentarios