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En el último día de visita a los cementerios en la capital cruceña más dolientes, en comparación a días previos, asistieron a visitar

los nichos o mausoleos de sus seres queridos. Por ello, se registraron aglomeraciones en el ingreso a los camposantos, en especial en el Sagrado Corazón, más conocido como La Cuchilla, que año a año es el más visitado.

Pese a las recomendaciones de las autoridades de salud, las personas se aglomeraron en los alrededores, especialmente en torno al comercio. Muchos de los dolientes sí cumplieron llevando barbijo. Aunque hubo alguno que se paseaba sin este elemento de protección en medio de las personas. Ya en el interior la situación era distinta, había menos concentraciones de personas.

En otro cementerio de la ciudad, El Pajonal, la población acudió en menor cantidad y más organizada. Al igual que en el cementerio General, en este último incluso guardaban más de un metro de distancia en la fila de ingreso.

En todos los cementerios con administración municipal había personal de salud verificando que la población ocupe barbijos. Además, colocaban alcohol al 70% en las manos de los dolientes. Para el ingreso, en cada cementerio, se habilitó solo una puerta, por lo que la población hacía largas filas.

El director municipal de Seguridad Ciudadana, Manfredo Borda calificó las tres jornadas de visita a cementerios como tranquilas porque no se identificó a nadie que intentara ingresar, pese a la prohibición, bebidas alcohólicas o comidas a los camposantos.

Por su parte, la Dirección Municipal de Abastecimiento controló estos tres días el precio de las flores y tampoco evidenció que los comerciantes vulneraran la lista autorizada.

Complementariamente, el director Municipal de Cementerios, Ronald Romero señaló que solo el domingo se calculó que cerca de 30.000 personas llegaron hasta los diversos cementerios.

Comercio informal

Los vendedores ambulantes sobrepasaron los controles y coparon áreas públicas en La Cuchilla. En los asientos que están en la acera, lado sur del ingreso principal, aprovecharon para asentar y ofrecer sus productos en bandejas. Otros extendían sus carpas en la acera próxima al cuarto anillo. Había desde vendedores de pequeñas piscinas inflables hasta personas que ofrecían “leer la suerte”. El comercio tomó también el camellón del cuarto anillo, donde se ofrecían hasta juguetes para niños.

Al respecto, Borda reconoció que un día anterior no era tanto el comercio informal. “Ayer (domingo) no había nadie. Venimos socializando este plan desde el lunes. Ahora se va verificar quienes tienen permiso y al resto se los retirará”, remarcó, cerca del mediodía.

Esta situación, aunque en menor proporción se replicó en el cementerio Norte, en El Pajonal y en el General.

En área rural no hubo control

En el resto de los municipios del departamento la jornada se desarrolló con más flexibilizaciones, aunque también hubo controles. Por ejemplo, en Yapacaní, la población acudió a los cementerios llevando ofrendas florales, velas, comidas y bebidas que más les gustaban a sus seres queridos. Esto fue acompañado también con música de agrupaciones. Uno de estos grupos estaba compuesto por músicos de Cotoca y Santa Cruz. “Con la pandemia formamos una banda y decidimos venir a Yapacaní para tocar para los difuntos en Todos Santos. En Santa Cruz está muy controlado y con los paros hemos decidido salir afuera para ganar nuestro dinerito. Tenemos colegas que fueron a Vallegrande y Montero”, contó Alejandro Baldivieso quien junto a tres músicos más acompañó ayer a los dolientes. En este municipio también se desplazó brigadas médicas a los camposantos.

Mientras en el cementerio principal de Ascensión de Guarayos se dejó a criterio de la población el cumplimiento de las medidas de bioseguridad. Por la mañana la entrada era “libre” en las tres puertas del camposanto y la gente aprovechó a ingresar sin barbijo. Aunque, por la tarde se fijaron algunos controles.

En San Ignacio de Velasco la población llenó los tres cementerios que hay en el municipio. Se permitió que las bandas de música toquen en estos. Zampoñas, bombos y charangos fueron algunos de los instrumentos que se escucharon. No hubo restricciones de salud en los camposantos, por lo que también la población ingresó vulnerando las normas de bioseguridad: sin barbijo y sin distanciamiento social.

Por su parte, los integrantes del Cabildo Indígena, en la sede de la organización, rezaron en lengua nativa el rosario para honrar a los que partieron de este mundo.

Por último, en los municipios de Cuatro Cañadas y San Julián tampoco se fijaron controles para evitar el contagio de coronavirus.

En el resto del país

En cada uno de los días de visita en La Paz, solo en el cementerio General la Alcaldía estimó que más de 47.000 dolientes fueron a visitar las tumbas de sus seres queridos, mientras que en años pasados por jornada se bordeaban los 100.000 visitantes.

El director de Empresas, Entidades y Servicios Públicos, Martín Fabbri señaló, a través de un comunicado, que se vivieron jornadas tranquilas. Entre las medidas asumidas en este municipio está que la población debía permanecer solo 45 minutos dentro de los cementerios.

En Tarija se mantuvo la restricción de ingreso a los cementerios tal como se anunció a inicios de la anterior semana. Mientras que en los cementerios de Cochabamba la población se dio modos para practicar sus tradiciones y poder visitar las tumbas de sus seres queridos acompañados con los productos que más le gustaban como masitas, frutas y música.

Celebración religiosa

En la catedral cruceña ayer se celebró la misa por los Difuntos. En la homilía el arzobispo Sergio Gualberti reflexionó que en esta festividad “en nuestro corazón se mezclan el dolor y los recuerdos, preguntas y dudas, en particular en esta tragedia mundial del coronavirus que se ha llevado repentinamente tantos hermanos y hermanas”.

Sin embargo, el prelado, remarcó que los cristianos deben mirar con los ojos de la fe el misterio de la vida y de “nuestra hermana muerte” como la llamaba san Francisco. “Hermana muerte porque nos abre la puerta a la vida eterna que nos espera en Cristo resucitado a los que han creído y creemos en Él”, dijo.

Gualberti remarcó que la Eucaristía es la vivencia de la comunión profunda y verdadera con los hermanos difuntos, que ya no están físicamente, pero que están espiritual y realmente vivos en Jesucristo.

En la eucaristía de ayer se recordó a los sacerdotes P. Jorge Robles, José Bialasik y P. Ignacio Roca. Víctimas del COVID19, y los arzobispos Mons. Luis Rodríguez, y nuestro amado Cardenal Julio Terrazas, cuyo 5º aniversario de su regreso a la casa del Padre celebraremos el 9 de diciembre próximo.