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En medio de la incertidumbre por el retraso de las segundas dosis rusas y la baja afluencia a los puntos de vacunación para nuevos esquemas, los médicos sugieren aplicar una tercera dosis luego de los ocho meses de protección con el primer esquema.

El pedido surge a partir de un estudio realizado en Cochabamba que determinó que más del 50% del personal de salud vacunado entre febrero y marzo, cuenta con un nivel de anticuerpos inferior al recomendable, por lo que concluye que los niveles de protección caen después de los cinco meses. 

El estudio denominado Anticuerpos neutralizante en personal de salud inmunizado contra el covid-19 se realizó en 229 profesionales con esquema completo que trabajan en 25 establecimientos de salud de Cochabamba y fue impulsado por el colegio de profesionales de la salud, junto a la Unidad de Salud Pública y Epidemiología del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Facultad de Medicina de la UMSA.

El epidemiólogo y exdirector del Sedes que impulsó la investigación, Yercin Mamani, explicó que el estudio concluyó que “el 54,3 % del personal de salud inmunizado contra el covid-19 hace cinco y seis meses, cuenta con niveles de anticuerpos por debajo del rango aceptado (igual o mayor a 10 en COV-2 RBD IgG).”

Esto significa que solo el 45,7% mantiene los anticuerpos aceptables para garantizar cierta protección contra el coronavirus.

Las vacunas que se estudiaron fueron Sputnik V de Rusia y Sinopharm de China, que fueron las primeras en llegar a Cochabamba.

“Este el resultado más importante porque demuestra que de dos profesionales inmunizados, uno ya tiene anticuerpos por debajo de los niveles que garantizan la protección”, indicó el galeno.

Otras de las conclusiones del estudio es que los niveles de protección se potencian en personas que contraen el coronavirus después de ser vacunadas.

Desde el Colegio Médico Departamental de Cochabamba piden una tercera dosis de refuerzo para preservar la salud de los profesionales. Incluso, contemplan la posibilidad de iniciar un nuevo esquema de inmunización completo ante la amenaza de una cuarta ola de coronavirus.

“¿Cuáles son las implicaciones prácticas de este trabajo?, primero, que es necesario iniciar las gestiones para la aplicación de una tercera dosis de refuerzo, luego de ocho meses del primer esquema”, agregó Mamani.

En este sentido, sugieren asegurar una tercera dosis para la aplicación a partir del mes de octubre para el personal sanitario y luego, para la población en general.

La alergóloga y parte del Comité Departamental de Vacunación, Melva Guillén, explicó que “es prudente gestionar la tercera dosis o nuevo esquema de vacunación como se han hecho con las otras vacunas, este es un estudio local que nos va permitir solicitar a las autoridades correspondientes ampliar o reforzar nuestro sistema de vacunación”.

La vacuna protege

De las personas que formaron parte de la investigación, un 36,9% ha sido diagnosticada previamente con covid-19. De todas ellas, la mayoría enfermó una sola vez; un 5,4% por ciento se infectó dos veces y un 2% tres veces.

De los que han enfermado después de ser inmunizados, un 56,8% presentó síntomas leves; un 9,1%, síntomas moderados y el resto cuadros severos. Esto demuestra que la vacuna brinda protección con contra cuadros graves, concluye el estudio.

Del total de estos pacientes estudiados, un 27,2% tiene secuelas leves y 70,4% no las tiene.

En otros países

La aplicación de las dosis de refuerzo de las vacunas contra el covid-19 en Estados Unidos está sugerida para después de ocho meses de haber recibido su segunda dosis.

Se estableció que los refuerzos eran una protección contra la variante Delta del virus, mucho más contagiosa, y las autoridades sanitarias estadounidenses piden considerar ponerse este nuevo refuerzo ocho meses después de su segunda dosis.

Otros países como Reino Unido, Israel o Alemania ya han comenzado a inocular la tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus. También se ha sumado España, aunque solo para un colectivo.

La dosis adicional se prioriza para pacientes inmunodeprimidos en los que exista un riesgo elevado de que se produzca una respuesta inmune inadecuada a la pauta convencional de vacunación.

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