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A lo largo de la historia el perfil del ciudadano cruceño ha sido encasillado en una serie de adjetivos que, si bien no se pierden, pasan (de cierta manera) a segundo plano en los nuevos tiempos que se viven. Así lo indican algunos 'cruceñazos' consultados por EL DEBER, quienes indican que la identidad de los habitantes de Santa Cruz está en deuda con otros valores que marcaron la historia de esta tierra que dio su primer grito libertario un 24 de septiembre como hoy, pero hace 210 años.

Un ser independiente

Y es que el cruceño, además de ser hospitalario y persona de buris y dichos, muestra una faceta que lo identifica como alguien que ha sabido resolver sus necesidades por cuenta propia a lo largo de la historia y eso marca también sus características en su cultura y forma de ser, según el investigador y artista Carlos Cirbián.

A su criterio, la desarticulación de Santa Cruz en el desarrollo de Bolivia a lo largo de la historia configuró el sentido de independencia de los cruceños, es decir, de valerse por sí mismo para salir adelante, pese al sometimiento de las élites de otras épocas que apuntaban al desarrollo del occidente.

"En todo este tiempo nuestra tierra siempre tuvo suficiencia y soberanía alimentaria, eso marca un aspecto determinante en la forma de ser de las personas. Ese hombre libre configuró un determinado carácter que no tiene nada que ver con el hombre echado en su hamaca como quisieron demostrar en este tiempo, eso es una falacia", opina Cirbián.

El investigador agregó que el cruceño es un ser que se está transformando y que debe rescatar estos rasgos de identidad para convertirse en un ciudadano universal que conozca y tenga conciencia sobre cuál es su patrimonio cultural y natural para que lo defienda y no sea maleable con cualquier gobierno de turno.

Espíritu colaborativo y emprendedor

Pero Cirbián también observa que los cruceños y cruceñas son personas optimistas, característica que engloba otros rasgos como su espíritu solidario y emprendedor, algo que está comprobado desde su creación y que hoy se percibe en la capacidad productiva de Santa Cruz, que, por dar un ejemplo, produce el 70% de los alimentos que se consumen en Bolivia.

Entretanto, el empresario y exdirigente del sector de la construcción, Rolando Schrupp, apunta que el cruceño de hoy se caracteriza por su libertad y espíritu colaborativo, así como un ser solidario, pero también se enfrenta al reto de pasar de la Resistencia a la construcción y no al conflicto.

Para la presidenta del Comité Cívico Femenino, Rosario Justiniano, el cruceño siempre ha sido trabajador, próspero y le ha gustado surgir en la vida, por eso la Santa Cruz de hoy es gracias al esfuerzo y empeño de su gente, nacidos y no nacidos en esta tierra. "Todos hemos puesto el hombro y el progreso que se ve es gracias al trabajo y tesón del cruceño", resalta.

Mientras a la mujer cruceña la cataloga como emprendedora, alguien que quiere sobresalir y está en la lucha de igualdad de genero, surgiendo para ser reconocida desde la parte intelectual y buscando el empoderamiento, el respeto y el valor como mujer.

Mala concepción desde fuera; busca reconstrucción

Volviendo a la mirada de Schrupp, el experto explica que los cruceños requieren volver a pensarse a sí mismos y su rol estratégico en el continente, analizar los valores que lo hacen sentirse orgulloso de su identidad nacional y levantar la vista del ombligo para mirar el horizonte.

Sin embargo, el empresario también opina que existe una 'canallesca' caricaturización del cruceño y un intento de estigmatización, buscando la destrucción de su alma y reemplazando la felicidad con el vacío del odio.

"Necesitamos una introspectiva individual y colectiva, comenzando con la tolerancia entre nosotros mismos. De hacer esto, reconoceremos que no lo hemos hecho tan mal ante los titánicos desafíos que hemos encontrado en nuestra historia. Luego de los gélidos embates del neocolonialismo, precisamos revalorar nuestras cualidades", expone Schrupp.

Pero en esa reconstrucción del Proyecto Cruceño considera que debe tener los cimientos de amor y el respeto que rellenen las heridas causadas por tanto odio, resentimiento y revanchismo. 

"Debemos revalorar nuestros patrimonios tangible, intangible y natural, preservándolos y potenciándolos para el futuro, con una especial atención a nuestra relación con el monte, la tierra y 'la provincia'. En un concepto: la cruceñidad se construye sobre el amor hacia nuestra tierra, nuestro pueblo, nuestra historia y nuestro futuro", concluye en su apreciación.

Desde otro frente, Juan Marcelo Castro, vecino del barrio Hamacas y quien se denomina 'camba universal', manifiesta que los y las cruceñas son personas extrovertidas, fruto de su mestizaje cultural. "Es el resumen de la bolivianidad", resalta.

Autocrítica

Pero también critica que algo que los cruceños tienen en demasía es creer que son únicos en este territorio, lo que crea una supuesta homogeneidad cultural y hasta racial, tema que ve errado y que se justifica en que las fronteras son lineamientos de ordenamiento jurídico, no así de identidad. "Por ejemplo, los ayoreos son tan bolivianos como paraguayos e inclusive se sabe que se mueven entre otros países más. Sin dejar de ser cruceños", puntualiza. 

Entonces Castro ve que el cruceño también se caracteriza por su ego, son más “creídos”, hasta en la ignorancia defienden su “creencia”. Además, observa que tienen una capacidad adaptativa en costumbres extraterritoriales, es decir, como ayer amaban el majao (comida típica del oriente boliviano) y hoy una sopa de maní (sopa altiplánica)

Castro también contempla que hay una negación a ejercer el pensamiento crítico en el contexto regional, "solo algunos se atreven a generar ideas que respondan a las realidades y siguen creyendo que estamos en los años 50 y hablan como si el Comité Cívico fuese el mismo de esos años".A su turno, Margarita Charupá, cacique de economía y producción de la Central de Comunidades Originarias de Lomerío (Cicol), afirma que al cruceño le falta tener conciencia en el cuidado del medioambiente, la biodiversiad y valorar su identidad (Santa Cruz se construyó sobre territorio indígena), y no perder su habla, costumbres y tradiciones que enaltezcan los valores de los pueblos indígenas.

Entre la población joven, Rubén García, miembro del colectivo La Loseta, considera que el cruceño de hoy tiene un anclaje en el pasado, lo que es un 'arma de doble filo' porque, aunque eso le permite tener una identidad propia y única en el mundo de la cual se siente orgulloso, al mismo tiempo lo ciega frente al mundo globalizado y los problemas transnacionales

"La ausencia de conciencia ambiental en el modelo de desarrollo cruceño es el mejor ejemplo de ese anclaje en el pasado. Mucho se dice que los cruceños somos querendones de nuestra tierra, pero al mismo tiempo permitimos la deforestación y los incendios forestales a nombre de la expansión de la frontera agrícola, que lo único que logra es borrar el verde de la nuestra bandera y anclarnos en una economía extractiva-exportadora", critica García.

Además, ve que es necesario que la institucionalidad debe asumir mayor capacidad política y no conformarse con la acumulación de capital y la reproducción del poder local, cuando Santa Cruz es el departamento con la ciudad más importante de Bolivia, no solo por población, sino por composición social. 

"No existe una renovación visible —que va más allá de nuevos liderazgos, sino que tiene que ver con nuevos idearios que irrumpan la hegemonía inoperante de la clase dirigente cruceña — para así sobrepasar ese desfase histórico que no nos permite salir a flote en las dinámicas globales y nos sumerge a un colonialismo interno en permanente reproducción", sentencia el joven desde su perspectiva.

Pero también ve que la identidad cruceña es marcada y estamos tan acostumbrados a ella que, incluso al viajar a otros departamentos, a veces uno siente que está en otro país. "Lo cierto es que los cruceños, hijos de cruceños ,nietos de cruceños y solo cruceños, son minoría en el departamento. No obstante, la identidad cruceña parece mantenerse a pesar de las influencias externas", dice.

Además, lamenta que los habitantes de Santa Cruz tiendan a ser patriarcales, no solo hombres, sino mujeres, algo que muchos la ignoran, otros promueven y otros invisibilizan y otros la promueven, pero todos se subordinan. Se traduce en los comportamientos recurrentes en la sociedad, que responden a roles de género.

Pero García también resume que los habitantes de Santa Cruz son altamente cooperativos, porque saben que es la mejor respuesta societal posible y que, en su momento, lograron los cruceños (en el siglo pasado) para generar desarrollo, a pesar del centralismo que nos posterga incesantemente. 

Y es que García recuerda que la primera loseta de la ciudad y todos los servicios básicos hoy existentes, se dispusieron a partir de sistemas cooperativos desde la sociedad civil.