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El Correo del Carnaval anuncia el inicio de la fiesta una semana antes, su tarea es pregonar las ocurrencias jocosas que están escritas en los bandos carnavaleros. Lejos de perderse, esta tradición ha sido rescatada en diferentes épocas y por distintas instituciones. Desde hace 10 años, la Unión de Comparsas Tradicionales (UCT) tomó la posta y se encarga de la organización del Concurso de Bandos Carnavaleros. El evento recorrerá hoy las cuatro esquinas de la plaza 24 de Septiembre, desde las 12:30.

Como en el inicio de la formación de la ciudad, los carnavaleros irán de esquina en esquina, leyendo los bandos, en voz alta. Está programada la participación de, por lo menos, las nueve comparsas que se habían inscrito hasta el viernes. El inicio se dará en la esquina que se ubica al frente del Club Social, indicó René Marañón, presidente de la UCT.

“Notamos que se estaba perdiendo la tradición de leer los bandos, esos textos de prosa satírica sobre la gente del lugar, que un jinete, llamado correo, se encargaba de difundir antes del inicio del Carnaval. Nosotros, como agrupación decidimos revivirla, junto a las casas de espera y el bandeao. Todas costumbres nuestras”, expresó Marañón.

Luego de la gestión de la UCT, institución que aglutina a 30 comparsas, se decidió pedir colaboración a la Asociación de Comparsas Carnavaleras Cruceñas (ACC), que es la que se hace cargo de premiar a los tres primeros lugares que resulten ganadores del concurso. “Esos premios son un incentivo para los carnavaleros y les da ánimos para seguir participando”, acotó el organizador.

EL DEBER también formó parte de esta costumbre cruceña, al organizar por 10 años seguidos, del 2003 al 2013, el Concurso de Bandos y Relatos Carnavaleros. Un evento que consiguió premiar a muchos jóvenes valores.

En la historia

La llegada del Correo Carnavalero estaba arraigada en las costumbres de la Santa Cruz de antaño y promovía curiosidad en sus habitantes. “Su llegada era un acontecimiento que concitaba mucha expectativa en la población de la pequeña ciudad, al mismo tiempo que congregaba multitudinaria asistencia para escuchar el esperado bando de carnaval”, cita una publicación del historiador Carlos Cirbián.

Apoyado con publicaciones de la época, Cirbián describe que el personaje del correo con el rostro cubierto con una máscara de alambre y vestido con un traje cuya edad era difícil de calcular. El historiador argumenta que esta vestimenta le daba a ese correísta criollo una identidad incógnita para leer su prosa sin ser reconocido o por lo menos sin convertirse, luego, en sujeto de represalias por algún afectado.