Escucha esta nota aquí

“Nos dicen héroes, pero héroes de qué”, dice el doctor S, médico emergencista que acaba de intubar a un colega suyo. Lleva semanas durmiendo apenas, alejado de su familia, aislado de su hijo pequeño y sabe que no puede tirar la toalla. En sus 16 años de experiencia, el doctor S ha visto morir a mucha gente. Su especialidad es una de las que más acerca al médico a la muerte, pero nadie le explicó a S que un día tendría que atender a sus propios colegas, que uno tras otro llegarían a su emergencia para que los intube y vea cómo pelean por su vida, cómo los músculos de sus costillas y cuellos se hinchan por el esfuerzo que ese médico tiene que hacer para seguir respirando.

“No hay espacio para nadie más. Ni en los hospitales ni en las clínicas”, dice S, que ahora debe trabajar en doble turno para cubrir las bajas de sus colegas que están internados o aislados por el coronavirus.

Santa Cruz es el departamento más afectado por el coronavirus. Los pacientes se quedan horas esperando fuera de los hospitales a que se desocupe una cama y, pese a que el Servicio Departamental de Salud (Sedes) ha habilitado un laboratorio para hacer pruebas a pacientes recuperados -para liberar espacios en hospitales y albergues-, aún se ve casos como el del señor Lovera, un hombre de unos 50 años que el martes en la tarde estaba sentado en la reja del Hospital de la Pampa de la Isla, esperando en vano que una cama se liberara para que lo atendieran por coronavirus.

“No hemos dormido desde que llegó el primer paciente con coronavirus al hospital -dice S-. Trabajamos haciéndoles espacio, adaptando salas. La directora trabaja consiguiendo equipamiento, equipos de bioseguridad; haciendo protocolos, flujogramas. ¿Y qué hace la gente que no cumple con la cuarentena y se infecta? Va y te filma con un celular y te dice que no lo querés atender. Yo no puedo fabricar una cámara en cinco minutos, abrir una nueva conexión de oxígeno, fabricar un nuevo ventilador o un nuevo monitor, no puedo. Y eso no entiende la gente y son los mismos que no cumplen la cuarentena y más encima tenemos en Trinidad (Beni) a un odontólogo que se cree el Mesías y todo mundo lo alaba y a nosotros nos putean”.

Por desesperación, la gente termina estrellándose contra el médico. Por miedo, se queda demasiado en su casa, no va a tiempo a hacerse atender y cuando llega a un hospital está con los pulmones complicados, necesita terapia intensiva o cuidados especiales. Hay casos peores. S dice que quizá lo hacen por miedo a contagiarse una enfermedad que ya tienen o quizá no van al hospital porque se enteraron que están saturados, pero hay varios pacientes que mueren en el trayecto al hospital, que llegan sin signos vitales y cuando se le dice al familiar que lo lleve directo a la morgue para que le hagan la prueba de coronavirus y se sigan los protocolos especiales para sepultarlo -meterlo en una doble bolsa negra, enterrarlo en el suelo, sin velorio, sin ataúd abierto-, el familiar da media vuelta y desaparece con su muerto.

“Esto se va a agravar. Y seguimos desvelándonos todas las noches buscando la forma de cómo tratar a la oleada de gente que va a llegar una vez que se levante la cuarentena, que se cumplió solo hasta el cuarto anillo. Más allá la gente hace lo que le da la gana”, dice el doctor S.

Las cosas ya están graves. Mientras en el Hospital Municipal Bajío del Oriente los médicos y enfermeras se oponen a ser transformados en hospital Covid-19, en la Maternidad se están quedando sin especialistas. En el turno de hoy, hay dos con coronavirus y el restante está de baja, pues tiene enfermedad de base y no se puede arriesgar a terminar como sus colegas. El cuarto espera los resultados de su cuadro de síntomas compatibles con el Covid-19.

En la maternidad Percy Boland, donde no debería atenderse pacientes con Covid-19, aseguran que hay al menos 15 médicos positivos, que muchos residentes están en cuarentena esperando resultados, que todo el personal está disminuido y que hay una terapista joven intubada, luchando por su vida en el lugar donde antes trabajaba, la Unidad de Terapia Intensiva, pero ahora yace en la Caja Nacional de Salud.

Minibuses

Iván Arias manda un vídeo por WhatsApp. El ministro de Obras Públicas, que esta semana desempolvó los muñequitos de Avengers y trató de prohibir la barba y el bigote, escribe: “¿Qué es esto, cómo lo defienden, qué hacer?”. Es un vídeo grabado con celular en vertical. La escena transcurre dentro de un minibús. El cuadro lo llena la espalda de una mujer de pollera y mantilla, que dice que el coronavirus no existe, que el Gobierno le paga Bs 3.000 a cada familiar que está tramitando un acta de defunción para que diga que ha muerto por coronavirus. La escena puede ser real, pero de cierta forma recuerda a esos sketch con moraleja que los alumnos de Básico hacen en los actos cívicos. La mujer dice que preferiría morirse en su casa, que en el hospital donde los "inyectan como a perros para que se mueran", mientras las voces de dos hombres la increpan, la mandan a informarse, le preguntan si lo mismo está pasando en el resto del mundo.

Todo ocurre en algún lugar de La Paz, un departamento que hasta la semana pasada reportaba 3, 5, 8, máximo 10 casos diarios de coronavirus. Su cantidad de contagiados se duplicaba cada mes, pero todo cambió en la última semana, cuando en apenas siete días duplicó su curva, creciendo al mismo ritmo, pero diferente escala que Santa Cruz o Beni.


Si seguimos así, hasta este fin de semana estaremos en 1.000 casos y a fin de mes, alcanzaremos más de 5.000”, dijo René Sahonero, entonces director del Sedes de La Paz, que ha lanzado la alerta general en todo el departamento y ha comenzado a transformar sus centros de 12 horas en hospitales de 24 horas de atención. Si al principio de la anterior semana comenzaron informando de menos de 10 casos al día, para el fin de semana último llegaron a 34 y el martes ya iban por 50.

“Esto coincide con la salida de hace dos semanas de la gente que ya no les importó que hubiera cuarentena. Esta semana han salido con la flexibilización y seguimos recibiendo casos”, explica.

Ante eso, todo el sistema de salud paceño atiende a cualquier persona que llega a los hospitales como un paciente con coronavirus. Se les ha repartido implementos de bioseguridad a todos, pero aún así, los accidentes ocurren. El pasado fin de semana, una paciente fue operada por una complicación abdominal y, por protocolo, se le hizo la prueba por coronavirus y resultó positiva. Ahora, todo el equipo médico que participó de la operación está en cuarentena.

No son los únicos con problema de personal. En Cochabamba, calculan que la mitad de los trabajadores de salud del trópico está infectado por coronavirus o en cuarentena. “Y no tenemos recurso humano para suplir”, dice Rubén Castillo, jefe de Epidemiología de Cochabamba, que desde la semana pasada cuenta a sus infectados diarios de 100 en 100. Hace siete días los reportaba de 30, pero sus cifras se comenzaron a disparar por dos focos de infección: la zona central de la ciudad de Cochabamba y Chapare.

Dice que ya el virus circula libremente, desde que hay transporte y todo mundo se mueve como le da la gana, es muy difícil tratar de contenerlo, que como en toda pandemia lo único eficiente para detener en contagio es una cuarentena. “Lamentablemente estamos sujetos al comportamiento de la gente. Lo único que nos queda es dar respuesta al requerimiento, detectar al contagiado y tratar de frenar los contagios aislándolo”, dice.

Prueba y error

A Emilio Gonzáles nadie le dijo que se aísle cuando le comenzó a doler la garganta y la cabeza y presentó algo de fiebre. Él tomó paracetamol y comenzó a llamar a un médico que en teoría era su amigo. Cuando perdió el sentido del gusto y del olfato, le escribió por WhatsApp y siguió con los vapores de eucalipto, la ivermectina y las gárgaras de sal hasta que se creyó curado. Nunca nadie apareció a hacerle una prueba, ni él se acercó hasta algún hospital trinitario, porque sabía que muy poco podían hacer por ellos. La hija del dueño de la casa donde alquila un cuarto sí llamó y esperó durante días a que alguien del Sedes pase a buscarla y se curó con los mismos remedios caseros que él. “Aquí no hay nueva normalidad”, dice Gonzáles.

Ahora, las brigadas de militares reforzadas por personal de salud recorren casa por casa la capital beniana en busca de infectados por el mal, pero hace una semana, Trinidad era un pueblo desesperado en el que todos creían que estaban infectados o que ya habían superado la enfermedad. Era tierra fértil para las curas milagrosas y Gonzáles, un productor audiovisual que hace cinco años cambió La Paz por Trinidad, le tiene fe a la que reparte Alejandro Unzueta, el ‘Mesías’ del que hablaba el doctor S, un odontólogo que asegura que su cóctel de medicinas tiene origen divino y que suma decenas de testimonios de mejoría.

No es el único haciendo ensayos en Beni. Cuando él llegó con su cura, ya estaba en pleno la campaña de ‘ivermectinización’, algo que prometía curar el coronavirus en dos días, amparado en un ensayo invitro australiano, que no pasó a la prueba con humanos porque la dosis requerida era muy alta. A estos dos se suma otro más, en base a dióxido de cloro, que requiere un tratamiento mucho más largo y constante.

Todos sacan de quicio a las autoridades médicas de Beni, que tratan de ordenar algo que se les salió de control y rastrean posibles contagios a fuerza de termómetros infrarrojos y oxímetros de pulso con los que solo en mediodía del lunes habían encontrado casi 20 positivos y casi 200 sospechosos.

Trinidad parece una tierra caliente y lejana, casi fuera de la ley, pero quizás sea solo un distrito que tuvo que lidiar con la pandemia casi solo y sin recursos. Tal vez sea el futuro cruceño, ya hay indicios. Durante el lunes, un hombre grabó un video en oficinas municipales.

Buscaba estudiantes de medicina y médicos jóvenes voluntarios para crear la brigada Ángeles Covid, grupos que patrullarían la ciudad buscando infectados, distribuyéndoles medicina y atención. Aseguraban que en Santa Cruz ya hay 10.000 infectados, que pronto serán 20.000, que esas cifras ya no van a descender. Decían que la capacidad de los hospitales iba a ser rebasada en el transcurso de esta semana.

“Todos los hospitales se han rajado buscando cómo atender a la gente, cómo abrirle los espacios, pero la gente sigue sin cumplir la cuarentena. Afuera del quinto anillo hacen fiesta, se reúnen, van de un lado al otro. Lo que se viene es peor: No hay capacidad hospitalaria para tanta estupidez humana”, reniega el doctor S.