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Una casa cualquiera, sin las anteriores y casi tradicionales señas que hacían pensar que en un determinado sitio se expendían sustancias controladas como los zapatos amarrados en los cables de energía eléctrica, es visitada por un vehículo en la zona sur de la ciudad.

Han pasado las 16:00 y estamos a mitad de la semana, pero una persona se baja del motorizado, se acerca a la barda construida con latones viejos y despintados, que dejan mirar por los huecos el patio con piso de tierra de la vivienda. El hombre, de pantalón jean y polera de color oscuro, se acerca hasta la casa, habla con uno de los que viven allí y en un abrir y cerrar de ojos le entrega dinero y recibe un sobre blanco, para luego retirarse del lugar.

Así, de esta manera sencilla y sin complicaciones, un posible consumidor de droga hizo su compra del día y se retiró del barrio Carlos La Borde, donde además de este punto en el que EL DEBER observó para ver una escena de microtráfico de sustancias controladas, hay otros dos en esta zona de la ciudad, según vecinos.

Los otros están a una cuadra de distancia de esta casa de barda construida con latas despintadas, pero estos inmuebles son casas grandes, edificadas como bardas altas e incluso en una funciona una venta de barrio, que un vecino que se ofreció a llevarnos a conocer estos sitios nos asegura que es solo una pantalla. Allí también, según contó el vecino, se vende droga de manera constante, sin importar la hora y como una escena común del barrio, que al parecer se resignó a convivir con los consumidores y los microtraficadores.

“Hace tiempo un vecino que hizo conocer lo que pasa en esa casa fue amedrentado por la dueña, ya que se enteró que él había dado aviso del negocio ilegal a las autoridades y desde ese día prefiere no meterse más en estos temas, aunque observa y sabe todo lo que en realidad pasa”, asegura quien nos acompañó a conocer su barrio, de 14 manzanas, pocas calles pavimentadas y muchas de tierra, con huecos profundos y algunos puntos de pasto alto.

Años atrás se ejecutó un operativo policial en el barrio Carlos La Borde, donde se encontró en una de las viviendas, que está al frente de un colegio de la zona, sustancias controladas e incluso un medio de comunicación fue agredido por los vivientes de esta casa. Extrañamente después de esta acción todo volvió a ser como antes, ya que la comercialización de sobres blancos sigue siendo una realidad.

Incluso al recorrer las calles en los alrededores de las canchas que hay por el lugar durante las primeras horas del día, se pueden encontrar jóvenes con signos de haber consumido algún tipo de estupefacientes, deambulando por algunas de las calles y que horas antes, según cuentan los vecinos, se reúnen en las canchas que hay por la zona.






Dos barrios más

Matilde Aguilar Villarroel, dirigente vecinal del barrio Las Vegas, en la zona de La Cuchilla, contó que en el lugar habían dos puntos de venta de droga al raleo, pero que uno de estos sitios fue cerrado porque todos se reunieron e hicieron que el muchacho, que alquila en una casa, se retirara y no volviera más.

“Era mucha la delincuencia y cuando supimos que el muchacho que alquilaba en esa casa era el vendedor de droga, fuimos a limpiar la zona y le pedimos que deje el barrio”, recordó Matilde, a tiempo de contar que hay una casa en la que se expenden sustancias controladas, pero por la que no han podido hacer nada porque la dueña vive allí y la gente tiene miedo a posibles represalias.

Hemos informado de estos movimientos delictivos a los policías y ellos se han comprometido a mantener un patrullaje constante en nuestro barrio”, apuntó Matilde y dijo que las cosas en su zona son complicadas, principalmente por la presencia de drogodependientes que asaltan a los vecinos, principalmente cuando cae la noche.

Otra zona donde también hay problemas con los vendedores de droga, es el barrio Villa Rosario, entre la avenida Piraí y Radial 19. Desde allí la dirigente de la tercera edad, Sonia Gutiérrez, explica que los problemas con los microtraficadores son constantes y los vecinos le han hecho saber que hay muchas casas donde se vende droga por su zona, aunque ella asegura que solo le consta de dos inmuebles.

En una de ellas hay una mujer que sale de la casa, llegan personas en vehículos y les entrega algo en sus manos”, cuenta la mujer y dice que en los otros puntos de venta que conoce, solo se observan personas que llegan al lugar, sobre todo jóvenes, se acercan a la casa y muchas veces se quedan en los alrededores, consumiendo su compra.

Estas transacciones ilícitas se las hace casi siempre en los pasillos que hay en nuestro barrio, que son muchos y en diferentes puntos”, apuntó la dirigente vecinal y agregó que el apoyo policial en la zona es fundamental.





Las chicherías

Los dirigentes de los barrios Villa Rosario, Las Vegas, Artesanal 18 de Marzo y Carlos La Borde indican que las chicherías son un problema complejo para los vecinos y que estos negocios son difíciles de controlar.

Las dirigentes vecinales de estos sitios afirmaron que lograron acabar con sus problemas de las chicherías, ya que se pusieron firmes e hicieron que los dueños de estos negocios se retiren de sus zonas o simplemente no los dejaron volver a abrir luego de conseguir la intervención municipal.

Este local ha sido cerrado varias veces, pero no sé cómo vuelven a atender. Como vecinos ya hemos hecho de todo, pero nada hace que la casa quede clausurada pese a las veces que han venido los funcionarios de la Alcaldía”, aseguró Luz Nahir, del barrio Carlos La Borde.

En el caso de los vecinos de Villa Rosario ellos evitaron que algunas casas particulares mantengan el negocio de la venta de chicha y como señala la dirigente Sonia Gutiérrez, se movilizaron cuando se intentó instalar una chichería en su zona y lo mismo pasó cuando trataron de abrir un prostíbulo.

“La verdad que mantenemos fuera de nuestra zona este problema, pero es la movilización de todos”, asegura Matilde Aguirre, de la zona del barrio Las Vegas.

De acuerdo con ella han ‘corrido’ a estos negocios que traen problemas con personas ebrias, pero reconoce que pueden volver a aparecer en cualquier momento, por lo que todavía no se anima a ‘cantar victoria’.