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Las manos le tiemblan, aún no comenzó a contar la peor historia de su vida, pero solo el mantener encerrados en su pensamiento y en su corazón a los demonios que desde aquella tarde de octubre de 2014 pusieron de cabeza su existencia, le afectan el alma y ponen en blanco su mirada.

Ella es una profesional en leyes, tenía una vida que consideraba plena hasta aquella tarde de octubre, cuando cuatro delincuentes mataron en vida a su primogénita, una menor de 15 años que el único error que cometió aquel día, en la zona norte del departamento, fue pasar algunas horas de diversión con sus amigos y familiares.

“Cuando estaba retornando a casa, de la maleza que había en un costado del camino salieron estos tipos, que luego de golpear y amarrar al muchacho que la acompañaba, violaron a mi hija”, dispara la mujer, que se animó a contarle a EL DEBER el calvario que vive desde que la niña de sus ojos fue vejada.

Luego, como resorte de las palabras que volvieron a remover la herida que mantiene en su corazón, caen lágrimas de sus ojos, lágrimas que manchan las fotocopias de los informes, pericias, declaraciones y otros documentos que son parte del expediente del caso que ella sigue desde hace casi cuatro años, tiempo durante el que fue varias veces amenazada de muerte, vivió con escolta privada por casi un año, tuvo frente a frente al criminal que había sido apalabrado para matarla, cambió más de seis veces de casa para evitar ser encontrada y descubrió que un desconocido que ofreció ayudarla para atrapar a uno de los prófugos de la banda de abusadores de su hija en realidad era uno de los delincuentes.

Sin embargo, nada la detuvo, ni las amenazas ni la constatación de que los violadores habían sembrado el terror en al menos unas 20 víctimas, que hasta ahora no se animaron a enfrentarlos, lo único que ella quiere es hacerlos pagar en la justicia el crimen que cometieron.

“Ha sido muy duro seguir con esto, pero yo no voy a descansar hasta que la justicia dicte una condena en contra de estos sujetos, gente de alta peligrosidad que no sabe el daño terrible que hacen en la vida de otros”, explica las mujer, mientras se limpia las lágrimas con una servilleta de papel blanca y recuerda que su papá, el abuelo que sufrió hasta su muerte el calvario de su nieta, la sacó de una clínica de salud mental a la que tuvo que ser internada cuando el dolor y la depresión eran insoportables.

Sobre su hija, que sigue de pie frente a la vida, después del golpe que los depravados le provocaron, la mujer cuenta que está luchando para mantenerse en pie y compara lo que pasó con su primogénita con la ruptura de un vaso de cristal, “luego cómo se hace para volver a juntar todos los pedazos, es muy difícil”.

Criminales avezados

Nicolás Cruz Méndez, Carlos Villca Acosta, Jhonny Beltrán Soto (como coautores) y Juan Daniel Subirana Silva (como cómplice) son los detenidos por este caso, que mantienen en vilo a la mujer que no cesó en su búsqueda y detención y que espera que mañana el tribunal que los juzga dicte una sentencia dura.

Pero este grupo de procesados no solo son acusados de dañar la vida de la adolescente de 15 años, sino que también son sindicados de ser parte de varios atracos, volteos de droga, robos agravados y asaltos a domicilios.

Algunos testimonios indican que sus nombres provocaban terror en varios municipios del Norte Integrado, ya que sus antecedentes los presentan como sujetos que no dudan en amedrentar a sus víctimas para violarlas, robarles o matarlas.

El cabecilla de esta organización criminal, Jhonny Beltrán Soto, fugó del penal el 5 de marzo, el día que Palmasola vivió una jornada de violencia liderada por el extinto ‘Oti’. Pero las razones de la evasión de este sujeto eran otras, ya que pensó que aquel día le dictarían sentencia por el vejamen que cometió y prefirió escapar, para cumplir con su promesa de matar a la mujer que sigue sus pasos en busca de justicia.

Pero esta gavilla no solo estaba integrada por violadores, ya que entre sus filas incluso hay un químico de laboratorios de cocaína y, según algunos testimonios, hasta un mal policía se prestó para filtrar información a los criminales para que se escabulleran de las redadas de su búsqueda.

Incluso la hermana y el hermano de Beltrán Soto, con otros cómplices, según informes de Inteligencia de 2016, tenían previsto rescatar al líder de la organización matando a quien se les ponga en frente, acción que nunca se realizó y acabó con la captura de estas personas.

Pese a estos antecedentes y al dolor que vive aún la víctima, la mamá cuenta que su hija le pide ver el lado bueno a esta desgracia: “Ella me dice que afortunadamente ella fue la última víctima y que gracias a la lucha que emprendí para detener a estos sujetos no hubo más mujeres violadas o tal vez muertas”.

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