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Todos los días, en la capital cruceña, miles de personas que están con coronavirus o que tienen familiares enfermos viven un verdadero viacrucis. La mayoría debe madrugar para conseguir fichas de atención y someterse a la prueba gratuita de antígeno nasal de detección gratuita de Covid-19; otros deben peregrinar de farmacia en farmacia en busca de medicamentos para el tratamiento de pacientes graves con dicha enfermedad. No todos los fármacos son habidos y los que se encuentran, cuestan el doble o triple debido a la alta demanda. Otros deben implorar en los hospitales para la internación de sus familiares enfermos, pues la disponibilidad de camas en el sistema público es casi nula. "No hay camas, todas están ocupadas", es la respuesta que se reciben cuando se acude a cualquier centro de segundo o de tercer nivel.

El lunes, Róger llegó a las 4:00 de la mañana al Cambódromo para sacar ficha a fin de que su mamá pueda hacerse la prueba de hisopado nasal. A esa hora, pese a la baja temperatura, ya habían más de 100 personas en la fila. "Conseguí ficha. Hicieron la prueba a mi mamá, dio positivo, pero como sus síntomas son mínimos me han recomendado que se mantenga aislada y siga tratamiento, pero si los síntomas aumentan, que la lleve al hospital", comentó. 

Así como él, todos los días en la capital cruceña cientos de personas viven un calvario por causa del coronavirus. El drama no solo se ve en los centros de detección de Covid-19, sino también en los puntos de vacunación, en los hospitales públicos (por falta de camas) y en las farmacias (por la escasez de medicamentos).

En el Cambódromo se ven caras de preocupación. Las personas quieren salir de dudas. "Ojalá la prueba salga negativo y pueda volver a casa", se escucha decir.

La mañana es fría y no ayuda a evaporar las dudas. Mientras pasa el tiempo, la gente habla sobre los posibles lugares donde pudo ocurrir el contagio. "El fin de semana fui a la casa de un familiar y pudo ser ahí", decía una mujer. "Mi madre fue a la feria, tal vez fue ahí", dijo otra.

También hablan de los síntomas. Unos dicen que están con dolor de cabeza o de cuerpo, otras que presentan fiebre y hay quienes solo reportan pequeñas molestias de garganta. Sin embargo, todos quieren salir de la duda.


La gente se da modos para aguantar la espera. Foto: Jorge Gutiérrez

Llega el momento. El hisopado nasal resulta incómodo, molesto, pero necesario. Ahora resta esperar el resultado. Los unos, los negativos, retornarán aliviados a casa. Los otros, los positivos, recibirán la información necesaria para permanecer aislados durante el tiempo que dure la enfermedad.


Pruebas de hisopado de antígeno nasal para detectar la enfermedad. Foto: Jorge Gutiérrez.

En la otra parte de la ciudad, en el colegio Claudina Thevenet del Plan 3.000, también hay filas. Los rostros revelan más esperanza que preocupación. Aquí, las personas exhiben sus cédulas para demostrar que tienen más de 50 años y, por tanto, les corresponde la vacuna contra el Covid-19.

Muchas personas acuden a vacunarse contra el Covid-19 en el colegio Claudina Thevenet. /Foto: Jorge Gutiérrez

Será un pinchazo de esperanza y tranquilidad. Deberán volver por una segunda dosis, pero hoy, la sonrisa les delata. Han logrado acceder a la inmunización. "No fumar, no beber alcohol, reposar, pero en caso de algún dolor de cabeza, tomar paracetamol", es la recomendación que dan algunos salubristas a los que ya se vacunaron.

En las últimas semanas, Santa Cruz ha masificado la vacunación con la llegada de nuevas dosis y la apertura de numerosos puntos de atención en la ciudad. La gente llega a los centros con la ilusión de recibir su dosis.

Otro drama es encontrar camas disponibles en los hospitales públicos para internar a los pacientes. Ante esta situación, la gente se desespera porque la mayoría asegura que no cuenta con dinero para llevar a su familiar enfermo a una clínica. Para reunir dinerito, mucha gente recurre a las kermés (con venta de comida) y  venta de rifas.

Los familiares de enfermos graves con Covid-19 también viven un viacrucis. A menudo recorren la ciudad suplicando para conseguir los medicamentos recetados. Deben retornar con ellos para que sus familiares enfermos puedan seguir el tratamiento y salvar sus vidas.

Algunos remedios ya escasean en las farmacias. Otros, se encuentran a precios elevadísimos para unas familias que llevan varios días costeando el tratamiento.


Uno de los medicamentos más requeridos y de costo más alto. /Foto: Juan Carlos Torrejón

El día de mucha gente transcurre entre hospitales, farmacias o en las filas. Por ayudar y salvar a un familiar, ponen su vida en riesgo, pero eso, no los detiene. La fe y la esperanza se impone en estos momentos de desesperación.

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