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Marcelo Ríos hizo sus pininos como médico en Pailón, trabajando en las comunidades de la provincia Chiquitos, en las colonias menonitas y en las tres reservas de los ayoreos.

Luego, como asesor técnico médico del Banco Mundial, supervisó brigadas en el Chaco y de los valles cruceños, por lo que se precia de conocer casi todas las poblaciones de la zona sur del departamento.

Trabajó corto tiempo en su consultorio privado y después lo contrataron en el Sedes para combatir la epidemia del dengue de 2009, como capacitador en las unidades educativas: posteriormente, para la epidemia de influenza, controlaba el ingreso de los pacientes en el aeropuerto Viru Viru.

Tuvo un paso fugaz en el Departamento de Salud Pública de la Alcaldía cruceña y, en 2011, entró al Gobierno Departamental. Comenzó trabajando en una brigada para ayudar a las personas en situación de calles. Allí, fue planificador de la Secretaría de Salud y, en 2013, ascendió a director de Salud Pública.

Desde 2014 hasta 2018 fungió como gerente del hospital San Juan de Dios, donde equipó la sala de terapia intensiva y se amplió el centro. El año pasado, el secretario de Salud, Óscar Urenda, lo invitó para asumir el Sedes, en reemplazo de un ‘peso pesado’ en la Gobernación, como es Joaquín Monasterio, quien dirigió dicha repartición durante muchos años.

“En mi trabajo en las comunidades me enamoré de la salud pública; me gustó el tema de coordinar con las autoridades locales, ver los proyectos que había para las comunidades. Me llamó la atención la gestión pública y desde entonces estoy en ella”, dijo Ríos en el inicio de la entrevista.

 ¿Cómo es su día de trabajo en esta pandemia?

Un día normal me demanda entre 14 a 16 horas de trabajo. Mi jornada comienza a las 6:00 y termina a las 22:00, después de muchas reuniones, llamadas, conferencias para cumplir la agenda. En más de 115 días, hemos estado en el COED todos los días, incluidos los sábados, domingos y feriados, sin retornar a casa al mediodía.

 ¿Quiénes son sus principales colaboradores en el Sedes?

El doctor Carlos Alberto Hurtado, que es el responsable del equipo de respuesta rápida en las actividades en epidemiología. Además, es responsable de Reglamento Sanitario Internacional, es decir, se encarga de la situación de las enfermedades en las fronteras. Otro es el doctor Herman Jiménez, responsable Covid-19 departamental y coordinar de Redes de hospitales, que se encarga de vigilar cómo están los servicios de salud. Si tengo que pensar en camas en hospitales, pienso en el doctor Jiménez; si tengo que saber cómo estamos en el tema epidemiológico, pienso en Hurtado. La doctora Aida Aguilera, es la coordinadora general. Ella es responsable de atención al paciente, ve el cumplimiento de los tratamientos en los establecimientos, habla con los directores médicos, ve el tema de las altas médicas, es también un puntal muy importante en el Sedes.

 ¿Cuánto le afecta el hecho de tener dos figuras importantes en cama, como el Dr. Óscar Urenda y el Dr. Roberto Tórrez, en lo anímico, en lo laboral?

Muchísimo nos ha afectado, porque, para empezar, nuestro secretario de Salud era el enlace con el Gabinete de la Gobernación. Además, con su carácter, su actitud y trayectoria ganada de tan-tos años, le daba certidumbre a la población. Asimismo, el doctor Roberto Tórrez es un baluarte en el aspecto de la epidemiología, un científico 100% que ha comandado el comité científico departamental por muchos años y manejando las epidemias en el departamento.

 Usted superó el coronavirus, ¿donó plasma?

Tuve una leve sintomatología, dolor de cabeza, dolor corporal y nada más. Gracias a Dios formé parte de ese 80% de los casos de pacientes leves o asintomáticos. Me hice una prueba de concentración de anticuerpos después del alta médica y, lamentablemente, salió que no tenía una concentración ideal de anticuerpos, que es algo que hemos encontrado en muchos casos. Por lo tanto, no pude, como me hubiera gustado, ser donante de plasma, porque mi respuesta inmunológica no fue favorable, seguramente porque la carga viral fue muy baja.

 Alguien dijo que el coronavirus es un pedagogo cruel, que enseña con la muerte. ¿Cómo lo cataloga usted?

El Covid-19 es un virus eutanásico, porque ha dado muerte más a nuestros adultos mayores, porque son los mayores de 60 años quienes han fallecido y aquellos con enfermedades de base. Parece espartano, si hacemos memoria de que, en Esparta, los soldados seleccionaban a los que debían continuar viviendo para tener un ejército poderoso.

Al mismo tiempo, algo que nos preocupa, es que un 72% de los muertos son varones.

 ¿Qué otra lección nos está dejando este virus?

Que requerimos políticas de Estado que mejoren la educación sanitaria, los hábitos de limpieza, los hábitos de higiene. Nos cuesta tanto mantener el hábito del lavado de manos, nos cuesta mantener el distanciamiento, el uso del barbijo, eso realmente ha permitido que tengamos esta curva pronunciada.

Si bien hemos demostrado capacidad, necesitamos dar respuesta inmediata. Sin embargo, no solo venimos trabajando estos 120 días de la pandemia; lo hacemos desde los 21 días de paro, en octubre del 2019, y los tres meses de incendios en las Chiquitania que nos tuvo yendo y viniendo, y la epidemia de dengue del año pasado y a comienzos de este año.

Hemos venido estos últimos años de tumbo en tumbo, demostrando que podemos hacer acciones de sostenimiento prolongado, pero para eso necesitamos tener mayores fortalezas, porque el sistema de salud está bastante debilitado y debe haber una política de Estado que nos fortalezca para cualquier contingencia.

Pero también se ha demostrado que podemos seguir viviendo y trabajando de manera distintas de las que antes no hacíamos. La circulación de los vehículos se disminuyó, aunque evidentemente no era igual como un día sin cuarentena, pero quiere decir que podemos desarrollar las actividades sin el soporte del transporte.

 ¿Dónde se ve usted de aquí en cinco años?

Me gustaría mantenerme como un referente departamental o nacional en la gestión hospitalaria, que me encanta, porque he estado cuatro años en el hospital San Juan de Dios. He hecho una maestría de gestión hospitalaria, que estoy esperando que pase esto para defenderla. Me gustaría ser un referente en salud pública. También me gustaría apostar por los organismos internacionales que nos apoyan al país. Y obviamente no olvidarme de volver a mi consultorio, a la consulta privada que es el cara a cara con la gente, con la enfermedad. No podemos descuidarnos de eso.

 ¿Aceptaría un cargo político o una candidatura??

No, no, no. No sé si alguna vez, tampoco puedo cerrarme, pero hoy no porque hay muchas cosas por hacer. La clase política tiene muchas limitaciones, aunque uno crea que tiene poder. En cambio, en la parte técnica las limitaciones no dependen de otras personas, depende de coyunturas en las que uno aún puede crecer y sobre todo que uno puede orientar o asesorar, porque en la sangre llevo el alma de la docencia, por influencia de mis padres, que son profesores.