Escucha esta nota aquí

En medio de aplausos, abrazos y gritos de bienvenida, los integrantes de la X Marcha Indígena llegaron anoche a la capital cruceña, después de 30 días de caminata desde San Ignacio de Velasco, de donde partieron en defensa de la Chiquitania.

A las 19:20, los marchistas ingresaron a la plaza 24 de Septiembre, unidos en un solo grito: “Chiquitanos de pie, nunca de rodillas”, coreaban, mientras la gente que los esperaba los aplaudía y hacía flamear las banderas, en gesto de bienvenida. El entusiasmo y la sensación de haber cumplido con su objetivo se dibujaba en los rostros de los marchistas, que no demostraban cansancio pese a la larga caminata.

Tras su llegada ingresaron a la catedral para participar de una misa de acción de gracias y luego leyeron un pronunciamiento en el que ratificaron sus demandas al Gobierno nacional y a la Gobernación cruceña.

La dirigencia indicó que permanecerán en la capital cruceña a la espera de un encuentro con el gobernador Rubén Costas, que puede darse entre hoy y mañana.

El líder indígena Adolfo Chávez precisó que piden al Gobierno Departamental mayor equidad en la distribución de los recursos a los pueblos indígenas, ya que la nación chiquitana es la menos favorecida; que los planes de electrificación lleguen a todas las comunidades y que se convoque a la Comisión Agraria Departamental, de manera urgente.

Dentro de las peticiones al Gobierno está la declaratoria de desastre nacional por los incendios y la abrogación del Decreto Supremo 3973 que autoriza el desmonte y la quema controlada de bosques en los departamentos de Santa Cruz y Beni para las actividades agropecuarias.

Chávez adelantó que tuvieron acercamientos, a través de cartas, con la Gobernación cruceña y están a la espera de que se fije fecha y hora para el encuentro.

También esperan hacer gestiones para presentar sus demandas ante el INRA.

Símbolos de la marcha

En su último recorrido, es decir desde Cotoca hasta la capital cruceña, los marchistas tuvieron un primer recibimiento en el cuarto anillo y avenida Cotoca. Allí, activistas y cívicos, a la cabeza del vicepresidente del Comité Cívico, Rómulo Calvo, les dieron la bienvenida y se sumaron a la caminata.

Los marchistas llegaron con árboles de tajibos que miraban al sol, mientras los pasos de sus dueños temporales llegaban al centro de Santa Cruz. Los marchistas los llevan con esmero y las hojas y las ramas aparecen por las bocas de las mochilas y de los bolsos que cargan desde San Ignacio, ese pueblo chiquitano que los vio partir, cuando el bosque estaba convertido en un infierno.

Los árboles de tajibos son pequeños. No pasan de los 20 centímetros y sus raíces están protegidas en bolsas negras que llevan los integrantes de la Décima Marcha Indígena que llegó ayer a Santa Cruz, cargando, además de arbolitos, peticiones a los dos niveles de gobierno.

Soriano Rivero López encabeza la marcha y dice que el árbol de tajibo es un símbolo para que la vida vuelva a las más de tres millones de hectáreas que se han quemado en Bolivia, para que nunca más ocurra un incendio forestal y para que cada boliviano cuide los bosques y todo lo que habita en ellos.

La marcha no se calla. Es un ser vivo que se mueve como un aliento caliente en la garganta. La cabeza está protegida por una pancarta blanca adornada con la flor del Patujú y decenas de banderas flamean al viento, mientras los pies de los marchistas hacen su trabajo: avanzar paso a paso.