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Los integrantes de la X Marcha Indígena determinaron anoche permanecer, al menos hasta hoy, en el atrio de la catedral cruceña para presionar a las autoridades nacionales y departamentales para que atiendan sus demandas, entre ellas la dotación de tierras a los pueblos indígenas chiquitanos.

Ayer, cerca de las 22:00, luego de una reunión con los caciques, el líder indígena Adolfo Chávez informó de que decidieron pasar la noche en la plaza principal, pero no se descarta que en el transcurso de esta jornada declaren un cuarto intermedio en la vigilia para cumplir con el Auto de Buen Gobierno, que rige desde la medianoche. No obstante, aseguran que permanecerán en la capital cruceña.

Los marchistas instalaron este miércoles una vigilia en el atrio de la catedral, tras culminar una caminata que partió hace 30 días desde San Ignacio de Velasco, en demanda de atención al Gobierno nacional y a la Gobernación cruceña.

En horas de la mañana, Chávez indicó que los representantes de las comisiones de la marcha decidieron permanecer en la ciudad capital a la espera de una reunión con el gobernador Rubén Costas, pues quieren que la autoridad departamental aclare por qué no funciona la Comisión Agraria Departamental para que haya fiscalización en la dotación de tierras por parte del INRA.

Asimismo, indicaron que iniciaron gestiones para pedir al INRA que frene la otorgación de resoluciones de asentamientos a comunidades campesinas e interculturales y se haga un saneamiento a los nuevos asentamientos, a fin de que las tierras sean dotadas a la nación chiquitana. “En el proceso de saneamiento se verá la legalidad e ilegalidad de los asentamientos”, manifestó Chávez, agregando que están elaborando un documento para presentarlo al INRA.

En la jornada los dirigentes recibieron a un emisario de la Gobernación que les pedía asistir a oficinas del Gobierno Departamental para iniciar la mesa de diálogo, pero la invitación fue rechazada porque las bases pedían la presencia del gobernador en la plaza principal para iniciar el diálogo.

Reciben asistencia

Hasta la vigilia llegaron médicos del Sisme para dar asistencia médica a los movilizados, pues muchos presentaban ampollas en los pies, problemas de presión y otras afecciones debido al desgaste por la caminata. Pese a ello, el entusiasmo seguía intacto, ya que se los vio bailar con la gente que llegaba a saludarlos.

Manuel Supepí, de 63 años, recibió medicación para presión alta. Sentado en una banca de la plaza central reflexionaba sobre la lucha indígena. “Estamos aquí defendiendo nuestro territorio, es lo único que tenemos”, indicaba. No sabe cuándo retornará a San Ignacio, donde lo espera su esposa y doce nietos.

La lucha por el bosque la heredaron de sus padres, coinciden varios marchistas y muchos de los que participaron en la Décima Marcha han estado, como es el caso de Tomás Candia, en muchas otras. Tomás empezó a marchar cuando tenía 13 años y la de ahora es la novena caminata en la que participa.

Gilda López y Joaquín Orellana llegaron con su hija, de siete meses. Dicen que no la han podido dejar en casa porque marchar es un asunto familiar.