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Tiene 36 años de edad y un currículum bien alimentado. Carlos Alberto Paz Román estudió en la Universidad Cristiana de Bolivia (Ucebol). Una vez que finalizó la carrera de Medicina, decidió alzar vuelo, luego de que le expropiaran los bienes familiares.

Me vine a Brasil porque Evo Morales nos quitó todo, y mis padres, Carlos Alberto Paz Hurtado y Roxana Román, se fueron a Estados Unidos. Llegué con una mano adelante y la otra atrás, pero hoy estoy en uno de los lugares donde el 99,9% de los médicos brasileños sueña estar”, se enorgullece.

Actualmente, Paz trabaja como jefe de emergencia y semi intensiva del Servicio de Pediatría del Hospital Santa Casa de Misericordia, de la ciudad de San Pablo, y en el Hospital Moysés Deutsch (administrado por el hospital Albert Einstein).

Hizo posgraduación en prevención y control de infecciones hospitalarias en el reconocido establecimiento israelí Albert Einstein, entre otras experiencias, pero además participa de forma activa en simposios, etc., y fue invitado recientemente como vocero oficial de la Sociedad Cruceña de Pediatría. Hizo especialidad con la Facultad de Medicina de la universidad de São Paulo FMUSP, una de las mejores de América Latina.

Su esposa, Ingrid Guzmán Cabrera, también ejerce el oficio de la Medicina, es pediatra neonatóloga. Con ella comparte la crianza de Isabella, de un año y ocho meses.

Carlos Paz creó, junto a medio centenar de profesionales bolivianos, la mayoría con radicatoria en otros países, la plataforma de telemedicina Martixa, que al inicio de la pandemia atendió de forma gratuita. 

Solo a través de Martixa él ha llegado a 700 pacientes, y tiene otra cifra aparte de personas que se dan modos para conseguir su número de celular y lo contactan de forma directa. Con un equipo de trabajo coordina el proyecto educaciones de salud Salvando Vidas, que ya lleva más de 150 charlas para toda Bolivia, con más de 200 mil personas alcanzadas.

A pesar de que se marchó por razones poco gratas, el infectólogo no pierde el apego por la tierra que lo vio nacer, por eso siempre está pendiente de su gente. Probablemente una de sus razones más fuertes de orgullo es detectar casos de síndrome inflamatorio multisistémico, una complicación pediátrica, derivada del coronavirus, que puede ocasionar la muerte de los infantes.

Anteriormente, EL DEBER publicó uno de los testimonios de una familia que no encontraba respuesta para una niña de cuatro años, que padecía de fiebre por cinco días, y que contactó a Paz a tiempo, previniendo lo que pudo ser un daño mayor.

Lo han buscado por diversidad de asuntos médicos, desde los más simples hasta los complicados, principalmente el año pasado, al comienzo de la pandemia.

Le preguntaban mucho sobre vacunas, si era necesario aplicar las distintas dosis a los niños en plena pandemia, también lo contactaron por fiebre, manchas en el cuerpo, etc.

Al ser el único infectólogo pediatra en la plataforma Martixa, lo buscaban por su especialidad. Algunas veces las consultas se convertían en charlas con gente de todo el país. Tenía muchos pacientes.

El año pasado tuvo que cambiar su número de teléfono porque “era de locos”, su esposa iba a “botar” su celular porque no paraba. “Las personas que atendí por Martixa me llamaban tarde en la noche, desesperadas porque algún familiar estaba enfermo y me mandaban rayos X, etc”., recuerda.

Lamentablemente, a menudo se le dificultaba a Paz atender a sus pacientes a través de la plataforma por falta de conocimientos digitales, así que tenía que llamarlos por WhatsApp. “Ellos registraban mi número y cuando les pasaba algo me llamaban porque todo estaba cerrado en la primera ola de la pandemia”, rememora.

Después empezó a aparecer el síndrome inflamatorio en niños, mucho más difícil de resolver que sus primeros casos, “el diagnóstico era complicado”, confiesa.

La mayoría de los pacientes por este síndrome eran de Santa Cruz, “se hicieron como 30, se consiguió que no mueran y que tengan la menor cantidad de secuelas posibles”, comparte.

Incluso Paz ha realizado llamadas de telemedicina conjuntamente Erpes Kallás, para atender pacientes de Bolivia. Kallás trabaja en el Hospital de Clínicas de São Paulo y es profesor del Departamento de Enfermedades Infecciosas y Parasitarias de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

“Es uno de los mejores infectólogos del mundo, un brasileño que vive entre Nueva York y Brasil. Actualmente es uno de los médicos que busca la vacuna contra el Sida”, ilustra.

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