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Dramática, así es la situación de los pacientes y médicos de las unidades de terapia intensiva que luchan día a día contra el coronavirus. Los primeros pelean para contrarrestar los efectos nocivos que la enfermedad provocó en sus cuerpos y los segundos son los responsables de cuidarlos y proveerles de los medicamentos para vivan.

El panorama es tan grave que ya no solo afecta a las personas de la tercera edad, sino a pacientes menores de 40 años y mujeres embarazadas. 

Actualmente, Santa Cruz de la Sierra es el epicentro de la tercera ola de contagios. La escalada de casos hizo que las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) colapsen y se tenga que elegir qué pacientes pueden soportar el tratamiento y quiénes no.

Osman Arteaga, médico del domo de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Japonés, explicó que desde hace tres semanas el 50% de las personas internadas en ese lugar son menores de 40 años, que no reportaron ninguna enfermedad de base.

Arteaga, en contacto con el programa Qué Semana! de EL DEBER Radio, dijo que desde hace un año trabaja en esta unidad. El galeno explicó que la situación es complicada porque todo el sistema de salud está colapsado. Ante este escenario, los médicos deben decidir qué pacientes tienen mayores probabilidades de sobrevivir en la lucha contra el virus.

“Queremos ayudar a todos, pero no hay campo. Cuídense por favor”, exclamó.

El médico dijo que en las últimas semanas a muchas mujeres en estado de gestación, que fueron derivadas a la terapia intensiva, se les practicó cesáreas de emergencia. Y, lamentablemente, en la mayoría de los casos los niños murieron.

“Se han tenido que hacer cesáreas de emergencia, porque la madre estaba en una situación crítica y se las tenía que entubar. Muchos niños fueron a unidades de neonatología y muchos fallecieron porque eran muy pequeños”, dijo.

Lo peor, según el médico, es que fueron los esposos los que tuvieron que decidir entre la vida de sus parejas y sus pequeños en estado de gestación.

“Es un drama tener que decirle a los familiares que se debe priorizar a la madre. Es devastador para un padre decidir entre su esposa y su hijo. El cuadro es muy triste”, señaló.

Agotados

Ante este panorama desolador, Arteaga, sostuvo que tanto él como sus colegas están devastados, porque detrás del uniforme de médico existe un ser humano.

Este sentimiento crece ante el incremento de casos y la poca importancia que se le está dando a la enfermedadHay poco apoyo sicológico y muchos de nosotros estamos agotados. Estamos cansados física y mentalmente”, dijo.

El profesional instó a la población a cuidarse, porque cada día el virus tiene un comportamiento más agresivo.

“Hay personas que tienen que quedarse en emergencia. Estamos decidiendo quién puede llegar a sobrevivir”, dijo.

 

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