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Erlan Pérez Tórrez (47) ha experimentado los dos lados de una misma moneda en la lucha contra el Covid-19. Como médico atendía incansable a pacientes con esta enfermedad en el hospital Japonés y en la clínica ProSalud de la avenida Alemania y, en un momento dado, el virus alcanzó a su organismo y se convirtió en un paciente crítico durante 22 días en terapia intensiva hasta que sus colegas lograron volverlo del borde de la muerte.

Ahora, se recupera en una sala de terapia intermedia de una clínica. El virus sigue en su interior, pero ya pasó lo peor, pues estuvo 13 días intubado en el hospital Japonés, inconsciente de lo que sucedía a su alrededor. Actualmente está a la espera de que los exámenes de laboratorio den negativo (dos veces) para salir y, según dijo, volver a seguir atendiendo a las personas afectadas por el coronavirus y por otras afecciones.

“Todo empezó el 12 de mayo”, recuerda y dice ignorar en qué momento se contagió del mal, pero era consciente del riesgo porque, pese a que tomaba todas las medidas de seguridad, su tren de atención a pacientes Covid-19 era frenético. En ProSalud, atendía a 10 pacientes, de los cuales al menos cinco eran por coronavirus y, en el Japonés, casi todos eran afectados por ese mal.

“El 14 de mayo, mis síntomas empeoraron y el 19 me internaron en terapia intensiva, sé que estuve 13 días intubado. Temí lo peor. Primero, cuando vi mi tomografía, que mostraba lo que los médicos llamamos vidrios esmerilados; esas imágenes son las que más preocupan y lo mío era muy grave. El otro susto fue cuando decidieron intubarme, porque empeoró la crisis respiratoria, pero de ahí en más no recuerdo nada porque me sedaron”, explicó Pérez, al que despertaron el 1 de junio.

Esos largos días de agonía mellaron la condición física del médico, cuyo cuerpo debía ser manejado por otras personas para recuperar los movimientos. Un fisiatra, especialista en dolencias físicas, inició su recuperación en la parte muscular y respiratoria.

El plasma bendito

Herlan Pérez no ve a su familia desde hace un mes, pero mantiene contacto con los suyos y con sus amistades por teléfono. Su principal nexo es su hermana, Ana María, que estuvo pendiente desde el primer día e hizo la campaña en las redes para conseguir el plasma hiperinmune que ayudó a su recuperación.

La mujer manifestó que se consiguieron tres unidades de dicha sustancia de personas que ya han logrado superar la enfermedad y se inyecta a pacientes infectados , terapia que está resultando eficaz.

Herlan Pérez recibió tres unidades: Dos de un donante desconocido de La Paz y una que en Santa Cruz donó un hombre de nombre Mario. Esa cantidad fue suficiente para revitalizarlo.

Preocupado por los demás

Su vocación médica y solidaria se expresan en sus acciones –dice su hermana Ana María- debido a que todavía no ha recuperado plenamente su salud y quiere volver a atender pacientes. Es más, desde su cama, donde guarda aislamiento, atiende por teléfono a las personas que lo llaman pidiéndole algún tratamiento.

“Es realmente un alivio, verlo haciendo fisioterapia. Tiene mucha fuerza de voluntad, si por él fuera, iría a trabajar. Incluso me hizo llevar su uniforme a la clínica porque dice: ‘De aquí saldré y me voy al Japonés, a seguir trabajando’, pero yo le digo que tenga calma”, contó Ana María.

“Me hizo comprar un montón de medicamentos para que yo les lleve a unas personas enfermas por el lado norte de la ciudad. Es gente que se comunica con él por teléfono y, como tiene un corazón solidario, aparte de recetarle los fármacos, se los compra, porque sabe que no tienen recursos. “Esa señora no tiene dinero y es muy buena persona, me dice mi hermano para convencerme y que les lleve los medicamentos”, manifestó la mujer.

La dura experiencia de Charly

Mauricio Egüez S. periodista de la red UNO, vivió momentos duros atacado por el coronavirus que, supone que le contagiaron en el desarrollo de su oficio. Pasó 20 días luchando por su salud en una clínica, cinco de ellos en terapia, donde vivió en carne propia los horrores que provoca esta enfermedad y vio a la muerte pasearse por su lado.

“Estuve cinco días en terapia intermedia, dependiendo del oxígeno mañana, tarde y noche porque, si me lo sacaba, se me apretaba el pecho y no podía respirar. Doy gracias a Dios, porque solo una vez sufrí de un ataque de tos. En cambio, fui testigo del sufrimiento de otras personas que estaban en la misma sala, donde solo nos separaban unas mamparas. Las escuchaba toser hasta llegar al punto de la asfixia”, relató Mauricio, también conocido como Charly.

Charly, como periodista, ha cubierto decenas de casos luctuosos: Accidentes, crímenes, abusos, etc. y, hasta antes de esto, creía que nada lo impresionaría, pero lo que experimentó en ese ambiente donde minuto a minuto se lucha por la vida, lo marcó para siempre, porque vio morir a cuatro personas, una de las cuales era una chica, de 18 años, que impulsaba a todos a no rendirse.

“Me ha afectado tanto escuchar morir a cuatro personas en la misma sala, pero me llegó más la muerte de esa jovencita, porque, si bien entró con oxígeno, se la veía bien, bromeaba con las enfermeras y con el doctor, nos ponía oraciones en su celular para animarnos”, dijo Eguez.

“Yo no sé de dónde he sacado fuerzas para aguantar, porque ha sido traumático escuchar la respiración de los pacientes hasta ahogarse en su propia saliva y, luego un silencio aterrador. Después solo se ve pasar el cuerpo sobre una camilla en una bolsa negra. Yo miraba al techo y me decía: ¡Vamos, adelante¡”, relató Mauricio entre sollozos.

Esta dura experiencia ha acercado a Charly a Dios. Cree que le ha dado un nuevo propósito en la vida y espera una señal para actuar. Agradece a sus amigos que lo apoyaron en las redes, al personal médico de la clínica Nuclear y a la que denomina su enfermera VIP: Su esposa Claudia.