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La sala FLU del Centro de Salud de El Carmen es una oficina diminuta en la que solo cabe un escritorio con su silla y a la que no le funciona el ventilador de techo. Allí Édgar Miranda, un médico cirujano experimentado, recibe a los pacientes que podrían estar contagiados con coronavirus y suda detrás del barbijo, su único escudo contra el mal global nacido en China.

El Carmen es un centro de barrio de cinco consultorios al que llegan vecinos resfriados, mujeres embarazadas y niños afiebrados por el dengue. Con el brote de la pandemia rondando la ciudad, los médicos se han dado a la tarea de separar lo urgente de lo vital. A ese procedimiento, Romel Monroy, médico a cargo del Juana Azurduy, le llama triaje -etimológicamente, separar grano y paja-, y trata de convencer a madres que no es prudente traer al niño a un chequeo de rutina en un momento como este. Para los médicos que atienden los centros de base, las carencias del sistema de salud hacen que la ciudad no esté preparada para lo que se podría venir en pocos días y exigen equipamiento, personal e instrucción.

Para el Servicio Departamental de Salud (Sedes), los galenos deberían estar preparados desde la universidad para cumplir con parámetros de bioseguridad sin contaminarse y la mayoría de ellos nunca verá un caso de coranavirus, ya que existen dos centros de salud ‘centinelas’ para derivar a estos pacientes. Eso, si todo resulta como está planeado. El Sedes ha habilitado un número de teléfono para que la ciudadanía llame si sospecha que se ha contagiado. EL DEBER llamó y planteó el caso de una familiar con tos seca y problemas para respirar. La operadora preguntó si la paciente había tenido contacto con un viajero y al saber que no, sugirió que se dirija a su centro de salud de barrio. Un centro de salud como El Carmen, por ejemplo.

Óscar Urenda, Secretario de Salud, tiene un justificativo para esto. Hasta el momento, los cuatro casos de Santa Cruz de la Sierra son importados, llegaron desde Italia -uno- y España -tres-. Además, hay seis pacientes sospechosos y 84 personas en cuarentena. De momento, no hay evidencia de que el virus esté circulando sin control por la ciudad.

El problema es que los médicos de base no confían en el Sedes y Urenda lo sabe. Cree que hay razones políticas para ello y les pide esperar a ganar las elecciones para cambiarlo. A sus colegas, les queda la impresión de que es cómodo mandar desde un escritorio y pedirle que se enfrenten al virus en sus puestos y tienen sus argumentos. Por ejemplo, Gina Roca, médica del Hospital de la Villa Primero de Mayo, cuenta que el primer nivel de salud (el más básico) es el que en peores condiciones trabaja, que los pacientes se hacinan en las salas de espera y el médico, lo único que tiene es un barbijo, su alcohol en gel y un consultorio. Que al segundo nivel le llegan ya pacientes con complicaciones y es difícil derivarlos a un tercer nivel -los hospitales de la Gobernación- porque están saturados. En ese sentido, ningún paciente guarda dos metros de distancia entre uno y otro para evitar contagiarse con el coronavirus.

La situación en el Hospital de Niños es un reflejo de este relato. La doctora Melina Suárez dice que le piden a los pacientes que escojan su mosaico para esperar una cama. Admite que solo se queda la gente que no tiene a dónde más llevar a su enfermo y pese a que no son centro centinela, han elaborado su plan para enfrentarse al Covid-19 y que han sugerido posponer cirugías que no son urgencia, todo para evitar la aglomeración de pacientes. Mientras tanto, el Hospital de Niños lucha de manera interna contra la influenza: cinco de sus profesionales fue aislado por la enfermedad y uno cayó en terapia intensiva.

Urenda dice que saben que el sistema de salud está colapsado, por eso se han habilitado camas contra el coronavirus en el San Juan de Dios y otros nosocomios. Dice que se tiene un plan para aislar a los posibles contagiados para que ninguna de esas camas tenga conexión con el resto de los pacientes, con personal extraordinario contratado para la pandemia, que hay diferentes etapas que se irán implementando a medida que la situación lo amerite (cerrar una sala por cada centro de salud, habilitar el hospital de Montero, habilitar más personal mediante contrato). La base del plan es que ninguno de los pacientes ingrese al sistema de salud por la vía normal.

Bioseguridad

“Al personal de limpieza le dieron mejor traje de seguridad que a nosotros. El nuestro es un ‘colachicha’ que no ataja nada. Nos han dado los barbijos normales y un barbijo Nº 95 que no sé cómo quieren que nos dure 15 días”, se queja una enfermera del Hospital del Plan 3000. Dice que la bata que le dieron es tan delgada que deja pasar cualquier fluido y no se siente segura con ella.

En El Carmen, cuando el doctor Miranda la extiende, parece una lámina de papel de calcar. No se queja, pero aclara que los protocolos de bioseguridad indican que ese tipo de equipamiento se debe desechar con cada paciente que se atiende y solo les han dejado una por médico.

Este es uno de los puntos que más molesta a las autoridades de salud. Urenda ya le pidió a todo el personal del departamento que hablen con los directores de sus hospitales para decirle quién está dispuesto a trabajar y quien no, que no es posible que la paciente cero, la mujer que se contagió en Italia, haya sido rechazada por siete centros antes de ser internada y que el procedimiento para atender a un paciente con coronavirus es el protocolo de atención de la Organización Mundial de la Salud: se lo atiende con una bata y un barbijo descartables. Les recuerda que a diario se atienden enfermedades más complejas, como la tuberculosis o el VIH, que incluso se opera pacientes con VIH y rabia, con la seguridad necesaria. Marcelo Ríos, director del Sedes, asegura que él mismo atendió a tres de los cuatro pacientes que hay en Santa Cruz de la Sierra, con el escudo de una bata y un barbijo y que no cree estar contagiado.

“El único lugar en el mundo donde nos están haciendo problemas para atender a los pacientes es en Santa Cruz de la Sierra. Que nos digan de una vez con quién vamos a trabajar”, reclama Urenda.

Equipamiento

“Si supieran cuántos respiradores hay en la ciudad, todo mundo se quedaría en su casa”, publicó una médica en Facebook. Urenda da las cifras: en todas las terapias intensivas del tercer nivel hay 80; disponibles para pacientes con coronavirus, nueve. Se puede disponer de nueve más y otros 12 hay en el hospital de Montero. Si además de la terapia intensiva del San Juan de Dios, se podría contar con otros 20. Lo dice él: “No son suficientes si tenemos una epidemia. Nadie, en ningún lugar del mundo, tiene un hospital con respiradores esperando una epidemia”. 

A Urenda le han llegado la información de que el Ministerio de Salud está comprando respiradores, pero faltarán terapistas, personal calificado para manejarlos.

Anoche, Aníbal Cruz, ministro de Salud, anunció que se duplicará el presupuesto para el Coronavirus gracias a la ayuda internacional -el 9 de marzo se anunció que eran $us 7 millones-, que se consolidan 200 nuevos ítems para distribuirlos de inmediato y que se va a reactivar la brigada médica cubana que salió del país tras la renuncia de Evo Morales, además de activarse brigadas móviles. Todo eso irá a un sistema separado, pero en los hospitales regulares quieren recibir una parte. En el Hospital de Niños esperan los 75 ítems prometidos y creen que han sido ‘desviados’ hacia el hospital del coronavirus. En el hospital de El Bajío, Fernando García cuenta que habilitaron su auditorio como la sala Covid-19, pero exigen que le envíen personal para que la atienda. Ellos ya tuvieron un paciente sospechoso.

Urenda pide calma y no politizar el tema. Dice que lo primordial es acatar las medidas sanitarias de contención social, que hay que evitar a toda costa que esta enfermedad nos atropelle, que quizá en pocos días sea necesario dictar medias aún más drásticas, que, si el virus comienza a circular sin control, el trabajo se multiplicará por mil.

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