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Es un nuevo día en la capital cruceña y el tráfico, como ya es habitual, atasca las calles. En el segundo anillo un micro del transporte público circula en zigzag para avanzar más rápido entre la larga fila de motorizados, pero se detiene en seco cada vez que un pasajero grita: “parada” o cada vez que alguien, desde la calle, levanta la mano para subir. Y es que conductores y usuarios ignoran las paradas, pese a que en cada una de ellas hay letreros metálicos con la letra ‘P’, que debajo llevan la leyenda: Parada de transporte público.

Hasta antes del confinamiento ya se había vuelto una regla que los choferes de los micros ‘vuelteros’ y otros, que tenían al segundo anillo como parte de su recorrido, paren únicamente en estos lugares para alzar y dejar pasajeros, pero ahora nadie cumple esta medida.

Pero eso no es todo, a pesar del riesgo latente de rebrote del coronavirus, muchos buses, especialmente los que van a barrios alejados, suben pasajeros sobrepasando la capacidad permitida e, incluso, algunos circulan llenos.

En cuanto a los mecanismos de bioseguridad, aunque en la mayoría de las unidades tienen frascos de alcohol sujetados en las barras metálicas, algunos recipientes están vacíos o fregados y son pocos los choferes que portan barbijo durante su recorrido.

Lo propio sucede con los usuarios, mientras algunos suben al micro rociando con alcohol a todo lo que vayan a tocar, otros ni siquiera llevan barbijo.

Sin dios ni ley

Los micros son el medio de transporte que utilizan miles de personas para moverse desde sus casas y por todos los rincones de la ciudad, pero el sistema sigue adoleciendo de viejos problemas.

En un recorrido que hizo EL DEBER se constató el ritmo desenfrenado que ejecutan varios choferes, acciones temerarias como, por ejemplo, no respetar las paradas que existen en la ciudad, arrancar la marcha cuando el semáforo aún no está en verde, cuando el pasajero no ha terminado de bajar o permitir que la gente suba cuando el vehículo no está bien estacionado.

Este panorama ocurre en varios lugares de la ciudad, y en especial en las arterias de la terminal Bimodal, de la Feria Barrio Lindo y de los mercados.

En el segundo anillo lo que más extrañan algunos usuarios es el uso de las paradas porque en un esfuerzo conjunto, entre autoridades y micreros, el año pasado se logró consolidar 69 puntos para la subida y descenso de pasajeros a lo largo de toda la circunvalación, habiendo un promedio de dos paradas entre cada rotonda.

Pero esto ya no se cumple. El jueves pasado, un micro de la línea 72 paró nueve veces entre las avenidas San Aurelio y Tres Pasos al Frente (en un tramo de unos 400 metros) para dejar y alzar pasajeros. A pesar de haber dos paradas, el colectivo paró en cualquier lugar, menos en estos sitios.

Una mujer que se había pasado del lugar donde debía bajar hizo que el bus se detenga casi en media intersección de la av. Tres Pasos al Frente. ¡Pare, pare, pare! ¡No escucha!, gritó desde atrás. Al bajar comentó en voz baja que se olvidó de bajar antes.

“Ya nos habíamos acostumbrado a caminar hasta las paradas para esperar a los micros, pero ahora nuevamente están parando en cualquier lado”, comenta Simona Suárez que esperaban el micro a la altura del surtidor Genex, entre las avenidas Tres Pasos al Frente y Brasil. A pocos pasos hay una señal que indica la parada del transporte público, pero en el espacio habían vehículos privados estacionados.

En otra zona de la ciudad, por inmediaciones de la universidad Gabriel René Moreno, Juan Gutiérrez, hizo notar que varios micros están excediendo el límite de pasajeros porque llevan personas en los pasillos, especialmente en los horarios pico. “Ayer, me fui a mi casa a las 19:00 y estaban full de lleno los micros que van al Plan Tres Mil”, contó.

Controles diarios

La directora de Tráfico y Transporte del Gobierno Municipal, Lucy López, indicó que de forma conjunta con la Unidad Operativa de Tránsito hacen controles diarios en distintas zonas de la ciudad a fin de que los buses del transporte público no excedan la capacidad de pasajeros permitida y que, tanto conductores como usuarios, cumplan con las medidas de protección para evitar contagios de coronavirus.

En caso de que un micro es sorprendido lleno, los pasajeros que están en el pasillo son obligados a bajar, como sucedió el miércoles pasado con un micro de la línea 87. En caso de reincidencia, los conductores son sancionados de acuerdo con la normativa vigente.

No obstante, López recordó que el cumplimiento de las normas debe ser una responsabilidad tanto de los conductores como de los usuarios. Estos últimos si ven un bus con todos asientos llenos, no deben subir y deben exigir que las unidades tengan mamparas y dispongan de alcohol en gel. Además, si están en un bus en circulación deben pedir al conductor que no suba más pasajeros que los que caben en los asientos, dijo.

Con respecto a las paradas, específicamente a la exigencia de uso de las del segundo anillo, dijo que esta medida continúa vigente y recordó que con los dirigentes de las líneas se hicieron campañas para promover que los conductores y pasajeros las usen, por lo que los conminó a cumplir los compromisos.

Primer anillo

Por ahora, el Gobierno Municipal está enfocado en poner en marcha el Sistema de Buses de Tránsito Rápido Sarao y para ello viene haciendo recorridos de prueba con los buses piloto, con el fin de ajustar todos los detalles para su implementación el próximo año. Son 30 flotas las que se pondrán en funcionamiento en esta primera fase que está en marcha. Una vez que se consolide este recorrido, el Gobierno Municipal tiene previsto ampliar este sistema a otras rutas a fin de modernizar el transporte público en la ciudad capital.

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