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La polémica estalló en Colombia hace un par de semanas: una delegación de 10 escritores colombianos viajaría a un evento literario a Francia y no había ninguna mujer entre ellos. Las reacciones no se dejaron esperar y se instaló una discusión sobre el machismo en la literatura colombiana y la invisibilización de la mujer en esta área. Se habló del poco espacio que ocupan en eventos y en publicaciones de las editoriales y en la prensa escrita. El problema es mayor si se tiene en cuenta que el viaje a Francia se conocía desde el año pasado y la institución encargada de coordinarlo era el Ministerio de Culturas colombiano. 

La discusión se trasladó a otros países, donde también las escritoras acusan este “dejar de lado” de parte de las instituciones culturales y los medios de comunicación hacia ellas. EL DEBER entrevistó a cuatro autoras bolivianas para que den su punto de vista sobre lo que sucede en nuestro país.

Relegadas
Para Paola Senseve, en Bolivia la situación tampoco es muy buena para las escritoras, algo que le resulta irónico, porque habiendo cada vez más autoras, de mucha calidad y con muy interesantes propuestas, todo sigue igual. “Puedes verlo en las mesas de debate, conversatorios, presentaciones de libros, festivales, ferias del libro, en apariciones en medios de comunicación, etc. El número de escritores que participan en todo es mucho más grande; o lo son en total hombres o solo ponen una mujer para llenar la cuota, o por último se hacen mesas solo de mujeres, que es peor porque es como ponerlas en ‘su’ lugar, mandarlas a un lado con ‘sus’ temáticas y  ‘sus públicos’”, resaltó la poeta cochabambina.
 
Giovanna Rivero cree que  quizás a nivel de eventos culturales haya un poco más de equilibrio, al haber más mujeres en espacios de organización y decisión, aunque prestando un poco de atención a dimensiones más sutiles y simbólicas -arguye Rivero-, es posible detectar con qué rigor se mide el trabajo de las mujeres, en el mejor de los casos, y con qué dañina indiferencia la mayoría de las veces. Rivero da un ejemplo: “Cuando Magela Baudoin publicó su excelente volumen de cuentos La composición de la sal, solo un puñado de lectores reconoció el gran trabajo literario que había en esas páginas. Pocas reseñas, tibieza por doquier. Tuvo que ganar el García Márquez para que entonces reconociéramos su valía”.

Liliana Colanzi recordó que un periodista el año pasado escribió que las escritoras eran “menos teorizantes, a la inversa de lo que pasa normalmente con los hombres”.  “Este prejuicio proviene de ideas machistas muy arraigadas y naturalizadas que sugieren que la mujer no piensa, sino siente”, comentó Colanzi, recientemente finalista del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. 
La escritora cruceña hizo notar que faltan mujeres columnistas en los periódicos, donde, según ella, se recluta a una cantidad desproporcionada de hombres para dar su opinión sobre distintos temas, incluyendo los temas de cultura.
 
La poeta Paura Rodríguez, en cambio, tiene una mirada muy distinta a lo que sucede en el país referida al trato de la mujer en el ambiente literario.  Rodríguez indicó que escribe desde que es adolescente y nunca ha sufrido discriminación por ser mujer. “En este último tiempo vengo participando de distintas actividades literarias en Bolivia y en otros países, donde voy hay tanto mujeres como hombres invitados”, explicó la autora de Como monedas viejas sobre la tierra.  Rodríguez hizo hincapié en que los eventos literarios y las editoriales en nuestro país tienen una mirada amplia, además de que las voces que participan y publican son diversas. 

Cualidad vs cantidad
Uno de los argumentos que muchas veces se esgrime a la hora de seleccionar a los participantes de festivales literarios, antologías, columnistas o una simple mesa de debate, es que no se toma en cuenta el género del autor, sino su conocimiento, su calidad a la hora de escribir. Para Rivero, si esto fuera radicalmente cierto, una buena parte de la producción firmada por hombres no se habría publicado. “Creo que la vara con la que históricamente se han medido las propuestas de las escritoras ha sido siempre más alta –lo cual, en resumidas cuentas, ha resultado en una gran maduración del pensamiento y el talento cultivado por artistas e intelectuales mujeres, crecimiento que no se refleja en términos cuantitativos en instancias de visibilidad y protagonismo–”, enfatizó Rivero. 

En tanto que Colanzi apuntó que se invoca con demasiada ligereza a la calidad para justificar la pereza intelectual y para mantener el statu quo. “Que me digan primero cuáles son esos criterios de calidad que supuestamente las mujeres no cumplimos”, cuestionó Colanzi, y agregó: “Asumir que, por ley general, las mujeres tienen una producción intelectual de menor calidad que la de los hombres es la manera en que se sigue perpetuando el prejuicio de que la mujer es inferior al hombre y, por lo tanto, su palabra vale menos. Yo noto que se tolera mucha mediocridad cuando viene de un hombre, pero a una mujer se le exige mucho más, se la invisibiliza más y se le pone trabas mayores”.
   
Rodríguez en cambio dijo que considerar la calidad del trabajo no es una justificación, sino una condición fundamental y necesaria, especialmente si el trabajo será publicado, sea de un autor o de una autora. La escritora nacida en La Paz resaltó que Bolivia vive un momento muy especial para  con las mujeres que escriben, y citó a Camila Urioste como reciente ganadora del Nacional de Novela y a Liliana Colanzi y Magela Baudoin con sus respectivos premios; además de tener a Sarah Mansilla como presidenta de la Cámara del Libro de Santa Cruz. “Es importante aclarar que no alcanzaron estos logros porque las convocatorias exigían un espacio para mujeres, o sus libros no se publicaron porque las editoriales tienen la obligación de publicar un determinado número de autoras; la realidad es que las convocatorias están abiertas y las editoriales están atentas a la llegada de obras de buena calidad literaria”, dijo Rodríguez y continuó: “Si las mujeres publicáramos y participáramos porque es obligatorio llenar cupos femeninos en editoriales o eventos, realmente sería muy triste”.

Acciones para el cambio
“Hay todo por hacer para cambiar este panorama. Y, ¿quiénes deben hacerlo?, pues todos”, puntalizó Paola Senseve. “Las mujeres escritoras deben hablar, nombrar lo que pasa y reclamar. Debemos dejar de tener miedo a ser consideradas ‘quejonas’ o ‘problemáticas’, que es una reacción típica. Las mujeres que tienen el poder de tomar las decisiones deben cuidar que estos errores no se cometan. Estar siempre atentas. Y los hombres en general deben estar conscientes de sus privilegios y estar dispuestos a abandonarlos para acompañar este camino. Es la única forma”, aseveró Senseve. 

Giovanna Rivero  cree que reeducar un sistema de valores   es uno de los trabajos más complejos y dolorosos y sugiere además estar atentos a las ‘camaleónicas’ trampas del mercado, que,  según la  montereña, es “el más tirano de todos los patriarcas”. “El mercado, en una mueca democrática, pretende a veces dar espacio para todas, todas las mujeres, todas las artistas, todas las escritoras, pero ese ‘todas’ responde a un check list del tipo de artista o escritora que confirma otras categorías de mercado y que conocemos de sobra: joven, blanca, urbana, con los gestos, el lenguaje, los signos y el registro de la modernidad que quiere esta modernidad. Pero la acumulación no siempre es diversidad, heterogeneidad o valentía; a veces, más bien, funciona para pagar la cuota de “inclusividad” sin realmente romper el dique de los imperativos del mercado”, concluyó Rivero.

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