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El arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, durante la misa celebrada hoy en la catedral, pidió a los cristianos a no callar ante las injusticias y recordó que no puede haber paz, armonía ni reconciliación si no existe una justicia independiente e imparcial, que esté al servicio de la verdad.

Para Gualberti, el servicio de la verdad “es el motivo que nos debe impulsar a los cristianos a no callar ante las injusticias, y que nos impulsa como Iglesia a hacernos eco del clamor que se eleva en nuestro país ante tantas agresiones a la vida y, en especial, ante una justicia servil que ha perdido toda credibilidad. No puede haber reconciliación, armonía y paz, si no hay una justicia independiente e imparcial que esté al servicio de la verdad, que actúe con equidad y sin distinción alguna en cuanto a la posición social, económica, política y religiosa de las personas”, expresó durante su homilía.

A decir del líder religioso, esta es una tarea urgente, que se debe al pueblo y que exige la participación de todos y, en primer lugar, de las autoridades llamadas a servir a todos por igual, iluminadas por las palabras de San Pedro.

Dijo que "en estos inicios de los nuevos Gobierno nacional y gobiernos Departamentales el Señor llama a todos a trabajar como hermanos, para construir puentes de acercamiento, diálogo y encuentro, sobre la base de la verdad, la justicia, la libertad y poniendo al servicio del bien común los talentos que él nos ha dado", expresó.

Indicó que dos virtudes deben estar presentes en la vida de todo cristiano, la fe en Dios y la práctica de la justica. "Esto significa que para agradar a Dios hay que creer en él y, al mismo tiempo, practicar la justicia con todos, en especial modo con los más vulnerables e desamparados", dijo

Para Gualberti, practicar la justicia no es solo un acto humano, sino una virtud cristiana, expresión de la fe en Dios. 

El arzobispo también se refirió a la beatificación de Rosario Livatino, un joven juez italiano que, fortalecido por su profunda fe en Dios, "ha tenido el coraje de la libertad, no ha mancillado la justicia y no traicionado su vocación de juez al servicio de la verdad, pagando con su vida, asesinado por la mafia. Es el primer juez beato en la historia de la Iglesia, definido, por el Papa San Juan Pablo II, 'Mártir por la justicia'”.

“Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Queridos hermanos y hermanas, con estas palabras Jesús nos invita a permanecer en el amor del Padre que ha entregado a su Hijo para nuestra salvación, el amor que ha movido a Jesús a ofrecer toda su vida hasta la muerte en cruz”, indicó monseñor Sergio Gualberti.

Señaló que “Es el amor de comunión de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, del que somos partícipes por iniciativa de Dios, el amor de profunda unión de voluntades, de correspondencia de intentos y de entrega recíproca y total. San Juan, en la segunda lectura que hemos escuchado, resume en dos palabras este misterio: Dios es amor, el Amor por excelencia y en sumo grado que se expresa en la verdad, el bien y la belleza”.

Agradecidos a Dios por el don de su amor

, acojamos con sincera convicción esta verdad y pongámosla en práctica en todos los momentos y ambientes en los que nos toca vivir”, finalizó Gualberti.




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