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“Hoy Jesús nos habla del divorcio, un problema siempre muy actual y crucial que afecta directamente a la vida de las personas y de las familias y que causa muchos sufrimientos a las parejas y sobre todo a los hijos”. Con esa frase, el monseñor Sergio Guarberti, arzobispo de Santa Cruz, comenzó su homilía de este domingo.

Este mal, de acuerdo con Gualberti, no solo rompe el matrimonio y la íntima comunión de vida de amor de la familia, sino que también debilita a los vínculos sociales.

El arzobispo de Santa Cruz dijo que Dios ha creado al ser humano para la relación, la comunión y la comunicación con otros semejantes y no como individuo aislado y solitario, hablando de sus diferentes dimensiones

El evangelio nos dice que unos fariseos se acercan a Jesús y le preguntan: ¿El licito al varón divorciarse de su mujer?, pero su preocupación no es sincera. A ellos no le interesa conocer lo que Jesús piensa acerca del divorcio, sino ponerlo a prueba. Jesús no cae en la trampa y responde con una pregunta: ¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado? De esa manera obliga a esos estrictos observantes de la ley a revelar sus intenciones”, dijo el arzobispo de Santa Cruz de la Sierra.

Según Gualberti, Moisés escribió permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de él. Jesús confirma esa respuesta, pero al mismo tiempo les aclara que Moisés permitió el divorcio debido a su terquedad y dureza de corazón. No obstante, el plan inicial de Dios era contrario al divorcio.  

“Desde el principio de la creación Dios nos hizo varón y mujer, por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne, el hombre no separe lo que Dios a unido. Con esta afirmación Jesús deja establecido que la voluntad de Dios tiene la prioridad sobre las leyes humanas y al mismo tiempo vuelve a dar vigencia plena al plan creador de Dios conforme al relato del libro del Génesis”, indicó Gualberti.

El divorcio no está contemplado en el plan originario de Dios sobre el matrimonio y nadie ni nada, ni siquiera la Iglesia, puede modificarlo, afirmó el arzobispo, a tiempo de señalar que la visión del matrimonio cristiano es exigente y siempre ha encontrado dificultades en ponerse en práctica por la infidelidad, el machismo y la incompatibilidad de caracteres, entre otras causas. 

"A estos peligros se añaden hoy ataques de corrientes ideologizadas que bajo el pretexto de la modernidad y libertad individual y relativismo moral hieren la propia naturaleza y fundamentos humanos del matrimonio y la familia. Además, se están promoviendo leyes que promueven la unión de personas del mismo sexo, con el matrimonio y que reconocen la ideología de género, según la cual, cada persona puede escoger a su justo y antojo su orientación sexual, sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza al momento de nacer, modificando la identidad y los roles originarios del varón y la mujer, llegando a impulsar hasta el concepto de sexo indefinido".   

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