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Tiene 25 años, es madre de tres hijos, dos mujeres, una de 9 y otra de 6 años y el último un varón de apenas un año.

El lunes por la tarde, con su bebé en brazos, salió de su casa en el barrio El Recreo del Plan Tres Mil y se encontró con su concubino y padre del bebé. Estaba cansada porque llegaba de trabajar de limpieza en otra casa y le pidió a su pareja que le ayude a alzar al niño. El sujeto se molestó y más bien le pidió Bs 2 para comprarse alcohol y seguir bebiendo.

Como en reiteradas oportunidades sufrió agresiones del tipo, para evitar volver a ser víctima de otro ataque, prefirió irse a su cuarto, pero desde atrás el hombre la sujetó de los cabellos.

El agresor la arrastró por el suelo, la atacó con golpes de puño causándole lesiones en el rostro y otras partes del cuerpo. Estuvo inconsciente y no la dejaba salir de la casa. Ayer por la mañana el violento se fue a tomar y ella aprovechó para escaparse y buscar llegar hasta el módulo policial del Plan Tres Mil, con su bebé en brazos en busca de justicia.

“Yo trabajo limpiando casas y en mi trabajo me vieron golpeada. Me dijeron: ‘cómo vas a estar así tenés que denunciar a ese abusivo y hacerte curar’. Por eso me fui primero a la Policía de El Mechero”, relató la mujer, cuando EL DEBER la encontró deambulando por el módulo policial.

El camino del suplicio

Al mediodía estaba sola, con su niño en brazos, parada dentro de la gigantesca obra policial. Estaba siendo atendida por una agente de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv) que escuchó su dramática historia y recibió la denuncia.

Cargando a su bebé y con evidentes signos de violencia en el rostro y sus ojos afectados por los golpes, salió del segundo piso de la Felcv.

Luego la enviaron a la oficina del fiscal, que está un piso más abajo. Caminaba con dificultad, de oficina en oficina, hasta que se detuvo, miró al equipo de EL DEBER y nos pidió orientación y ayuda.

Ella creyó que los periodistas éramos abogados. “Me dijeron que busque con estos papeles al fiscal, al forense y no sé cómo. Me pueden ayudar”, insistió la mujer, entregando en nuestras manos sus papeles.

Inmediatamente le llevamos hasta la oficina del fiscal, y de ahí salió rumbo a otra oficina, al lado, en busca de la secretaria. “Me dijeron que es aquí donde la secretaria tiene que atenderme”, explicó mientras hacía esfuerzos por abrir la puerta con una mano, porque con la otra apenas sostenía al niño. Al final y después de minutos salió. Un policía se sinceró y dijo: “Pobre mujer, esa es nuestra realidad, yo la estoy atendiendo y ayudando pese a que ya estoy de libre porque yo tenía que irme a las seis de la mañana”.

Pero la mujer no sabía que le esperaba lo peor.

El policía le explicó que ella debía irse hasta el médico forense, que tiene su oficina en el octavo anillo de la zona Norte.

Ante la noticia la mamá quedó desorientada. Ya había pasado el mediodía cuando nos mostró el papel, dijo desconocer el lugar al que la enviaron y que no tenía un peso. La llevamos hasta las oficinas del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) y casi a las 13:30 todo ya había cerrado. Hablamos con el coordinador Erwin Lino, para que la dejara pasar y pueda ser atendida a las 15:00. Ella sigue buscando justicia, su concubino ya fue detenido y tendrá que prestar declaraciones en la Fiscalía.

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