Hay tristeza en la Ciudad de la Alegría, y en cada obra que lleva un pedazo de él. Es temporal. Supo sembrar esperanza y legado.
Un día después de cumplir 90 años, Nicolás Castellanos Franco perdió la vida, y quienes lo rodearon por décadas, con su partida perdieron un faro.
“Claro que asusta su ausencia, pero también da fortaleza para seguir. Le hicimos una promesa a Nicolás, de seguir hasta que el cuerpo aguante”, dijo Alfredo Soliz, director de Hombres Nuevos, y miembro de la Fundación en España.
Se conocieron hace más de 30 años, cuando el religioso llegó a Bolivia y buscó ayuda en la Corporación de Desarrollo de Santa Cruz (Cordecruz). Arquitecto de profesión, Soliz trabajaba ahí, en el Fondo Social de Emergencia.
“Me habló para que lo ayudara con un proyecto, una iglesia, se lo hice, le gustó, y cuando me di cuenta ya estaba metido trabajando y viajando con él. Me mantuvo ahí su carisma, fue mi mejor amigo y como un segundo padre. Alguna vez le dije que me cansé, pero tengo cariño por este proyecto transformador, con el que se han salvado miles de vidas; ser parte de esto da orgullo”, se conmovió.
Nicolás era un hombre de acción, valoró Soliz, y contó que a Castellanos le gustaba mucho hacer obras dignas. “Hicimos más de 120 colegios en todo el país, ya hemos construido casi 20 iglesias, la Ciudad de la Alegría, sistemas de agua. Muchos creen que solo trabajó en Santa Cruz, pero ayudó en todo el país, incluso en Oruro”, reseñó el sucesor del legado, y enumeró un millar de obras.
Soliz considera como un adelantado, un visionario al sacerdote, que hizo el primer sistema de agua en Palmasola, donde no había agua potable y bebían de un curichi.
Si bien la obra de Castellanos abordó decenas de actividades, educativas, recreativas, espirituales, etc., su prioridad siempre fue la educación.
“Él decía que los pueblos no pueden salir de la pobreza sin educación. Hemos mandado a centenares de personas a España para cursar maestrías en varias profesiones, pero más que todo en informática. Tenemos programa de becas universitarias, becamos a cerca de 200 chicos”, contó.
Otra muestra de la visión de Castellanos, celebró Soliz, era su énfasis en el tiempo libre. Dijo que al comienzo parecía una locura ver a un cura haciendo piscinas en el Plan 3.000, “pero el tiempo le dio la razón y miles de personas pasaron por la Ciudad de la Alegría”.
Según Soliz, uno de los lemas del religioso era que una iglesia debía tener una cancha para que los chicos, aparte de rezar, pudieran jugar. “Cuando no había la Ciudad de la Alegría, los chicos se juntaban en las plazas, ahí empieza la droga, etc. Él les dio condiciones, alt
Coherencia
Álvaro Yana Herrera hoy es el rector del Instituto de Bellas Artes. Fue formado y forjado por Nicolás Castellanos desde los ocho años.
“Lo que él empezó nunca va a acabar, el legado continúa, de dar amor a los pobres y oportunidad a los más necesitados”, dijo emocionado porque Castellanos estuvo en las escenas más trascendentales de su vida.
“Me dio la primera comunión, confirmación, me casó, bautizó a mis hijos, ayudó a mi familia, a mi hermano que es médico ahora. Viví en su casa por muchos años y deja un vacío muy grande. Hay gente que sigue trabajando desde su mística de que todo es para el pobre”, rescató las enseñanzas.
Yana dijo que una de las frases que caló más en su vida fue “si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”, y recordó la obra trascendental, no solo para el Plan 3.000 y para Santa Cruz, sino para el país en general.
“Sus acciones contaron más que miles de palabras. Dejó una Ciudad de la Alegría inmensa, la Escuela Nacional de Teatro, más de 120 colegios, iglesias, la formación y sobre todo una fuerte identidad en cada ser humano que tocó”, dijo.
Para Yana, otro de los grandes legados tuvo que ver con dar respuesta a la necesidad de progreso de la gente más humilde. “Hizo grande esta ciudad, por la Fundación pasaron más de mil personas, beneficiadas por él. Siempre tuvo abiertas las puertas de su casa”, lo extrañó.
Asimismo, lo puso como gran ejemplo por su disciplina, levantándose a las cinco de la mañana para orar, compartir con los chicos su visión de la vida, y enamorar a la gente en lo más profundo de la palabra de Dios, pero también de su proyecto de servicio.
“Servir a los demás sí funciona, también la vida fraternal, independientemente de la clase social y de lo religioso. Hay un fin, ayudar a la gente a progresar, a surgir, eso lo hizo especial y quiero seguir esa mística. Si no fuera por él, yo no habría llegado donde estoy, me dio beca de estudio, me formó”, se conmovió.
Sobre qué hacía tan especial a Castellanos, Yana dijo que, además de todo lo anterior, a Nicolás Castellanos siempre le gustaron los desafíos, afrontar las cosas con una sonrisa.
“Dejó todo en España, un obispado, para venir a compartir con los pobres. Predicaba y hacía lo que mandaba La Biblia. Esa fue su identidad, nunca se calló, afrontó con la verdad, por eso la gente lo quería y lo quiere, cree en su proyecto”. Era un hombre muy grande, sacerdote de la Teología de la Liberación, cuestionador, con mente y corazón enormes. Todo eso me impresionó, además de su ritmo. Sus escritos en la máquina los convertía en acciones, tenía la visión demasiado clara”, respondió Yana.
Juan Pablo Sejas, del proyecto juvenil San Isidro, le rindió un homenaje en sus redes sociales.
Recordó que siempre que lo encontraba, Castellanos hablaba apasionadamente del Plan 3.000, de Hombres Nuevos, y del Centro San Isidro.
“Admiro profundamente a este hombre, a quien considero que transformó la imagen del Plan 3.000, por ende, de Santa Cruz de la Sierra, brindando oportunidades a cientos de personas en distintos ámbitos del desarrollo. Su dedicación y compromiso dejaron marcas imborrables en nuestra comunidad”, posteó.
Fernando Figueroa, también de San Isidro, recordó que antes que naciera este proyecto, fue a reunirse con Nicolás, con la intención de ser voluntario de Hombres Nuevos. “Me recibió en su humilde morada. Charlamos de las necesidades y problemas de la ciudadela Andrés Ibáñez y sobre la falta de liderazgos”, dijo.
Fue entonces cuando lo alentó a hacer cosas por la comunidad porque se necesitaba gente joven; y así, con su mística, lo convenció para fundar San Isidro, y demostrar que desde el barrio se puede crear y soñar un futuro mejor.
“Con Hombres Nuevos, de la mano de Nicolás, impulsamos el Proyecto Quiénes Somos, que hermanó a miles de jóvenes de unidades educativas del Plan 3.000 y de El Alto. Nos permitió, entre otras cosas, reconstruir la historia del Distrito 8”, lo homenajeó.
Sencillez
Desde que llegó a Bolivia, Castellanos vivió en una humilde vivienda en la avenida Paurito, sin aire acondicionado, lavadora, o auto. “Peleaba con él porque no quería tener aire acondicionado, ni televisor. Le
encantaba viajar, pero nunca aprendió a manejar”, recordó Alfredo Soliz, su mano derecha.
Tampoco le gustaba celebrar su cumpleaños. Según Soliz, se escapaba para evadir las felicitaciones.
“En esa fecha me llamaba y me decía que hiciéramos algún viaje, así que nos íbamos a ver alguna obra, como por la Chiquitania. Una vez los vecinos le llevaron mariachis y se molestó, dijo que era mejor usar eso en los pobres”, contó una anécdota Alfredo Soliz, el sucesor. Tiene claro que él no es Nicolás Castellanos. “No tengo su carisma. Siempre estuvo a cien años luz, pero hago lo que puedo”, dijo, conocedor de la vara altísima.
Mientras tanto, en medio del silencio en la Ciudad de la Alegría y de su casa, hay certeza de que su legado “marcó para toda la vida”, confesó Yana.
PARA SABER
ESPAÑOL
Nació el 18 de febrero de 1935 en Mansilla del Páramo, provincia de León. Ingresó aún adolescente en la Orden de San Agustín y realizó sus primeros votos en Palencia el 10 de septiembre de 1953. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1959. Tuvo dos hermanos, el mayor vive en España, es médico y lo apoyó con visitas a Bolivia a curar a mucha gente.
ELIGIÓ BOLIVIA
En 1978 fue nombrado obispo de Palencia. En 1991 llegó como misionero a Bolivia, con un grupo de laicos y sacerdotes. Con ellos inició el Proyecto Hombres Nuevos, para mejorar las condiciones de vida de los más necesitados. Recibió muchos premios, en 1998 se llevó el galardón Príncipe de Asturias de la Concordia. Será velado hoy en la iglesia de la Plaza El Mechero. El viernes, a las 9:30, monseñor René Leigue oficiará la misa, y luego el entierro será en Memorial Park.