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Leonel (10), David (9), Dulce Elena (8), Heisy (6), Steicy (5) y Luis David (2), se zambullen y se divierten en el atajado de agua de la comunidad San Pablo, a 50 km de Concepción. Allí debieron apretujarse para pasar la noche, en casa de sus tíos que tienen dos cuartos de madera con techo de jatata en los que viven con sus cuatro hijos.

Los niños nombrados son seis de los 16 menores que la tarde del viernes fueron evacuados de la comunidad Villanueva (a 7 km de San Pablo). A los otros 10 los llevaron con familiares en Concepción, comenta Manuel Ortiz, comunario de Villanueva, donde habitan unas 50 personas de 14 familias.

Junto con ellos, 12 adultos mayores fueron evacuados, pero a tempranas horas de la mañana del sábado la mayoría ya estaba retornando para ver sus sembradíos, entre ellos doña Rosa Soquere (63) y Tiburcio Ortiz (65), los padres de Manuel, que no se resignan a dejar sus cultivos a merced del fuego.

Leonel, el mayor de los niños cuenta que “todo se llenó de humo negro, no se podía respirar”. Cuando se le pregunta si tuvieron miedo, mira a su primo Daniel, dubitan, se sonríen y dicen que no, con poca convicción.

Al llegar a la comunidad Villanueva, ayer a las 11:00, se veía un paisaje cubierto por una capa de humo en los alrededores. En pocos minutos, el fuego empezó a avivarse por el viento. Un sargento, al mando de 16 militaresllegados desde Cochabamba, comentaron que el día anterior habían hecho brechas para evitar que el fuego avance. Sin embargo, el fuego consumió sembradíos de plátanos, guineos, café y moringa, cuenta Manuel Mojica, otro comunario.

Los niños deben soportar, junto a sus padres, una migración obligada por la intensidad de las llamas.

El sargento dice que les ordenaron replegarse porque el avión Supertanker debía hacer una descarga en esa zona, pero la hora no era precisa.

Desde la casa comunal, en el centro del pueblo, EL DEBER llegó hasta un platanal que había sido consumido por el fuego. Mientras se hacía un recorrido por la zona con Melchor Putaré, uno de los comunarios afectados, a pocos metros se escuchó el crepitar del fuego que, con paso constante y alentado por el viento, tritura todo lo que se le ponga en el camino.

“Desde hace 21 días que estamos luchando, lo controlamos y otra vez se aviva el fuego; hace falta más ayuda”, dice Putaré, sintiendo el fuego que cinco metros detrás suyo, va creciendo hasta hacerse sentir en sus partes desprovistas de alguna prenda, la nuca y los pies. Ante ese escenario, salir del lugar es imprescindible pues los árboles que son debilitados en sus raíces por las llamas, pueden venirse abajo en cualquier momento y sin previo aviso.

“Yo ya perdí mis 4 hectáreas de plátano y café, ahora temo por mis vacas, mis chanchos y mis gallinas, que son lo único que me queda, pero hasta los animales ya están afectados por el humo”, dice Manuel Ortiz, mientras trata de emular los ruidos que hacen sus chanchos al inhalar humo.

La situación en general en las comunidades de Concepción es crítica. EL DEBER hizo un recorrido por San Silvestre y Bella Vista, en la zona este de esta comuna, donde se evidenció la existencia de fuego que dos días atrás fue controlado antes de llegar a los cultivos y cuyos comunarios se han internado a poblaciones más alejadas para ayudar a combatir las llamas, con la esperanza de que así no lleguen a sus tierras.

En Bella Vista, las cenizas de lo que era una barraca, incluida una camioneta, quedan como muestra de que el fuego estuvo a 50 metros de algunas casas.

Por el oeste, en Limoncito, San Fermín y Santísima Trinidad, hay brigadas de voluntarios en los costados del camino donde el fuego parece jugar con ellos al gato y al ratón. No tardan en controlar un foco, que ya se ve el humo en otro punto y parece una tarea que no tuviera fin.

En esos trayectos hay árboles cuyas raíces atacadas por el fuego cedieron dejando caer los troncos en medio de los caminos. Hace unos días un equipo de EL DEBER se vio imposibilitado de salir deuna zona de fuego durante horas, porque un árbol cerró el camino y solo la aparición fortuita de personas que tenían una motosierra permitió abrir de nuevo la vía.

En ese contexto, los Cascos Blancos del Ejército Argentino que sentó su base de operaciones en la sede de los ganaderos de Concepción, realiza evaluaciones en la zona por donde montará una base de avanzada para la logística de sus operaciones.

El capitán Miguel Ángel Alonso, a cargo del grupo, señaló que para anoche se tenía prevista la llegada del segundo contingente y que hoy se coordinarán acciones con el Ejército boliviano y los bomberos voluntarios para definir las zonas donde van a intervenir.

Policías Militares, provistos de los equipos necesarios, trabajan para aplacar las llamas en Concepción.

Desde San Javier

San Javier, municipio donde semanas atrás los incendios no habían llegado con fuerza, tiene como un factor desfavorable la sequedad de la zona, lo que genera mayores probabilidades de incendios en propiedades ganaderas y comunidades de la comuna, que se pueden originar con una mínima chispa.

En los alrededores de la comunidad Urkupiña es latente el temor ante el sonido del fuego que va consumiendo gran parte del monte, por lo que se ha concentrado en este lugar a bomberos, militares y brigadas de ayuda a fin de combatir los focos de incendioque avanzan y aún no se han extinguido en su totalidad, puesto que se reactivan constantemente.

En un recorrido de casi dos horas desde el centro urbano hacia la comunidad Urkupiña, se puede evidenciar gran cantidad de pastizales secos en las diferentes propiedades ganaderas.

Las comunidades no son ajenas a esta situación, muchas quebradas y manantiales están sin agua, los atajados con un nivel bajo del líquido elemento o en otros casos extremos sin nada, ejemplos que muestran lo difícil que está siendo esta temporada.

A caballo se mueven los voluntarios en las vías de Concepción.

A la falta de agua para el consumo del ganado, se suma el pasto seco. Para mitigar esta situación el Gobierno nacional ha dispuesto para San Javier de 155 rollos de pasto y 4 toneladas de sal mineral, los mismos que son distribuidos tomando en consideración que los beneficiarios estén inscritos en el Registro Único Nacional de Sanidad Agropecuaria (Runsa), aunque no todos están afectados por los incendios, pero sí por lasequía y las heladas, por esta razón el Senasag en San Javier realiza una distribución equitativa a ganaderos y comunarios.

La escasez de agua en las comunidades ha sido paliada con un cisterna de la empresa privada Agrocentro de la población de San Julián, que durante dos semanas lo puso a disposición del Centro de Operaciones de Emergencia Municipal (Coem) y con ello cada día se pudo llegar con agua a los lugares más alejados y con más necesidad.

Una brigada de médicos del hospital municipal recorrió cada día las comunidades llevando atención y medicamentos, además se distribuyeron alimentos para apoyar a los bomberos o brigadistas que combaten los incendios en los lugares que podrían estar más afectados.

Un trabajo incansable es el que realizan los bomberos municipales, que están pendientes de cualquier emergencia que se presente ante un foco de calor, la verificación de campo es imperativa, para luego planificar y atacar el punto para que las llamas no se descontrolen y avancen.

La dotación de equipos y herramientas a sido muy importante, por ello instituciones gubernamentales, ONGs, empresas privadas y particulares, que han sumado esfuerzos para generar un gran movimiento con el propósito de que la ayuda llegue al fin específico y no sea mal utilizada o desperdiciada.

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