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"Hola papito: Sé que debés estar por preparar la cena navideña, así que solo sentate un ratito. Hoy se cumplen cinco meses desde el naufragio de muchas de mis emociones. Cada vez mi corazón resiste más en lo profundo y soporta más la angustia, aunque hay días como hoy, en los que ni un oxímetro ni un estetoscopio pueden convencerlo de que la presión que siento en mi pecho es normal, o que ya se irá. Solo él y yo sabemos todo lo que hemos aprendido en las profundidades (...)", empieza un catalizador texto Carmen Urenda.

La Navidad y el aniversario del deceso de Óscar Urenda sacaron a la superficie  profundas emociones en su hija, sumadas a la sensibilidad de haber dado positivo a Covid-19.

Según Carmen, Urenda preparaba la comida para todos sus hijos, yernos y nueras, nietos, bisnietos y, en algunas ocasiones, para su consuegra y cuñados también. 

"Le encantaban las mesas largas, repletas de nosotros, de nuestras charlas cruzadas, de nuestros planes de viajes o de algún novedoso emprendimiento. Disfrutaba mucho de tenernos como gallina con sus pollitos. Que todos queden contentos y, por supuesto, que le digamos que la comida salió deliciosa", recuerda Carmen.

Dice de su papá que era un maravilloso anfitrión y que no le costaba hacer sentir como en casa. "Nunca faltó el amor en nuestras navidades. Si bien algunas han sido 'correteadas', porque las familias políticas fueron en aumento con los años, era ley estar en un rango de tiempo en la Nochebuena todos juntos, para abrazarnos, brindar y besarnos. Eso sí nunca faltó, muchos besos. Nos llamaban los 'besuqueiros'", se emociona.


Foto: Carmen con su querido progenitor

La descendiente de Óscar Urenda dice que la buena mano es talento heredado de sus padres, ya que su abuela cocinaba para la familia grande.

"Las cenas navideñas eran multitudinarias, había un menú especial, entrega de regalos, etc. Una vez ambos murieron, los hijos comenzaron a hacer lo mismo. Papá siempre fue buen cocinero, se relamía además, cada vez que hablaba de algún plato que quería", lo recuerda.

Desde la época de la abuela, en la mesa navideña siempre hay mousse de palta, arroz con aceitunas negras, picante de langostinos, cerdo con ciruela y scones (pancitos). "Estoy tragando del deseo y no siento nada por el gusto ni el olfato. Sin querer me transporté a la Navidad, tal como la recuerdo", se emociona.

Carmen dice que, ahora que vive en carne propia el Covid-19, aunque leve, pudo ponerse en el lugar de su papá, "en una milésima porción de lo que pudo haber sentido él y sí, sentí miedo. Con un solo día difícil que tuve para meter aire, solo pensaba en lo efímera que es la vida, y de los que nos rodean. Un día estás y al otro no", reflexiona.

Confiesa que será una noche dura, no solo por la ausencia, sino porque todos están separados por la coyuntura, y porque algunos se encuentran aislados debido a la situación. Uno de los hijos de Carmen también dio positivo, pero es asintomático.

Foto: Óscar Urenda hogareño, lejos del hombre de voz potente de las noticias

"Tu silla estará puesta en mi mesa. Estarás presente como todos los días de mi vida", finaliza Carmen las líneas que dedicó a su papá.

Aclara que la silla vacía es algo simbólico. Desde que se fue, en cada actividad que hacen en familia, está su foto acompañándolos. "Quizás muchos no comprendan cuánto 'espacio' ocupaba él en nuestras vidas. Creo que solo quien lo conoció, en su esencia, sabe lo 'llenador' que era su amor, su entrega, su preocupación por uno", argumenta.

Aunque ya están más tranquilos todos, Carmen confiesa que cuesta entender la ausencia. "Pensar en que pudo detenerse en cierto punto y dar un paso al costado para que hoy esa silla no esté vacía. Pero si no hubiera continuado, no hubiera sido Óscar Urenda, el hombre más metido en sus casillas del mundo", finalizó.



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