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A Nidia (nombre ficticio) se le murió el esposo por coronavirus. Era vulnerable, tenía diabetes y ya le habían amputado una pierna. Ella es VIH positiva, todavía no sabe si tiene Covid-19, igual que su hija.

A su esposo iban a enterrarlo en fosa común, era lo que su economía le permitía, pero le salvaron el momento unos amigos, que consiguieron nicho. Encontrar comida ya era complicado durante la cuarentena, a veces tenía que hacer fila en la olla común de su barrio, otras lavar ropa para ganar unos pesos. El restaurante en el que trabajaba dejó de atender debido a la emergencia sanitaria.

Dentro de todo, tiene la suerte de vivir en zona urbana, así que se aprovisionó de los medicamentos gratuitos para tratar el VIH, ante el anuncio de la cuarentena.

Alisa (26) vive con VIH/SIDA en una comunidad rural en La Paz. Cada dos meses viaja al menos seis horas para recoger sus medicamentos. Su comunidad no tiene un centro de VIH y si los vecinos descubren que vive con VIH, podría enfrentar el estigma y la discriminación. 

Durante la cuarentena por Covid-19, Alisa no puede viajar y no ha tomado sus medicamentos para el VIH desde el 7 de abril.

Según Gracia Violeta Ross, fundadora de la Red Boliviana de Personas que Viven con el VIH y becaria de las Nuevas Voces del Instituto Aspen 2020, si bien las medidas adoptadas ayudaron a aplanar la curva y evitar una mayor propagación del coronavirus, el enfoque no consideró adecuadamente las necesidades de las personas que viven con enfermedades crónicas, desde el VIH/SIDA hasta la diabetes. 

"Estos grupos necesitan medicamentos regulares (y con frecuencia diarios), que han sido difíciles o imposibles de obtener; requieren un cuidado constante que se descuida; necesitan chequeos y tratamientos regulares que se retrasan indefinidamente", sostuvo.

Según ella, si no se realizan modificaciones a las estrictas medidas de cuarentena en Bolivia y en otros lugares, y se establecen políticas proactivas para atender a los que ya están enfermos, se verá un incremento en las enfermedades crónicas y sus complicaciones.


Los pedidos

Como organización hacen algunas recomendaciones. La primera tiene que ver con garantizar opciones de transporte y servicios de entrega gratuitos de los medicamentos. "Si bien algunas ONG ahora brindan estos servicios en algunas áreas urbanas, el problema está en las áreas rurales pequeñas, como en la que vive Alisa", dice Ross. 

También sugiere el acceso a medicamentos por períodos de tiempo más largos. "Por ejemplo, de 3 a 6 meses, como lo recomendó la Organización Mundial de la Salud desde 2016.  Menos visitas a los centros de salud para el recojo de medicamentos y recetas de varios meses para las personas con VIH alivian la demanda sobre el sistemas de salud y sobre los pacientes. Algunos lugares ya están innovando. Por ejemplo, en la ciudad de Cochabamba, las personas con VIH tienen al menos seis puntos para recolectar sus medicamentos. La descentralización de los servicios tendrá beneficios que durarán mucho después de que el brote esté bajo control", compartió.

Sin duda algunos tratamientos son más complicados y requieren citas diarias en los centros de salud. "Ahora es el momento de implementar el Tratamiento Observado por Video VOT (por sus siglas en inglés), que consiste en observar el tratamiento a través de videollamadas y/o mensajes de texto, cuando la tecnología es accesible. Además, está la implementación del  DOTS Comunitario (Tratamiento Diario Observado, siglas en inglés) con el apoyo de un miembro de la familia o un trabajador de salud de la comunidad que observa la ingesta de tratamiento, esto es exitoso incluso en áreas rurales", sugirió.