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El pasado 11 de julio falleció, a los 93 años, uno de los personajes más queridos de Montero: Mario Pani Mulas, sacerdote salesiano, que cinco décadas de su vida las dedicó al servicio de lo que es hoy una las zonas más pobladas de la capital norteña.

Su partida originó un hondo pesar en los pobladores de esa ciudad y en especial de los vecinos de La Floresta, donde se construyó la parroquia San José Obrero, con capacidad para 900 personas, una de las grandes obras que ejecutó en vida este religioso italiano.

Un poco de historia

Según gente del barrio La Floresta, a comienzos de la década de los años 70 llegó a Montero un ‘cura’ que revolucionó uno de los barrios más poblados y humildes de Montero. 

“Llegó en el momento justo. Dios nos lo mandó”, dice la señora María Luisa, que ya sobrepasa los 70 años, pero en su momento fue quien, junto a sus padres, Marciano y Facunda, se convirtieron en fieles asistentes de las misas que aquel joven extranjero, con un castellano raro, amable y pintón hizo posible que los habitantes de la zona ya no tengan que ir a pie o en mototaxi a participar de las eucaristías matinales a la iglesia de la plaza principal, que queda a una veintena de cuadras.

La novedad era que, en aquella casona, ubicada entre las calles Agustín Saavedra y Libertad, con techo de tejas, muy pocas en una época en la que predominaban las casas de motacú, empezaba a celebrar la santa misa un sacerdote, que para niños y adultos se hacía querer por su humildad y carisma.

“Cuando acaban las misas todo el mundo se le abalanzaba para tomarle la mano y lograr su saludo. No tengo dudas que el padre Pani ha sido un fiel hijo de Don Bosco (fundador de los Salesianos)”, dijo Marwick, cuarentón e hijo menor de la señora María Luisa, aún vecina de La Floresta.

Así fue en vida el padre Pani que formaba parte de los religiosos del colegio Muyurina, ubicado a unos metros del ingreso al pueblo por el lado sur.

Sus obras

Con el tiempo, los feligreses de la zona y del pueblo fueron testigos del emprendimiento de este párroco, que hizo de la precaria Casa de Dios de La Floresta un lugar donde se empezó a transformar la vida de muchas personas.

Los niños tuvieron un espacio para el esparcimiento; los jóvenes disfrutaron de campeonatos de futsal, fútbol y básquetbol en escenarios deportivos que después se construyeron más allá de la gran cancha que existía al frente de la iglesia, hoy convertida en una hermosa plaza.

Y de ahí no pararon las obras. Concretó proyectos sociales y educativos destinados a los niños de familias pobres y la apertura de comedores, entre otros. También destaca la creación de una cooperativa de vivienda, que benefició a la fecha a más de 600 familias.

“La última obra del padre Pani fue el comedor para la tercera edad en 2011. Hizo posible que el adulto mayor tenga un lugar para compartir”, dijo Adela Saavedra, voluntaria a cargo de este centro, que cubría esta responsabilidad gracias a los recursos económicos que el padre Pani gestionaba.

En vida, este aficionado a la fotografía y profesor de matemáticas fue motivo de muchos homenajes por las autoridades de Montero. Sobrados méritos hizo para merecerlo.