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El partido contra los prejuicios: Mujeres que desafían los limites

Lunes, 18 de mayo de 2026 a las 21:15
El deporte ayudó a la integración de mujeres con amputaciones | AB

Las integrantes del primer equipo femenino de fútbol para personas amputadas en Bolivia encontraron en la cancha mucho más que un deporte: hallaron amistad, autoestima y una nueva oportunidad para enfrentar los miedos y desafiar las barreras que impone la sociedad.

En una cancha de Santa Cruz no solo rueda una pelota. También ruedan historias de lucha y de mujeres que decidieron volver a ponerse de pie, incluso cuando la vida les arrebató una parte del cuerpo.


Los entrenamientos se repiten cada jueves y sábado. Entre muletas, prótesis, risas y sudor, 14 mujeres desafían las miradas ajenas y también sus propios miedos. Son jugadoras del primer equipo de fútbol femenino para amputadas en Bolivia, un proyecto que busca mucho más que competir: quiere devolver confianza, autoestima y esperanza.


La iniciativa nació a miles de kilómetros de Bolivia, en Houston, Texas. Allí, un encuentro fortuito entre el médico Fred Sorrells y la boliviana Elizabeth Bress —ex Señora Bolivia International 2004, exmodelo, actriz y actual presidenta de SOS Medical— sembró la idea de formar un equipo que hoy sueña con representar al país en el Mundial de Fútbol para Amputadas 2027.

Cicatrices invisibles

Irma Hidalgo, de 28 años, todavía recuerda los años de dolor provocados por una enfermedad cuyo nombre aún desconoce. La amputación llegó como el final de un sufrimiento físico, pero también como el inicio de otra batalla: aceptar una nueva vida.


La depresión, la tristeza y la soledad aparecieron después de perder una pierna. “Pero con la ayuda de Dios”, dice ella, logró salir de la oscuridad. El fútbol terminó convirtiéndose en un refugio inesperado.


En la cancha encontró algo que no sabía cuánto necesitaba: otras mujeres que entendían exactamente lo que sentía.


Entre ellas está Juana Choque, quien aún revive el accidente que cambió su vida. Hoy asegura que en el equipo encontró amigas con quienes compartir no solo el deporte, sino también las heridas emocionales que deja una amputación.


Filomena Lima coincide. Para ella, sus compañeras se transformaron en una familia. “Nos tenemos unas a otras”, cuenta, convencida de que la verdadera fuerza aparece en los momentos más difíciles.


Sandra Méndez nació sin un miembro superior. Ella reconoce que crecer así es distinto a perder una extremidad con el tiempo. Sabe que aceptar un cambio repentino puede ser aún más duro, y por eso admira profundamente a sus compañeras.


Mariel Cruz también carga recuerdos imposibles de borrar. El accidente que sufrió no solo le quitó una parte del cuerpo; también le arrebató la seguridad en sí misma. Antes de llegar al fútbol sentía vergüenza de usar shorts o caminar por la calle mostrando su prótesis. Hoy corre detrás de una pelota con la cabeza en alto.


El entrenador Miguel Gutiérrez observa cada práctica desde un costado de la cancha, aunque asegura que es él quien más aprende. Dice que estas mujeres le enseñaron a no rendirse y a seguir adelante pese a cualquier obstáculo.


Las entrena como a cualquier otro equipo. Exige disciplina, constancia y esfuerzo. Sin embargo, admite que le sorprende la evolución física y emocional que han tenido desde que comenzaron. Más fuerza corporal, más confianza, más sonrisas.


Porque aquí el fútbol no solo sirve para marcar goles, sirve para volver a mirarse al espejo sin miedo, para salir nuevamente a la calle y para entender que una amputación no significa el final de la vida.


Roxana Vaca, una de las impulsoras del proyecto, invita a más mujeres de Santa Cruz y de todo el país a sumarse al equipo. A perder el temor, a animarse a vivir una experiencia distinta y a descubrir que no están solas.


En cada entrenamiento queda claro que el verdadero partido no se juega únicamente dentro de la cancha. Se juega contra los prejuicios, contra la vergüenza y contra las barreras que muchas veces impone la sociedad.


Estas mujeres ya entendieron algo que pocos logran comprender: que los límites no están en el cuerpo, sino en la mente.

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