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El sol retrasa su salida y se rehúsa a acompañar a los más madrugadores. La ciudad despierta lentamente mientras un centenar de canillitas se despliega por los cuatro puntos cardinales para acercarle el ejemplar impreso de EL DEBER. A esa misma hora, la sintonía de EL DEBER Radio irrumpe en una infinidad de hogares para desear los buenos días y acompañar, durante toda la jornada, a la fiel audiencia.

Marcelo Huanca (37 años de ejercicio) lleva una hora preparando el programa para arrancar la mañana con la actualidad nacional y mundial en EL DEBER Radio. Son las 6:00 de la mañana y Huanca pone la voz en “A primera hora”. Durante dos horas comparte entrevistas e información que se genera en el país.

La tecnología aceleró la modernización periodística; la pandemia obligó a echar mano y normalizar un periodismo diferente. Ahora, el zoom permite el encuentro de periodistas y entrevistados mientras las preguntas, las mismas de siempre, siguen indagando sobre esas historias que se desean revelar.

El Covid-19 golpeó con dureza, y desde todos los frentes, al periodismo. Una veintena de periodistas fallecieron en el país aquejados por el coronavirus. Muchos otros han padecido el rigor de la enfermedad. A todos, el coronavirus les ha restringido el contacto con la gente, la esencia propia de un periodismo de servicio. Ahora, el WhatsApp y el teléfono se han convertido en medios para llegar a las fuentes, aunque no del todo, pues la vivencia y la realidad, solo se las encuentra en la calle.

“Sigo haciendo el mismo periodismo que hago desde mi primer día”, manifiesta Guider Arancibia, un referente del periodismo nacional con más de 30 años de carrera. En cuanto puede, Arancibia busca el contacto con la gente, la conversación con sus fuentes.

Confiesa que la pandemia le impide “salir a las calles” como siempre lo hacía; pero, a pesar de ello, comienza su jornada contactándose con sus fuentes. Aunque sea, un saludo, un “buenos días”. Más adelante indagará con ellas algunos temas que, más que seguro, marcarán la actualidad.


Guider Arancibia durante su jornada de trabaja. Foto: Jorge Gutiérrez

El día del periodista boliviano se celebra desde 1938. Germán Busch estableció la conmemoración para recordar la ejecución del periodista Cirilo Barragán decretada por el expresidente Mariano Melgarejo, el 10 de mayo de 1865. Un artículo que molestó al mandatario fue el detonante para la cruel sentencia.

El director general de EL DEBER, Pedro Rivero Jordán, evoca esta jornada como una oportunidad propicia para “reafirmar el compromiso ineludible y permanente en la búsqueda de la verdad y en el servicio a la comunidad”. Rivero inició su caminar periodístico colaborando a su padre y desempeñó todas las facetas dentro de una redacción. “Es un oficio imposible de cumplir sin pasión, responsabilidad, ética y compromiso inquebrantables”, aconseja el experimentado periodista.

Como cada 10 de mayo, Rivero recuerda el aporte fundamental de los periodistas y trabajadores de este medio para convertirlo en el referente del periodismo nacional. “EL DEBER no solamente es obra de sus mentores y maestros. En su construcción como medio líder confiable y referente participaron e hicieron escuela generaciones de periodistas que supieron asimilar y cultivar esos valores y principios inspiradores”, valora.

La Asociación Nacional de la Prensa (ANP) aglutina a los principales diarios, periódicos y medios de comunicación escritos de Bolivia. Con motivo de la festividad, “expresa su homenaje a los periodistas que, a pesar de las dificultades derivadas de la pandemia, continuaron cumpliendo su labor de llevar a la gente la información más confiable, orientadora, oportuna y responsable”.

La ANP “valora en alto grado el compromiso de los periodistas” y reconoce el esfuerzo de los profesionales por “mantener informada a la ciudadanía sobre temas de interés como la salud, la seguridad ciudadana o la compleja dinámica de la vida política boliviana, aún a pesar de los riesgos que rodean a estas fuentes de información”. La organización periodística anima a los periodistas para continuar con “dedicación en la búsqueda de la verdad y la difusión de mensajes bajo las normas y principios éticos, legales y de servicio al interés común de bienestar en un marco de justicia y equidad”.

En Bolivia, trabajan unos 12.000 periodistas que alimentan más de un centenar de impresos, 1.800 emisoras de radio y 840 canales de televisión. Se suman la creciente oferta de medios digitales que replican gran parte de la información que se produce en los canales tradicionales.


El equipo multiplataforma de EL DEBER que cubrió el proceso electoral 2019, antes que la pandemia impusiera el teletrabajo

La pandemia también alteró la rutina de Beatriz Ávalos (cumple los 30 años de ejercicio). “Mi incursión en la web coincidió con los inicios de pandemia de Covid-19 y también con la crisis política que vivió el país a fines de 2019”, confiesa.

Ávalos sintió desde muy joven la inquietud del periodismo. “Estaba en el colegio cuando tomé la decisión de estudiar Comunicación Social”, afirma. Estaba decidida a pesar de la insistencia de su familia para que se decantase por medicina o bioquímica. “Mi pasión por la escritura, la lectura y la curiosidad pudo más”.

La web impone su propia rutina. Redactar para los entornos digitales (redes sociales y página web) supone una forma diferente de ver el periodismo. “El ritmo de trabajo es mucho más intenso e igual de apasionante”, comenta Ávalos. El periodismo digital acompaña el proceso de las noticias mientras se desarrollan. La audiencia está atenta y reclama la actualización de los hechos. Es una construcción permanente.

Cada sábado participa en el programa ¡Qué Semana!, aunque el resto de los días lidera el equipo de cultura, sociales y servicios de EL DEBER. Sandra Quiroga suma 11 años de ejercicio “en un oficio que me llena de satisfacción y me ofrece una remuneración emocional diaria”.

Al igual que toda la familia EL DEBER, la pandemia ha impuesto una forma de trabajo diferente. “Desde los suplementos de servicios, tanto en el impreso como en la web, hemos acompañado la cuarentena con información que aliviaba el encierro”. La sección se enriqueció con recetas de cocina, sugerencias de películas, rutinas de ejercicios y muchos consejos prácticos para aprovechar el tiempo.

“Me gusta mucho el periodismo social, aquel que ayudará a alguien o a varias personas y no solo informara. Ese que requiere trabajar una nota como una obra de arte, que conmueva y transmita emociones”. Quiroga tiene en claro que el periodismo repercute en la vida de las personas y anhela que esa incidencia sea siempre para mejorar la vida.

Igual pensamiento motiva a Ávalos. “Estoy convencida de que nuestro aporte en la sociedad fue, es y siempre será valioso”, afirma. “Cada día es una experiencia nueva” y un aprendizaje permanente. Para la editora de la web de El deber, el periodista no debe “aprovecharse de esta noble profesión para alcanzar otros fines (especialmente políticos)”. El verdadero periodista vive para “servir a la sociedad”.

La veteranía de Arancibia es una lección de humildad para los nuevos periodistas. “Hacer periodismo no significa figurar ni convertirse en famoso, es un servicio a la sociedad”, señala. Su pasión por la profesión perdura gracias a su compromiso con la información. “Representamos a la sociedad”, matiza, “cuando sacamos a la luz esas historias que la gente grita y nadie oye, cuando logramos poner algo de justicia en esas historias que encuentran un altavoz en nuestras publicaciones”.

Hoy, como tantos días, los periodistas celebran su día haciendo lo que más les gusta: encontrarse con las audiencias a través de los relatos de una sociedad viva y en acción.


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