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Le volvió el alma al cuerpo. Ahora está internado en el hospital San Juan de Dios, en Santa Cruz de la Sierra, luego de lo que consideró un suplicio en Montero, donde trabaja como técnico el laboratorio para el Pediátrico del Hospital Alfonso Gumucio Reyes.

Reinaldo Onofre dio positivo al covid-19. Dice que ya tenía los síntomas y que 'nadie la daba pelota', que lo quisieron obligar a hacer un turno a pesar de su estado difícil de salud, que le exigieron poner un reemplazante que debía pagar de su bolsillo, en su condición de empleado por contrato. Las presiones calmaron cuando llegó el resultado de los análisis, pero dice que la atención no mejoró.

"Me mandaron a hacerme análisis, a esperar bajo el sol, sin poder respirar, el guardia no quiso ni comprarme una botella de agua, sentí discriminación. Me hicieron caminar una cuadra, pensé que iba a desmayarme, que iban a darme una silla de ruedas", recuerda.

Lo internaron, pero cuando sus colegas en Montero vieron que su cuadro exigía mejor atención, se movilizaron a través del ente colegiado de bioquímicos. Le consiguieron un espacio en el San Juan de Dios.

"Acá me sentí bien tratado, me preguntan todo el tiempo cómo me siento, están pendientes", confiesa. Pero reconoce que igual que en el municipio del que viene, no le dan los medicamentos. "En el Gumucio no manejan un buen protocolo, no sabían ni qué me iban a poner, debían darme ellos la hidroxicloroquina, pero me dijeron que no tenían. Me aseguré y me compré diez tabletas, también la azitromicina porque ni eso estaban dándome, aunque sí me estaban colocando antibiótico. Acá en el San Juan de Dios también seguí comprando yo la hidroxicloroquina porque no hay, me hago traer de Montero", reconoce.

Reinaldo contagió a su esposa, su hijo de dos meses, su suegra, su cuñada y su sobrina de cinco años, que se encuentran en el Centro Ana Medina.

La residente del Alfonso Gumucio que prefirió el anonimato pasó momentos complicados tras dar positivo al covid-19. Su seguro de la Caja Bancaria le cubrió el virus y a partir de eso momento buscaron un espacio sin éxito en varios sitios de Santa Cruz de la Sierra, como el centro del distrito 5. "Ahí nos dijeron que no había espacio ni médicos, así que al final me quedé en el Gumucio porque es donde trabajo, gracias a las gestiones de un médico", cuenta desde su cama en la Unidad de Cuidados Intermedios.

Cree que el hospital tendría que darle los remedios, "pero dicen que no tienen, así que los están comprando los residentes. No sé como hacen mis colegas pero ellos me consiguen todo, como la azitromicina, creo que buscan de muestras médicas, no lo sé, pero no es el hospital el que me da los remedios", lamenta.

Sobre la hidroxicloroquina, está siendo moniteoreada de forma permanente, ya que tiene una enfermedad cardiaca de base.