Escucha esta nota aquí

Sebastián Piñera aseguró que Chile enfrenta una “guerra contra un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie”, como describió a los sectores movilizados contra las medidas de ajuste en el Metro de Santiago y grupos más radicalizados que protagonizaron hechos vandálicos. 

Por esta razón, el Gobierno amplió el toque de queda a las ciudades de Valparaíso y Concepción, y ordenó la misma medida por tercera noche consecutiva en la capital chilena.

El estallido social provocó, al menos, 11 muertos, decenas de heridos y detenidos. 

Para ganar esta “batalla” el Gobierno declaró ya el estado de emergencia, totalmente o en algunas de sus comunas, en 10 de las 16 regiones de Chile: la Región Metropolitana (en la que se ubica Santiago), Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Maule, Concepción, Bío Bío, 0’Higgings, Magallanes y Los Ríos, donde continúan las protestas.

En virtud de esta medida, se han desplegado miles de militares para tratar de recomponer el orden público, alterado hasta el punto de configurar algunos escenarios callejeros propios de un frente de guerra.

 Si el detonante del conflicto fue el aumento de la tarifa del metro, con el correr de las horas las protestas se hicieron eco de otras reivindicaciones en una sociedad que incuba desde hace años descontento con un modelo económico cuyo acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una alta desigualdad social, bajas pensiones y alza de los servicios básicos. “La gente está aburrida, está cansada, está dolida porque es mucho”, dice Solange, una maestra que se manifestaba en el centro de Santiago.

Llamado a la calma

La expresidenta y actual Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet conminó a Piñera a respetar los derechos humanos y adoptar medidas para calmar la grave tensión que enfrenta el país. Miles de personas manifestaron en la céntrica plaza Italia de Santiago y las protestas se mantuvieron en varios puntos de Chile.

“Que se vayan los milicos”, gritaban los manifestantes en la Plaza Italia, en abierto desafío a las fuerzas militares y policiales que resguardan el centro de la capital chilena, bajo estado de emergencia. Bailando, caceroleando y aplaudiendo con fuerza cada vez que sobrevuela un helicóptero militar, los manifestantes coreaban: “Ohhh... Chile despertó; Chile despertó...” “Va a correr sangre. Nos cerraron las puertas de todas las cosas”, dice a la AFP Adrián Castillo, un dentista de 30 años, que portaba una pancarta en que se leía: “fuera Piñera”.

Y pese a los llamados a la calma del gobierno, la intensidad de las protestas no cede, obligando a las autoridades a decretar por tercer día consecutivo un toque de queda en Santiago y otras ciudades del país. Hasta el momento, “la cifra de fallecidos oficiales que tenemos que lamentar en estos últimos dos días es 11”, dijo Karla Rubilar, intendenta (gobernadora) de la Región Metropolitana.

Saqueos y represión

Las muertes han ocurrido en su mayoría a causa de incendios de instalaciones en medio de los extendidos saqueos. El Partido Comunista denuncia la muerte por un disparo policial de un joven ecuatoriano en la ciudad de La Serena.

El ministro de Salud, Jaime Má- ñalich, informó de su lado que hay 239 civiles heridos, ocho de ellos en riesgo vital. El titular de la cartera de Interior, Andrés Chadwick, dijo que 50 policías y soldados también resultaron heridos, en tanto la Fiscalia dio cuenta de 2.151 detenidos en todo Chile. El Instituto de Derechos Humanos reporta en tanto 37 heridos por arma de fuego.

En un ambiente de gran tensión, con varios focos de protesta, los chilenos abordaban el primer día laboral tras el estallido de las manifestaciones más violentas desde el retorno a la democracia en 1990 con el fin de la dictadura de Augusto Pinochet. Muchos empleadores cancelaron las jornadas de trabajo y las clases estaban suspendidas en prácticamente todos los colegios.