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El fuego hizo que los animales pierdan peso y pasten en medio de las cenizas. Los niños, hombres y mujeres, se enferman por respirar aire contaminado, y los pequeños fruticultores pierden la producción de cítricos en Roboré.

Un ejemplo claro de esta situación es Juan Manyo, que ahora pastorea sus hambrientas vacas cerca de la carretera que une Roboré con Puerto Suárez, y aunque las laderas del camino están ennegrecidas por el paso del fuego, sus animales aprovechan los pequeños brotes de hierba que emergen en medio de las cenizas. No le queda de otra, afirma, la sequía y el fuego han dejado un manto negro en su comunidad: San Andrés. “Aquí (en la carretera) más bien no se quemó del todo, hay brotecitos. Allá (en San Andrés) no llueve y no hay agua, y el humo nos tiene enfermos”, afirma el pequeño ganadero. Una situación similar se vive en Quitunuquiña, Juan Félix Parabá, un pequeño ganadero y productor de limones y yuca.

Su propiedad está a unos metros de un cerro donde el fuego encontró refugio. “Estamos enfermos por el humo, tuve que largar a mis vacas para que no se mueran”, dijo.

En esa misma zona, Roy Tomichá, dijo que hay preocupación. “No solo porque se queme la tapera de uno, sino porque se quema el campo; y entonces, ¿qué vamos a vender para vivir?”, enfatizó.

Efectos en la salud

Rosmery Osinaga, está apurada se le hizo tarde para preparar los alimentos de la olla común de los cientos de voluntarios. La demora se dio porque llevó a sus niños a que los atiendan las brigadas médicas. “El humo me los tiene enfermos a mis dos niños”, cuenta la mujer mientras pica vegetales.

Claudia Elena Machaca, médica voluntaria, señala que por el humo se han disparado los cuadros de conjuntivitis, faringoamigdalitis y bronquitis. “Llevamos 20 días tratando de ayudar a los comunarios. Lo peor es que también se están presentando cuadros de gastroenteritis, porque las cenizas dañan la calidad de agua de los ríos y pozas”.

 

Los efectivos policiales saciaron el hambre con sopa instantánea

UTOP, con necesidades

Cerca de 70 efectivos de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) acampan desde hace dos semanas en la plaza de San Juan de Taperas, comunidad de San José de Chiquitos, una de las muchas afectadas por el fuego.

Están colaborando en segunda línea a los bomberos forestales.

Difícilmente se quejan de las condiciones precarias para desarrollar su trabajo, pero están ahí, durmiendo en carpas, alimentándose de las donaciones. Ayer almorzaron sopa instantánea con fideo.

Hasta la semana pasada no tenían mochilas forestales, ni siquiera las fumigadoras, la mitigación del fuego la realizaban con bidones de agua de cinco litros, los mismos que reciclaban de las donaciones, y que acarreaban entre una y tres horas de caminata, dependiendo de la ubicación de los focos de incendio.

Treinta de ellos son jóvenes voluntarios puestos a sus órdenes.

Un chofer se lastimó al tratar de sacar el vehículo del arenal

Todos llegaron en micros que no tienen doble tracción y que los llevan hasta donde el terreno arenoso lo permita.

Ya uno de los choferes, que llegó ‘enchancletado’, se cortó el pie tratando de sacar el vehículo cuando se plantaron (foto). Ni bien ocurrió eso, los trabajadores de YPFB enviaron botines, facilitándoles la labor. Uno de ellos, que evita dar su nombre, dice que, aunque lo pidieron, no convencieron a los militares de que los trasladen hasta el fuego con sus vehículos ‘caimanes’, aventajados con 4x4.

Las colonias menonitas han tratado de ayudarlos, ofrecieron sus máquinas, pero falta el combustible para hacerlas funcionar.

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