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Samanta Pariente (26) dice en tono de broma: “Ya pienso que soy inmune al coronavirus”. Sonríe y agrega: “No he presentado ningún síntoma ni malestar que dure más de dos días en estos meses”.

Desde abril ella se tuvo que enfrentar al virus en primera línea, era una de las técnicas que tomaba las muestras de hisopado a los sospechosos de Covid-19 en el laboratorio del hospital Japonés. En el ingreso de emergencia del Japonés hacía el procedimiento a cada paciente sospechoso. 

Durante la tormenta epidemiológica, en el hospital Japonés llegó a tomar hasta 50 muestras en un solo día. Ya pasaron nueve meses desde que se hizo cargo de esta labor y hasta ahora no enfermó.

En este tiempo, Samanta a diario puso a prueba su templanza. Recuerda que un día debía de tomar como 50 muestras y sintió que le dio taquicardia. Además del calor sofocante que genera el traje de bioseguridad, ese día enfrentaba una situación personal, le informaron que un ser querido falleció por coronavirus. “Creo que ese día tuve muchas emociones, por eso tuve síntomas”, recuerda. Fue la única vez, pero se sometió a la prueba y dio negativo.

Trabajo y familia

Samanta cumple una rutina diaria. Con su equipo de protección llega a Emergencias, toma las muestras y luego desecha todo, se baña y se pone el traje de laboratorio para continuar su jornada. “En el pico de la pandemia eran días de adrenalina. El temor no era enfermar sino contagiar a mi familia, a mis compañeros de laboratorio, pero uno tenía que mentalizarse y si uno no se toca ninguna vía de ingreso del cuerpo (ojos, nariz y boca) no se enferma”, remarca.

Ella vive con su madre, de 52 años. Así que, además de su trabajo, se hacía cargo de su casa. “Es verdad que uno le tiene más miedo ir al mercado que ir al laboratorio. A mí me tocaba ir al mercado para abastecer a mi familia y era un caos, mucha aglomeración, la gente no portaba barbijo, tenía miedo, pero me tocaba venir al laboratorio y todo normal”, recuerda.

Asegura que la única recomendación, tanto para el personal de salud como para la población, para evitar el contagio es no bajar guardia con las medidas de bioseguridad. “Yo estoy preparada para una segunda ola, no sería algo nuevo, solo seguir teniendo cuidado”, manifiesta.

Samanta ahora es como un referente de esperanza entre sus colegas que la reconocen como una de las pocas trabajadoras de salud que estuvo en primera línea desde el inicio y no enfermó. Su colega, Mónica Barreto expresa: “Esta experiencia nos indica que el personal se estuvo capacitando constantemente”.

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