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“No hay ola para ellos, ni primera, ni segunda ni tercera. No les importa, van a seguir haciendo lo que quieran”, dice Guido Landívar, uno de los vecinos del centro de la ciudad, molesto porque ni en tiempos de Covid-19 ha logrado un sueño reparador. Algunos boliches de la zona incumplen con los horarios dispuestos por la Alcaldía, sobre todo los preferidos por los ‘peladitos’.

La misma historia se repite en los barrios más alejados, con las rocolas y las kjaras bailables, donde incluso los presentes pueden amanecer.

Las fiestas están durante casi toda la semana, pero se intensifican de jueves a sábado, además de que reciben mayor cantidad de público, en desmedro de medidas de bioseguridad como el aforo del 30%, el distanciamiento social, el uso del barbijo.

En el periodo de restricción, existen ciertos locales que no se esmeran en ocultar la desobediencia, como los del centro, que tienen bollos de personas en la puerta. Otros, como en la calle Arenales y en la plaza Calleja, habilitan puertas laterales para recibir a clientes por puertas laterales, y con la dinámica de un ‘gotero’.

Según Landívar, los propietarios de locales que hicieron grandes inversiones respetan la norma, situación que no se repite en los boliches más chicos.

Frente a esa realidad, la alcaldesa comunicó en conferencia de prensa que se prohíbe el funcionamiento de bares, karaokes, rockolas y toda actividad que genere aglomeración de personas.

I.H. es dueño de uno de los locales del centro. Pide ser excluido de la lista negra del descontrol nocturno. Asegura que cumple con todas las reglas, que después de las 23:00 no recibe a nadie y que a medianoche ya está cerrando. Pero le molesta acatar mientras que al retornar a casa se encuentra con el descontrol de la capital cruceña, especialmente en la calle Buenos Aires.

Munaña Claure, de Tapekua, explica que debieron adecuar su realidad a las normas. Antes trabajaban de ocho de la noche a dos de la madrugada, y hoy a partir de mediodía, hasta las 23:00.

“La idiosincrasia empuja a la gente a que haga lo que no debe y lamentablemente los resultados se ven después (con los contagios), cuestionó el coronel Ángel Morales, director de la Felcc cruceña.

A las celebraciones de los negocios se suman las fiestas en domicilios particulares, donde los organizadores sienten que no deben explicaciones a nadie. Es en esos lugares donde se vuelve más difícil controlar el cumplimiento de los horarios y de las medidas de bioseguridad. Al menos los locales podrían temer a las multas.

En cuanto a la movida noctámbula, el director municipal de Espacios Públicos, Ronald Toro, explicó a EL DEBER que la situación más recurrente de incumplimiento de todo tipo de restricciones se da en las kjaras bailables, que pueden amanecer con la música a todo volumen si no va la autoridad a persuadirlos.

Pero no se necesita ir muy lejos para evidenciar los excesos. En un local ubicado alrededor del Parque Urbano, un miércoles, las parejas se concentraron en la pista de baile, casi ninguna con barbijo, y danzaban pecho a pecho.

En medio de ese caos, del aumento de casos en el municipio cruceño y de la amenaza de la cepa brasileña, la alcaldesa interina anunció que se prohíbe el funcionamiento de bares, karaokes y todo lo que implique aglomeración, además de suspensión de permisos a nuevas solicitudes elevadas al Comité de Operaciones de Emergencia Municipal (Coem).

“Hay una curva que nos preocupa, hemos logrado mantener una meseta, pero existe un grave riesgo si viene una cepa nueva. Las dos semanas después de las elecciones hemos subido los casos, de 5 positivos que registrábamos por cada 100 pruebas de antígenos, ahora reportamos 8”, informó, aclarando además que se ampliará el horario de toma de muestras en el cambódromo, hasta las 23:00, de lunes a domingo.

Sosa dijo que se reunió con la Policía, acordaron la clausura de los locales que incumplan y advirtió que, de seguir el caso, podría determinar nuevos horarios con respecto a la circulación vehicular.

Mercados

Sosa no hizo especificaciones sobre los mercados, donde las cosas también se salen de control. Existen dos puntos de abastecimiento en la lista negra municipal: Mutualista y La Ramada.

Es donde los ambulantes más problemas dan, todos los días mandamos equipo. Por último nos tratan, dicen ‘ya se van a ir’, es terrible. A un gendarme el otro día, en el Parque Urbano, le clavaron uno de los fierros para preparar anticuchos”, contó sobre las dificultades que tienen para poner orden.

Cada día, a las seis de la mañana, Ingrid Domínguez trata de no amargarse la jornada cuando va al mercado Abasto, ubicado en el tercer anillo. Cree que es una hazaña mantenerse sana, ya que “los muchachos de las carretillas no usan barbijo, algunas de las vendedoras tampoco lo hacen. el 70% de la gente anda sin mascarilla”, criticó.

Restaurantes

Mara Barbosa es la dueña de Shinko, una casa gastronómica especializada en sushi.

Ella asegura que toma las máximas medidas preventivas posibles, pero por decisión propia.

“Desde siempre tuvimos mucho cuidado con la higiene porque trabajamos con productos como el pescado, nosotros lo hacemos pero nunca apareció alguien a revisar si cumplimos”, dijo Barbosa.

El esposo de Mara es el encargado de hacer las compras en el mercado, lo más rápido posible, nervioso porque la gente anda con el barbijo en el mentón y porque tiene enfermedad de base.

En Tapekua, que con la pandemia es más restaurante que boliche porque modificó sus horarios de cierre. La pandemia los tiene tan golpeados, que el local ya no se llena, exigir distanciamiento está por demás.

Fernando Medina, presidente de la Cámara Gastronómica de Santa Cruz (Cadeg), y también de la Casa del Camba, asegura que sus clientes y él han recibido la ‘visita’ de funcionarios de la Alcaldía y del Ministerio de Trabajo.

Nosotros como Cadeg no hacemos controles, depende de cada negocio, pero a veces los clientes son conflictivos, cuando se les piden medidas de bioseguridad”, reconoció.

Cree que los que cumplen de forma responsable son los negocios formales, pero por propia decisión.

La transición

Hay distintas visiones sobre las causas del descontrol en la ciudad. Por un lado, los propietarios de los locales que sí cumplen con las medidas restrictivas actuales, dicen que la Alcaldía no aparece para hacer su trabajo; por otra parte, el Gobierno Municipal enfrenta la transición.

“La oficina de Espacios Públicos ha estado acéfala, recién el 9 de marzo nos hemos reactivado. Asumimos con el mandato de lavar la imagen de la Secretaría, tan cuestionada”, reconoce Toro.

Sin embargo, la tarea está resultando compleja por problemas que van desde la actitud de comerciantes y propietarios de boliches, que les dicen que ya están de salida.

Otro problema serio es la filtración de los operativos. “Ya no informamos dónde vamos porque se filtra y hay hasta ex funcionarios que extorsionan, no se salvan ni los vendedores de agua de las rotondas”, cuestiona.

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