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Cuando la pandemia empezaba a mostrar su peor rostro, la población tenía pocas alternativas para saber si había contraído o no el nuevo coronavirus, lo que se traducía en días o semanas de espera, además de los reclamos de toda índole por las demoras de los laboratorios de referencia.

Hoy la situación es diferente. Son varias las pruebas de diagnóstico disponibles, aunque cuatro son las que más se están usando en nuestro medio: las de Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), las de Ensayo por Inmunoabsorción Ligado a Ezimas (Elisa) y dos tipos de pruebas rápidas (de anticuerpos y de antígenos).

Hasta abril la prueba de PCR, ofrecida por los laboratorios oficiales, era básicamente la única opción al alcance de la población, pero la autorización del uso de las pruebas rápidas, en mayo, convirtió a este método en la forma más económica y rápida disponible en el mercado.

María Isabel Méndez, directora del Centro Nacional de Enfermedades Tropicales (Cenetrop), informó que dicho laboratorio llegó a procesar en junio más de 1.000 pruebas de PCR por día, lo que ha bajado a un promedio de 250, actualmente.

LOS USOS

La directora del Cenetrop y el infectólogo Juan Saavedra coinciden en que las pruebas moleculares, conocidas como PCR, siguen siendo la opción más segura para el diagnóstico de la enfermedad, toda vez que detectan directamente al virus, desde el inicio de los síntomas. 

En tanto que las pruebas rápidas de anticuerpos y el test de Elisa miden la respuesta inmunológica del organismo para defenderse del virus, que aparece a partir del séptimo día del inicio de los síntomas.

Sin embargo, estas últimas son cruciales para hacer seguimiento a los pacientes, para buscar posibles donantes de plasma y para controlar el avance de la pandemia, a través de la búsqueda activa de casos. 

De hecho, la Alcaldía Municipal está usando pruebas rápidas en su estudio de seroprevalencia que ejecuta en la capital cruceña.