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Las redes sociales, esas que cuentan todo lo que pasa en la ciudad con la velocidad de un rayo, dieron la señal de alerta. “¿Alguien sintió un pequeño temblor?” consultaban en un grupo de WhastApp.  Las respuestas, casi inmediatas, relataban las experiencias ante el sismo. Unos 40 minutos después, se constataba con el informe del Observatorio San Calixto que señalaba la magnitud del terremoto: 3.6 grados en la escala Richter.

Los temblores se producen por la fricción de las placas tectónicas que provocan vibraciones de diversa intensidad. Según expertos norteamericanos que llevan años estudiando estos fenómenos, las placas Nazca y Sudamérica inciden en la actividad sísmica de la región.

Apenas hace un mes atrás, Abapó fue el epicentro de un temblor que registró 5.0 grados en la escala Richter. Anteriormente, en agosto de 2018, se produjo otro terremoto de magnitud 5.3 en la zona de Postrervalle que alertó a gran parte de la población. Están considerados como los más significativos en los últimos años en la región.

Las indagaciones realizadas en 2011 por la Universidad de Hawai, junto con personal del Observatorio San Calixto y del Instituto Geográfico Militar, indican que estos sismos responden a la actividad de la falla Mandeyapecua, que tiene una longitud de 486 km y se extiende desde Santa Cruz hasta Yacuiba. Si bien la falla representa una amenaza sísmica real para los departamentos de Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz, los estudios realizado por sismólogos de Estados Unidos refieren que puede causar terremotos de magnitud en intervalos aproximados de 1.000 años.

El ingeniero geólogo Faisal Sadud, explicó en una nota elaborada por EL DEBER años atrás que estos sismos son alertas sobre la falla de Mandeyapecua, que tiene una sección geológica atrapada en la cordillera subandina, que está acumulando energía desde hace muchos años.

En la revista de investigación geofísica Tierra sólida, los científicos Jonathan R. Weiss, Benjamin A. Brooks J., Ramón Arrowsmith y Gustavo Vergani publicaron, en 2016, un artículo denominado Distribución espacial y temporal de la deformación en el frente de la cuña orogénica andina en el sur de Bolivia, en el que detallan los desplazamientos de placas tectónicas en la falla de Mandeyapecua y sugieren que grandes terremotos podrían romper la falla principal subyacente. De ser así, existe el riesgo de que se produzcan temblores de alta magnitud y que incluso, si toda la falla se activa, el sismo podría alcanzar una magnitud de 8,7 a 8,9.

Recomendaciones

Sadud es partidario de no causar alarma en la población y de profundizar en una investigación seria sobre el tema. “Sismos siempre ha habido. En nuestra ciudad hemos tenido pequeños movimientos telúricos, ordinariamente menos de cinco, y algunos excepcionales como el del año 1957 en Postrervalle, que se sintió en Santa Cruz y en otras provincias. Sigue habiendo movimientos sísmicos en todas las poblaciones del departamento, pero no con una magnitud ni con una aceleración que pudieran causar problemas”, dijo Sadud.