Escucha esta nota aquí

Una cobertura de prensa que aparentaba ser tranquila se volvió un calvario en la población de Entre Ríos, ubicada en la provincia Carrasco de Cochabamba. La corresponsal de EL DEBER y el equipo de prensa de Unitel fueron agredidos por una turba, que los amenazó con quemarlos vivos porque los acusaban de ser partidarios de la derecha.

“Quémenlo, quémenlo gritaba la turba mientras rodeaban el vehículo de prensa”, relató la periodista de EL DEBER, Soledad Prado, que junto al equipo de prensa de la red televisiva llegaron a las 7:00 a ese municipio para realizar la cobertura por el encapsulamiento de la zona por el Covid-19.

Minutos después, gritos, patadas y puñetes llovieron sobre la humanidad del periodista Rodolfo Orellana que salió corriendo rumbo a la Policía en busca de ayuda. “El colega temblaba y lloraba”, mientras los mototaxistas le gritaban y exigían a los uniformados que les entregaran al comunicador.

Prado se armó de valor y se detuvo en la puerta del ingreso del Comando. “Pedí que se calmen para dialogar; sin embargo, exigían al periodista y su celular”. Pero mientras los mototaxistas rodeaban las instalaciones, otro grupo golpeaba al camarógrafo Joel Orellana y al chofer Iván Escobar. Rompieron todos sus equipos de trabajo y reventaron las dos llantas traseras del motorizado.

Minutos después, la Policía dispuso que Prado y Orellana suban a un carro patrullero, que en segundos fue rodeado por el enardecido grupo. “Sentí mucho miedo a tal punto que empujé al policía de nervios pidiéndole que nos saque del lugar”, contó Prado.

“Para colmo de males en Bulo Bulo nos pidieron que nos quitemos los trajes de bioseguridad para no llamar la atención y no ser agredidos por otros inadaptados”, agregó la comunicadora, que por esta época de pandemia se protege para no contraer la enfermedad.

Orellana: “En 14 años de trabajo, primera vez que me pasa”

Rodolfo Orellana que lleva varios años en el ejercicio periodístico afirmó que nunca había vivido una experiencia tan riesgosa y dramática

“En 14 años de trabajo, primera vez que me pasa. Te imaginás que estés escuchando que te van a quemar. Es desesperante”, relató Orellana a EL DEBER. Un poco más calmado, en el Municipio de Yapacaní y resguardado por la policía del lugar, dijo que lo ocurrido no afectará su compromiso de informar a la comunidad.