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Julián Pessoa Masabí y Ramona Justiniano Hurtado fueron compañeros de vida por varias décadas. 

En los últimos tiempos, la salud de Julián se fue deteriorando debido a la diabetes, que le costó la amputación de una pierna, pero el Covid-19 lo fulminó en un par de días.

Él nunca sacó sus papeles, por eso no accedió a ninguno de los bonos que el Estado activó para afrontar la cuarentena. Vivían de la olla común del barrio, de lavar ropa y de las donaciones. Ramona, que proveía al hogar de comida y dinero, dejó de recibir ingresos estables porque el restaurante en el que trabajaba cerró por la emergencia sanitaria.

Julián murió en la madrugada del domingo 17 de mayo, y hasta la tarde de esa jornada, no logró retirar el cuerpo de la morgue de La Pampa por falta de documentos.

No sabe qué hacer. Con lágrimas en los ojos pide a la comunidad LGBTQ que le ayuden. Ya le hicieron llegar Bs 150 para movilizarse, pero falta llevar a su compañero de vida a la última morada, una fosa común, lo único dentro de sus posibilidades. El último deseo de Julián era ser enterrado en su pueblo, Pozo del Tigre, pero no se podrá cumplir por las restricciones.

A Ramona y a su hija no le han hecho pruebas de Covid-19, tampoco a su hermano y sobrino, que viven en la misma casa. Dice que están bien, solo tuvieron resfrío leve, aunque su hermano está con dolor de cabeza. 

Foto: Julián, poco antes de fallecer