Escucha esta nota aquí

Por: Eduardo Ruilowa

Los pesebres navideños no pueden faltar debajo de los arbolitos que adornan las casas de las familias bolivianas. Muchos de estos pasan de generación en generación y son considerados reliquias y tesoros familiares. Sin embargo, con el paso del tiempo muchos se dañan y necesitan reparaciones.

En la calle Beni, frente a la iglesia San Andrés, varios talleres artesanales se dedican a la restauración de pesebres e imágenes religiosas. Los artesanos aprovechan las festividades para generar un poco más de ingresos.

Hace más de 25 años que Hiber Espinoza se dedica a restaurar y esculpir artesanías religiosas. Comenta que desde muy pequeño empezó a interesarse por este rubro, debido a que su madre tenía una tienda de imágenes religiosas y él la ayudaba a vender.

Actualmente es el propietario de un taller bastante amplio y moderno, ubicado en la calle Beni esquina Caballero. El negocio lo empezó solo, y poco a poco aumentó personal. En su mejor momento logró tener a más de nueve personas trabajando a su lado, pero a causa de la pandemia se vio afectado y ahora solo tiene tres dependientes.

“Es un trabajo que nos llena espiritualmente porque también hacemos de sicólogos, vienen y nos cuentan la historia del Niño Jesús que perteneció a la madre, a la abuela, historias entre bonitas y tristes, pero nos sentimos contentos de escucharlos”, señaló.

Una historia que lo conmovió hasta las lágrimas fue cuando una señora de La Paz, que vivía en Argentina, llegó hasta su taller con dos niños Jesús muy dañados y le rogó que, de ambos, al menos pudiera reparar uno. Comentó que no llegaron a un acuerdo económico porque la señora ni siquiera preguntó el precio.

“De los dos niños pude salvar a uno, utilizando partes del otro, y cuando le mostré el resultado la señora se puso a llorar y me comentó que su madre recién había fallecido aquí en Bolivia, que solo había venido para enterrarla y el Niño Jesús era el único recuerdo que se llevaba de ella. Me agradeció y me pagó 100 dólares, sin que yo le pidiera”, contó.

Para Hiber, una de las mejores sensaciones es cuando restaura figuras antiguas y el cliente queda satisfecho con su trabajo. “Me alegra saber que tengo entre mis manos una pieza que se fabricó hace 50 años y que le puedo dar un poco más de vida, eso profesionalmente me reconforta”, agregó.

Legado familiar


A pocas casas de la tienda de Hiber está el modesto taller de Cinthia Brito, que atiende junto con su esposo, sus dos hijos y la ayuda eventual de sus sobrinos. “Es un negocio familiar, esto viene desde mi mamá, que empezó a trabajar con imágenes religiosas hace 55 años. Ella ya murió, pero continúo el legado familiar como un acto de amor hacia ella”, dijo con la voz entrecortada de la emoción.

Cinthia trabaja restaurando pesebres y creando esculturas hace más de 35 años, pero cuenta que empezó desde niña, cuando su madre le enseñaba a bordar y esculpir para que le ayude en el taller. Gracias a las enseñanzas de su madre, Cinthia también borda prendas para la Virgen y los santos y es muy requerida para las fiestas patronales de distintos municipios, incluso recibe pedidos de otros departamentos, como para las fiestas de la virgen de Urkupiña, en agosto.

Pese a que tiene las manos ampolladas de tanto trabajo que recibe en estas fechas, manifestó que su sacrificio vale la pena porque ama lo que hace, y ver a la gente contenta cuando recibe a su Niño Jesús restaurado no tiene precio. “Cuando uno hace lo que le gusta no es trabajo, nosotros lo hacemos con mucho amor y disfrutamos de lo que logramos porque no es algo monótono, a uno le tiene que gustar mucho para trabajar las imágenes con cariño y que salgan bien”, expresó.

La Navidad es una época que Cinthia aprovecha bastante para generar ingresos extras, cuenta que tiene más de 150 niños Jesús para restaurar y los pedidos aún siguen llegando. “La Navidad es armonía, unidad, paz, pero también es una temporada cuando podemos reactivar nuestra economía, ya que hemos sido duramente golpeados con esta pandemia”, confesó.

Comentarios