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"Con responsabilidad y mucha fe vamos a celebrar la festividad de la Mamita de Cotoca de una manera distinta” adelantaba días atrás monseñor Sergio Gualberti. A causa de la pandemia, “este año la festividad de la Purísima Concepción de Cotoca sufrirá muchos cambios, se celebrará sin romería y sin la acostumbrada visita a Santa Cruz", dijo el arzobispo.

Nadie recuerda cuándo fue la última vez que se suspendieron los actos celebrativos en Cotoca. Y por eso, porque la fe mueve montañas e impulsa voluntades, muchos fieles se dan forma para acudir al santuario y cumplir las promesas que, durante todo el año, acumulan.

Este año, las velas comparten protagonismo con los barbijos y las celebraciones se han restringido para cumplir las limitaciones de acceso que rigen de acuerdo a las normativas.

Una leyenda de milagros

¿Cómo fue la aparición de la Virgen? Recurrimos a los escritos de historiadores y narradores como Hernando Sanabria y Aquiles Gómez que reflejan con sus miradas lo que parece ser el origen de esta leyenda.

Sanabria lo plasmó en su libro Tradiciones, Leyendas y Casos de Santa Cruz de la Sierra. Por su parte, Gómez dejó escrito un relato que no llegó a ser publicado.

En ambos escritos se acompaña la huida de los hermanos Barroso, esclavos mulatos de la hacienda Cortez, hacia los montes de Asusaquí. Los tres fugitivos partieron en una noche de torrencial lluvia, con viento, truenos y relámpagos, camino al río Grande para resguardarse en la Chiquitania.

Huían de una falsa acusación que los implicaba en el asesinato de un capataz. En esa época, mediados del siglo XVIII, el castigo podría ser la pena de muerte.

La desapacible noche y el miedo de los tres hermanos los obligó a buscar un pequeño refugio y calentarse con leña. En esa búsqueda tropezaron con un tronco, que al ser golpeado con el hacha sonó hueco y ahí, los Barroso descubrieron un rostro moreno que los miraba desde el interior del tronco.

Era la imagen de la advocación a la Inmaculada Concepción de María, a quienes los mulatos rezaron y pidieron un milagro. Conmovidos por la aparición, decidieron regresar con ella a la hacienda y contarle a su madre, Elvira Barroso, lo sucedido.

Para su sorpresa, y quizá en atención a sus ruegos, el culpable por la muerte del capataz había confesado su crimen durante su ausencia.

Con pequeñas variaciones, este relato refleja aparición de la Virgen de Cotoca y el milagro que rodea ese momento.




Comienzan las peregrinaciones

La leyenda continua su secuencia y narra que la imagen traída de Asusaquí fue guardada por los Barroso en la choza donde vivían. Allí llegaron sus primeros devotos para ver y pedir favores a la Virgen aparecida. De esta manera, para recibir a estos primeros peregrinos, se instaló en un improvisado altar.

A la muerte de Elvira Barroso, sus deudos decidieron entregar la imagen al rico ganadero Redentor Roca. Por encargo de él, se edificó un santuario de adobe y techo de palma de motacú. Años más tarde, los herederos de Roca, devotos de la ‘Mamita’, levantaron un templo más grande. Este crecimiento se reflejó, también, en la fe de sus deudos y en el multiplicado número de feligreses que fueron llegando hasta su altar.

Los escritos de la época, sobre todo los atribuidos a Toledo Pimentel recogen los relatos para informar a las autoridades religiosas encabezadas por monseñor Ochoa, obispo de Santa Cruz. Un informe, con fecha del 19 de septiembre de 1799, y que se supone es el escrito más antiguo que se recuerda sobre la tradición cotoqueña, describe la leyenda de la Virgen encontrada por los mulatos fugitivos, su veneración y atribución de milagros.

En el escrito también se manifiesta la petición de Toledo al monseñor Ochoa para construir una parroquia rural en la localidad, pues hasta entonces solo existía un rústico velatorio.

El 4 de noviembre de 1799, el obispo de Santa Cruz, previa consulta con el gobernador Francisco de Viedma, concedió licencia para la construcción de la capilla. Y ese mismo año, el 15 de diciembre siguiente, se estrenó la capilla, celebrando la primera misa el Deán Pimentel.

Devoción y fe

Con el paso de los años, la Virgen de Cotoca, nuestra singular ‘Mamita’ se ha convertido en patrona del departamento y referencia ineludible para los católicos del oriente boliviano. Ante sus pies, miles de católicos acuden cada año para agradecer por su intercesión y ayuda, mientras renuevan sus promesas de fe.

La tradición y el rito popular concentra las peregrinaciones a Cotoca cada 8 y 15 de diciembre. La carretera se inunda de peregrinos, de todas las edades, quienes, entre rezos y cantos, cumplen su promesa de fe y agradecimiento a la Virgen.

Este año, como adelantaba Gualberti, la pandemia impone su propio ritmo y limita los actos masivos. No obstante, la fe de miles de católicos mantendrá viva la tradición compartiendo las celebraciones virtuales y manteniendo la fe en la ‘Mamita’ de Cotoca.




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