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El periodista y docente universitario Roberto Méndez Herrera cuenta cómo, durante dos semanas que permaneció internado en la clínica Niño Jesús 2, escuchó el aliento de su madre, Alicia Herrera, también fallecida por Covid-19 el año pasado, y cómo, por un sueño, le comunicó que la infección en sus pulmones había sido controlada.

¡¡Bien mijo¡¡. Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche del 23 de enero de 2021, cuando lo internaron de emergencia en la pieza 2002 de la clínica Niño Jesús 2, y una de las enfermeras puso en sus manos un dispositivo para comunicarse con ellas, en caso de emergencia, luego de haberle colocado una serie de medicamentos para tratar de controlar la fiebre, la presión alta y una tos que lo ahogaba.

Enseguida reconoció esa voz. Fueron exactamente las mismas palabras que su madre le dijo en noviembre de 1982, cuando orgulloso le entregó su título de Bachiller en Humanidades, tras egresar del Colegio Marceliano Montero, antes de fundirse en un abrazo. El vendedor de periódicos que soñaba con ser periodista y una lavandera de ropa ajena, orgullosos mostraban al mundo cómo, poco a poco y tras quedar viuda ella, sacaba adelante a sus ocho hijos.

Era casi la medianoche y, a Roberto, escuchar la voz y sentir la presencia de su progenitora, lo fortaleció y le calmó un poco la quemazón en el pecho y la espalda, y el dolor en las articulaciones, tan propios de la enfermedad Covid-19.

“Es mi madre que desde el cielo me está cuidando”, se dijo. Al día siguiente, recordó que en una de las tantas coberturas periodísticas realizadas por 30 años, un piloto que quedó enganchado en la rama de un árbol, luego que su avioneta cayera en la zona de La Angostura, le contó que pudo sobrevivir nueve días sin comer ni beber. Y cuando le preguntó si tenía hambre, el piloto le contestó que su madre fallecida, vestida de ángel, le daba de comer.

Los milagros y las experiencias extraterrenales ocurren”, afirmó en esa oportunidad, porque el aviador estaba vivo y recordando todo cuando lo entrevistó en el hospital San Juan de Dios.

“En mi caso, supe desde entonces que mi madre me estaba cuidando, pues fue en ese mismo centro hospitalario que presta servicios al Seguro Universitario de la Gabriel René Moreno, donde yo la tenía también asegurada, que la había visto por última vez, antes de que falleciera el 20 de agosto de 2020, a sus 85 años, enfrentando, también de pie y como tronco de ocho hijos, 32 nietos y 36 bisnietos, la primera oleada del Covid-19, que igual se llevó a mi hermano Pedro, y a mi hermana Carmen”, recuerda.

El comunicador se había salvado de la primera ola, a pesar de las numerosas actividades como presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, entregando bolsas solidarias a los colegas, o como dirigente vecinal del barrio Ferbo, repartiendo pan, organizando ollas comunes y, finalmente, preparando brebajes contra el virus, con productos naturales para salvar a los vecinos que no podían llegar a los hospitales, porque todo estaba colapsado.

En ese tiempo, pensando en que el ‘bicho’ no se iba, organizó un grupo de apoyo solidario llamado Ayúdame a ayudar, con su esposa Viviana Salazar, y la presidenta de la junta vecinal, Joana Taborga.

Y fue así que, de forma inevitable, primero cayó con Covid-19 la esposa de Roberto, luego su hija de 10 años, y poco después él empezó a sentir los primeros síntomas, durante la primera quincena de enero, hasta saber que tenía el 60% de sus pulmones comprometidos.

“Fue el inicio de subir al cielo entre nubes, o bajar al candente infierno cuando sube la fiebre y la tos ahoga, mientras los médicos batallan por mantener la saturación del oxígeno en la sangre en punto 90, como mínimo, porque a quienes se les baja de ese nivel van a terapia intensiva y le colocan el tubo. Y son pocos los que retornan de ese estado para contar la historia”, dice.

Esa fue su lucha durante las dos semanas que permaneció en la clínica, donde también contaba con otro aliado, la imagen del Niño Jesús, en su ventana, que todas las noches lo despedía y lo recibía al día siguiente, bañado en sudor, a veces delirando.



Dice que la primera semana fue la más dura porque surgieron sus antecedentes de hipertensión y de prediabetes, además de las secuelas de una neumonía ‘de chico’. Pero tenía también otros “ángeles de Dios, enfermeras, auxiliares y médicos del Seguro Social Universitario”, que en forma permanente le chequeaban los signos vitales. Y a pesar de varias recomendaciones que lo llevaran a terapia intensiva, pudo permanecer ahí en cuidados intermedios, pero sin dejar el oxígeno.

“Sentía mi cuerpo pesado y la presión se me subía cada que escuchaba de la muerte de alguien por Covid-19. Sabía ya del deceso de dos camarógrafos, Félix Vargas y Lucio Peralta, y de mi amigo montereño, el periodista deportivo Óscar Pérez, también cuando comunicaron sobre el adiós al  periodista ‘sin pelos en la lengua’, José Manuel ‘Yoyo’ Pando Laguna, a quien yo había entrevistado por sus 50 años en el oficio y me sugirió titular, ‘50 años han sido un suspiro’”, narra.

Poco después, las malas noticias continuaban, ocasionándole una lucha interna con su propio estado de ánimo. Por las redes sociales se enteró del fallecimiento de otros amigos periodistas, Juan Flores, Edwin Flores, Iván Miranda, y el último fue Augusto Peña.

Como periodista enfrentó el peligro muchas veces, como cuando una vez lo tomaron de rehén en Santa Ana de Yacuma, Beni, mientras los narcos repartían ametralladoras para enfrentar a los Leopardos, o cuando volaron una pista donde Méndez estaba por aterrizar en un helicóptero, o cuando Roberto Suárez Levy, hijo del Rey de la Cocaína, le puso una ametralladora en el pecho, entre tantas historias que viven los que cubren el área policial.

“Pero esto era diferente, sentía la muerte en la garganta, casi siempre a las dos de la mañana, con los ataques de tos, hasta que aprendí a sobrellevar el dolor bañado en Mentisan y realizando ejercicios de fisioterapia, como inflar globos, o recibiendo masajes con sal en la espalda, que gracias a Dios terminaron por hacer subir la saturación hasta 94.

Méndez dormía apenas dos horas porque temía no despertar más, y cuando lo hacía, se aferraba al dispositivo que lo conectaba a tierra con las enfermeras, y al cielo con su madre.

Y mientras lo sometían a un tratamiento riguroso de suministro de antibióticos, seguía enterándose de las muertes de otros colegas docentes de la UAGRM, entrañables amigos, siete en total, hasta que le pidieron desconectarse del mundo, inclusive de sus familiares, que accedían a verlo por una ventana de la habitación.

Eso fue hasta que volvió a aparecer su “comandante en jefe”, Alicia Herrera, su mamá. “Fue en un sueño, circunstancias en las que yo estaba siendo asaltado por la zona de las Cabañas del río Piraí, por unos delincuentes que pusieron el cuchillo, entonces vi a mi madre salir de un rosedal y hacer escapar a los ladrones”, cuenta.

Al día siguiente, a nueve días de internación, le comunicaron que la infección en sus pulmones estaba controlada, aunque en la tomografía que le realizaron eso todavía no se percibía.

A partir de ahí todo fue viento en popa, realizó los ejercicios de fisioterapia, como inflar globos, se desconectó y se aferró a la lectura, tratando de entender “quién manda este coronavirus” y diciendo que, si moría, lo haría con sus pasiones: leyendo y escribiendo.

Se divirtió con las andanzas de Don Quijote de la Mancha y sus sueños de libertad, releyó al filósofo Fernando Savater en sus dos versiones de Política y Ética para Amador, imaginó la isla sin propiedad privada y justicia social de Tomás Moro, pero como las campañas subnacionales estaban en su auge, miró al Príncipe, de Maquiavelo, cuando compara a la política con las pasiones humanas, donde debe haber odio, rencor, traiciones, robo, entre tantas otros, y sugiere fórmulas sobre cómo empernarse en el poder.

“Dios decidió que yo siga viajando en el tren de la vida y agradecí esa segunda oportunidad y a todos los que estuvieron pendientes de mí, especialmente a mi familia, que dormía afuera de la clínica. Después de esa experiencia aprendí a no temer al virus, sino al mundo, y a preguntarme desde cuándo nos deshumanizamos y nos convertimos en bestias salvajes materialistas”, reflexiona.

Ya con la cabeza en limpio, a Roberto le queda una conclusión, que quien hubiera “mandado o creado el virus”, lo hizo para tomar examen a este mundo globalizado porque urge un cambio en el orden económico, político y social, “en el que por encima de todos, privilegiemos el bien común”.

Tras dejar la clínica el 6 de febrero, de su madre no ha sabido nada, solo sabe que ella habita en su corazón, “y yo en el de ella, donde sea que nos encontremos”, dice Roberto, que después del alta, hace pocos días, sufrió un pre infarto.

Docentes afectados

Según el presidente de la Federación Universitaria Local (FUP), Rosendo Peña, hasta la fecha, 14 docentes de la Uagrm han fallecido, en su mayoría por Covid-19, y en la primera ola fueron 19. Esta es la lista:

1-. Lic. MSc. Carlos Miranda Peña FICH 05/01/2021

2.- Ing. Lucio Mercado Banegas FCET 06/01/2021

3.- Ing. Ángel Chávez Hinojosa 17/01/2021

4.- Dr. Luis Jaime Cruz Justiniano FCJPSRRII 17/01/2021 

5.- Dr. Édgar Moreno Rodríguez FCJPSRRII 19/01/2021 

6.- MSc. Lic. Lázaro Vargas Rosado FICH 21/01/2021

7.- Ing. René Bejarano Lacunza FP 23/01/2021

8.- Ing. Napoleón Illanes Guzmán FCET 24/01/2021

9.- Ing. Mario Zeballos Cruz FCET 27/01/2021

10.- Lic. Germán Murillo Pérez FCEF 30/01/2021

11.- Ing.  Sergio Justiniano Velasco FCET 31/01/2021 

12.- Blas Aramayo Guerrero FCJPSRR 01/02/2021

13. Hugo Nogales Loayza FH 06/02/2021

14.- Dr. Teodoro Callaú

DOCENTES FALLECIDOS EN 2020

1.- Ing. Leoncio Parra Oropeza FINI 22/01/2020

2.- Arq. José Pablo Cossio Santiváñez FCHDA 04/03/2020

3.- Ing. Arnoldo Limpias Justiniano FCET 19/03/2020

4.- Ing. Clover Herrera Domínguez FP 07/04/2020

5.- Dr. Carlos Velasco Salazar FCSH 15/04/2020

6.- Ing. Gualberto López Mendoza FCET 23/06/2020

7.- Dra. Juanita Vargas de Arce FCSH 26/06/2020

8.- Dr. Wilfredo Torrico Vargas FCJSRI 03/07/2020

9.- Dr. Arturo García Salvatierra FCSH 07/07/2020

10.- Lic. Álvaro R. Flores Abujder FCEE 18/07/2020

11.- Dr. Roberto Tórrez Fernández FCSH 25/07/2020

12.- Lic. Jorly Encinas Calvimontes FCEE 26/07/2020 

13.- Ing. Miguel Limpias Mercado FCEE 31/07/2020

14.- Ing. Óscar Gerardo Araníbar Riquera FCET 04/08/2020

15.- Ing. Roberto Rodríguez Calizaya FICH 28/09/2020 

16.- Ing. Enrique Alfredo Mariaca Rodríguez FCET 29/09/2020

17.- Arq. Rolando Guzmán Porrez FCHDA 01/11/2020 

18.- Ing. Óscar Raúl Jiménez Rojas FINOR 03/12/2020 

19.- Dr. Rafael Soto Pinto FCET 27/12/2020



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