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En cada una de sus apariciones públicas, el gerente de Epidemiología del Sedes, Roberto Tórrez trasmitía paz y tranquilidad, aunque sobre sus hombros llevara el peor ataque de las epidemias que hayan azotado a Santa Cruz. Con su voz tenue se daba el tiempo, cualquier día y hora, para atender las consultas de los periodistas que llegaban hasta él buscando conocer las últimas informaciones sobre las enfermedades que golpeaban al departamento.

"Si tuviera que describirlo en dos palabras, para mí fue un gran ser humano sabio y sencillo y si tuviera que definirlo como profesional, diría que fue un maestro de la Epidemiología y la Salud Pública, eso fue Roberto". Así lo recuerda Martha Mérida, directora ejecutiva de Prosalud, quien conoció a Tórrez hace más de 40 años, además de que fue su alumna en una maestría de Salud Pública hace dos décadas atrás.

Mérida cuenta que el galeno llegó a Santa Cruz. Se fue a vivir por la zona de Alto San Pedro y nunca se movió de allí, además, empezó trabajando en los centros de salud de ese lado de la ciudad de los anillos.

"Él fue uno de los mejores epidemiólogos del país, sin duda, un profesional realmente comprometido con la salud de su pueblo", recalca la directora de Prosalud.

Joaquín Monasterio, exdirector del Sedes, trabajó hombro a hombro con Tórrez durante poco más de siete años. Rememora los tiempos cuando libraban otro tipo de batallas, como la del dengue, influenza y la rabia canina.

"Es una pérdida terrible. Pasará bastante tiempo hasta poder encontrar quien lo reemplace, porque era la persona más compenetrada con la problemática de salud en Santa Cruz y por supuesto también era quien nos podía orientar cada vez para enfrentar todos estos problemas", señaló Monasterio.

El galeno destacó que su colega tenía un amplio bagaje de conocimiento y que constantemente iba actualizándose con la información generada mundialmente sobre su campo en la medicina.

"Tenía la preocupación permanente de estar informado de lo que estaba sucediendo en el mundo", contó el exdirector del Sedes.

Tórrez no solo deja la vara alta en su campo de conocimientos, sino que también una huella profunda en los corazones de las personas que estuvieron a su lado.