Viajar hacia el Norte Integrado dejó de ser un recorrido cotidiano para convertirse en una odisea. Baches profundos, hundimientos, deformaciones del pavimento, escasa señalización y extensos tramos sin iluminación transformaron la carretera que conecta Santa Cruz de la Sierra, Warnes y Montero en una ruta de alto riesgo.
Un grupo periodístico del grupo EL DEBER recorrió esa carretera y conversó con los afectados, muchos de ellos transportistas y productores vinculados con la actividad agroindustrial que provén de alimentos a todo el país.
Pero, el problema va más allá del deterioro visible. La propia Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) admite que la vía agotó su vida útil y que, durante unos 15 años, el presupuesto destinado a su conservación fue insuficiente para frenar su deterioro.
“Hay que entender que el pavimento antiguo ya cumplió su vida útil hace años”, explicó el gerente regional de esa institución, Miguel Rojas. Por esa razón, explica, el mantenimiento tradicional dejó de ser suficiente para resolver el problema. “Se tapa un bache y, al poco tiempo, aparece otro. Es complicado porque el daño ya no es superficial”, explicó Rojas respecto a esta infraestructura.
La ruta de casi 200 kilómetros conecta la capital cruceña con una zona en la que se concentran ingenios azucareros, centros de acopio de granos y donde hay una intensa actividad agropecuaria. Por ella transitan diariamente vehículos de uso privado, autobuses, maquinaria agrícola y más de 3.000 camiones, según precisó dirigente del transporte Marcelo Cruz.
A tan solo 50 kilómetros de la capital cruceña, en la rotonda de Montero, los conductores prácticamente deben detenerse para evitar caer en profundos huecos. Más adelante, los hundimientos obligan a realizar maniobras peligrosas e incluso a invadir parcialmente el carril contrario.
Los usuarios coinciden que conducir por esa doble vía es cada vez más peligroso. “Lamentablemente, el camino está bastante deteriorado. Está afectando a los vehículos de cuatro y dos ruedas, y a todo el transporte terrestre”, reclama Juan Gutiérrez, quien además cuestiona el destino de la recaudación de al menos ocho puntos de peaje. “Ya hubo accidentes y hubo muertos. Unos dicen que es competencia de los municipios; otros de la Gobernación o de la ABC. Mientras tanto, la carretera sigue igual”, cuestiona.
Cristian Romano, quien transita con frecuencia por la doble vía, considera que el problema ya supera su desgaste habitual. “La vía está en condiciones lamentables. Hay baches enormes. Uno ya no puede esquivarlos y termina pasando encima, porque ocupan casi todo el carril”, afirma.
Pedro Rivera coincide que existe un riesgo permanente por allí, especialmente para motociclistas y conductores de vehículos pequeños. “Necesita de mantenimiento urgente. Los accidentes han aumentado y los baches son imposibles de evitar”, señala.
La escena descrita por los afectados se repite a lo largo del trayecto. Conductores que frenan bruscamente, camiones que reducen la velocidad y motociclistas que buscan el sector menos deteriorado para avanzar sin accidentarse.
La ruta del motor económico
Desde municipios como Montero, Portachuelo, Okinawa, General Saavedra, Fernández Alonso y San Pedro salen diariamente toneladas de caña de azúcar, soya, maíz, arroz, leche, carne y otros productos destinados al mercado interno y a la exportación. Durante la zafra azucarera, el tránsito de camiones se incrementa considerablemente y las deficiencias de la carretera se convierten en un problema económico para los productores.
Alcides Córdova, presidente de la Comisión Nacional de Productores Cañeros de Bolivia (Concabol), asegura que los desperfectos mecánicos ya son parte de la rutina del sector. “No hay un día en el que no tengamos un percance con alguna chata por culpa de los baches. Gracias a Dios, todavía no hemos sufrido accidentes fatales, pero, con el estado en el que se encuentra la carretera, en cualquier momento, Dios no quiera, puede ocurrir una tragedia”, advierte.
El dirigente explica que el tramo Montero-Okinawa, de unos 57 kilómetros, concentra alguno de los mayores problemas. Antes del inicio de la zafra, los productores hicieron conocer sus observaciones a la ABC sobre estos percances. “Nos dijeron que iban a realizar arreglos, pero el problema continúa. Hoy es un peligro para nuestros productores”, apunta.
Ante esta realidad, desde ABC también explican que existen trabajos permanentes que se distribuye en tres sectores. En el tramo Yapacaní-Ichilo se ejecutan obras en el contexto del Plan Nacional de Emergencias, con una inversión de Bs 29 millones.
Luego, entre Montero e Ichilo se realizan trabajos de mantenimiento mediante una empresa contratista, mientras que en el tramo Santa Cruz-Warnes-Montero opera otro equipo encargado principalmente del bacheo.
Miguel Rojas reconoce, sin embargo, que estas intervenciones apenas permiten contener “momentáneamente” el deterioro.
Para la ABC, el problema no comenzó este año. Según el gerente regional, durante 15 años las inversiones se concentraron en la construcción de nuevas carreteras y dejaron en segundo plano la conservación de las vías existentes. “Se hicieron carreteras nuevas, pero no existió el presupuesto adecuado para mantener las que ya estaban construidas”.
A ello se suma la insuficiencia de los recursos asignados. En 2025, la regional de la ABC en Santa Cruz solicitó Bs 132 millones para mantenimiento, pero solo recibió Bs 60 millones. Entonces, para revertir esa situación, la entidad gestiona un nuevo programa de conservación por 18 meses, para el cual ya solicitó Bs 240 millones. “Estamos peleando para conseguir esos recursos porque necesitamos una conservación acorde con el estado de las carreteras”, afirma Rojas.
Deterioro de la carretera dispara los costos del transporte pesado
La carretera al Norte Integrado no solo se deteriora a la vista de quienes la recorren. Cada bache, hundimiento y deformación del pavimento tiene un costo económico que asumen diariamente transportistas, productores y miles de conductores que utilizan una de las principales rutas productivas de Santa Cruz.
Los daños en neumáticos, llantas, suspensión, muelles y amortiguadores se han vuelto parte de la rutina para quienes circulan por los tramos más afectados, especialmente entre Warnes, Montero y Guabirá, donde el pavimento presenta un avanzado nivel de desgaste.
“Es un desastre. Ya no hablamos de huecos, hablamos de verdaderas zanjas”, afirma Marcelo Cruz, dirigente del transporte pesado. El dirigente recuerda que incluso sufrió un accidente en esta vía. “Casi pierdo la vida. En algunos sectores uno cae en una zanja y el camión prácticamente pierde estabilidad.”
Según Cruz, por este corredor circulan aproximadamente 3.000 camiones diarios, sin contar buses, vehículos livianos y motocicletas, lo que convierte a esta vía en uno de los corredores logísticos más importantes del país.
Las constantes aceleraciones y frenadas incrementan el consumo de combustible, prolongan los viajes y reducen la cantidad de recorridos que un transportista puede realizar durante una jornada.
Para las empresas de transporte de carga, esto significa mayores costos logísticos, que finalmente terminan trasladándose al precio de los productos.