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En las fiestas de años anteriores en San Antonio de Lomerío había bandas, conjuntos y bailongo en la plaza. En este 81 aniversario del pueblo hubo silencio, con excepción del  momento de la misa, que fue transmitida para todos los habitantes, y del recorrido del patrono por las calles, al que la gente se unió desde la puerta de su casa, con alguno que otro altar.

San Antonio de Lomerío no es el mismo después del coronavirus. Antes, cada 13 de junio, las familias que debían promesas servían chicha en tutuma, y mataban una res, que asaban, para invitar a los visitantes. Todo mundo se anoticiaba de los hogares donde se cumplían compromisos con el santo patrono. 

En esta cuarentena, los que prometieron cumplieron, con la diferencia de que llevaron la carne a las familias más necesitadas, sin jolgorio de por medio. 

"No es que sea un festejo triste, yo diría que más bien hay preocupación. Todo fue más familiar. Las novenas que se hacían en la iglesia, nueve días antes de la fiesta, a las siete de la noche, ahora se hicieron en casa, y se sintió más la fe. Todas las familias oramos, pidiendo alivio a todo lo que ocurre", relata José Parapaino, cacique general de San Antonio de Lomerío.

Hasta el momento, han fallecido nueve personas en el municipio indígena, aparentemente por Covid-19. "No contamos con cifras exactas de cuántos sospechosos hay porque no tenemos pruebas, pero estamos elaborando nuestras medicinas naturales para calmar la fiebre, la tos y para que mejore la circulación. Usamos una raíz, al menos en mi familia nos ayudó. En el pueblo una buena parte estábamos con esos síntomas, y ya nos estamos recuperando", sostiene Parapaino.