El debate sobre una “nueva relación” entre Santa Cruz y el Estado boliviano nació como una propuesta para replantear el modelo de organización del país, ampliar las autonomías y reducir la dependencia de las regiones respecto al poder central. Aunque la iniciativa tiene un fuerte contenido político, su trasfondo es histórico. Por ello, EL DEBER conversó con el historiador Bismark Cuéllar, quien explica que las tensiones actuales no son coyunturales, sino la consecuencia de un proceso de casi dos siglos.
¿Cómo se explica la permanente tensión entre Santa Cruz y el poder central?
Esa tensión nace prácticamente con la República. Santa Cruz se declaró independiente el 14 de febrero de 1825, eligió a sus autoridades y, pocos días después, fue ocupada por el ejército enviado por Antonio José de Sucre. Se destituyó a las autoridades locales, se fusiló a líderes cruceños y la región terminó incorporada a Bolivia. Desde entonces, cada vez que Santa Cruz reclamó mayor autonomía o cuestionó al poder central, la respuesta fue militar. Esa memoria histórica explica por qué el conflicto sigue latente.
Usted sostiene que existe una identidad cruceña diferenciada. ¿Cómo se formó?
Santa Cruz no se construyó contra Bolivia; se construyó a pesar de una Bolivia centralista que tardó siglos en comprenderla. Esa identidad nació del aislamiento, del trabajo sobre la tierra, de la ganadería, la agricultura y el comercio. Mientras el Estado concentraba su mirada en la minería y el occidente, aquí la población aprendió a sobrevivir y producir con muy poco apoyo. La cruceñidad no surge del enfrentamiento, sino del esfuerzo por desarrollarse aun cuando el Estado llegaba tarde o simplemente no llegaba.
¿Ese sentimiento sigue vigente en la actualidad?
Sí, porque durante mucho tiempo Santa Cruz sintió que podía producir más de lo que el Estado le permitía desarrollar. Documentos como el Memorándum de 1904 ya reclamaban otra visión de país, no privilegios regionales. Más tarde, el Plan Bohan terminó reconociendo que el futuro económico de Bolivia también dependía del oriente. Cuando finalmente llegaron carreteras e infraestructura, Santa Cruz respondió con producción, empleo y crecimiento.
Tras el cambio de gobierno, ¿percibe una relación distinta entre Santa Cruz y el Estado?
Veo un cambio parcial. Rodrigo Paz ha reconocido el peso económico de Santa Cruz y ha buscado apoyo en el empresariado regional porque necesita construir gobernabilidad. No sé si eso modificará la relación estructural, pero sí refleja que hoy el país ya no puede ignorar el papel que desempeña esta región.
El federalismo volvió al centro del debate. ¿Es una demanda reciente?
No. Es una aspiración histórica. Puede llamarse federalismo o una autonomía plena, pero siempre existió la idea de que las regiones administren mejor sus propios recursos y su desarrollo. El problema es que muchas personas asocian federalismo con división, cuando, bien aplicado, puede fortalecer la unidad nacional.
¿Santa Cruz creció a pesar del Estado?
En buena medida sí. Económicamente siempre fue una región autosuficiente. El crecimiento nació de la iniciativa privada y del trabajo productivo. En el plano político la situación es distinta, porque el centralismo nunca permitió que Santa Cruz alcanzara una verdadera preponderancia nacional.
¿Qué papel desempeña hoy Santa Cruz en Bolivia?
Más que un contrapeso político, representa una forma distinta de entender el desarrollo. Es una sociedad formada para emprender, producir y mirar hacia adelante. Esa experiencia puede convertirse en una propuesta nacional si Bolivia acepta debatir un modelo más descentralizado.
¿Qué relación debería construirse para evitar que las tensiones continúen?
Una relación basada en una autonomía mucho más profunda o en un modelo federal. El Estado debería concentrarse en planificar, regular y crear condiciones para producir, no en sustituir al productor. Santa Cruz siempre ha pedido que la dejen trabajar. Muchas de las reformas institucionales aplicadas en Bolivia nacieron aquí y terminaron extendiéndose al resto del país.
Fíjense en algo, todos los cambios y las mejoras que ha tenido el Estado Boliviano en los últimos 20 años han sido producto de ideas cruceñas: autonomía, federalismo, elección de alcaldes, elección de prefectos, cambios en la gobernación, distribución de los recursos IDH, las regalías petroleras, la participación popular; pero todas ellas han sido contrarrestadas por los occidentales.
El desafío es que esa experiencia deje de verse como una demanda regional y pase a entenderse como una oportunidad para construir un país más equilibrado.
Trayectoria
Bismarck Alberto Cuéllar Chávez, nacido el 23 de enero de 1963 en la ciudad de Montero, provincia Obispo Santistevan del departamento de Santa Cruz, es investigador e historiador; escritor y conferencista. Con postgrado en historia cruceña y más de 26 años de investigación autodidacta, ha publicado 25 libros. También es dramaturgo, director teatral, guionista, fotógrafo profesional y desarrolló gran parte de su carrera en el sector petrolero del país.