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Durante el 2020, Santa Cruz ha registrado 857 casos positivos de VIH. Para el director del Servicio Departamental del Salud (Sedes) dependiente de la Gobernación de Santa Cruz, Marcelo Río, estas cifras suponen una disminución de casos respecto a los tres años anteriores, que rondaban los 1.200 casos nuevos por año.

Ríos destaca también la reducción de fallecidos por la enfermedad, a pesar de la pandemia que supone un riego añadido. Durante el 2020 se reportan 60 pacientes fallecidos, una cifra similar a la del 2008 y muy inferior a la de los últimos 8 años que duplicaba los decesos.

Cada 1 de diciembre se celebra el Día Mundial de la Lucha Contra el VIH. Como en muchas partes del mundo, Santa Cruz también replica los actos de solidaridad con los pacientes. Ríos presentó un informe estadístico sobre el trabajo que se realizan desde el Sedes en la atención a las personas con VIH. En la ocasión resaltó la labor de la Gobernación con la aplicación del tratamiento gratuito para los pacientes.

El responsable del programa de VIH del Sedes en Santa Cruz, el doctor Gonzalo Borda, también explicó sobre los tratamientos. Dijo que cuentan con financiamiento solidario internacional, es costeado por el sistema público de salud y los costos son muy accesibles, pues oscilan entre 150 y 200 dólares. 

Borda recuerda que, en Santa Cruz, la desconcentración de la atención sanitaria permite a los pacientes con VIH acceder al tratamiento en los 82 centros de atención que dependen del Sedes.

El informe de la Gobernación de Santa Cruz indica que este año  se han entregado más de 30.000 tratamientos retrovirales, lo que permite a los pacientes estabilizar la enfermedad y mantener un ritmo de vida dentro de la normalidad.

Del mismo modo, los retrovirales permiten que las mujeres embarazadas no contagien la enfermedad a sus hijos recién nacidos. Ríos afirma que, en 122 casos registrados en el departamento, solo en uno se transmitió la enfermedad al bebé. Es el indicador más reducido desde el 2012

Una vida normal

Willan relata que hoy hace una vida normal. Desde hace 14 años trabaja en el Instituto para el Desarrollo Humano, ahora desde Cochabamba. Como muchos otros pacientes, recibe un tratamiento retroviral que debe tomar a diario “para que el sistema inmune se blinde ante las enfermedades”.

Willan forma parte de RedBol, Red Nacional de Personas que Viven con el VIH/Sida en Bolivia. Desde RedBol han lanzado un manifiesto que reivindica la dignidad de los pacientes. También recuerdan diversas medidas que benefician al sector como la asignación de mayor presupuesto para la atención y prevención en VIH, la garantía de acceso a los tratamientos, la ayuda para el cuidado de los menores o el acceso a pruebas diagnósticas para el VIH, entre otras demandas.

En Bolivia se registran 22.178 personas con VIH, de las cuales poco más de la mitad, 11.497, recogen sus tratamientos retrovirales. Willan celebra que los tratamientos sean gratuitos y dispensados por los sistemas de salud de manera directa a los pacientes.

El día a día de un paciente con VIH es muy cotidiano, relata Montaño. Con la pandemia han extremado las medidas de bioseguridad al igual que todos los grupos de riesgo, aunque eso no impide que mantengan reuniones y encuentros de trabajo. Llegar a esta situación “ha costado mucho, se ha sufrido para romper las barreras de la discriminación”, recuerda.

“La discriminación es tan sutil que apenas se nota”, continua. En muchas ocasiones ha recibido respuestas como “vuelva más tarde” o “necesita un historial” como formas para retardar la atención. Estas formas de exclusión son las más sutiles, valora porque también ha vivido algunas situaciones mucho más alarmantes.

“En una operación me sugirieron que, por precaución del personal de salud, deberían colocar un cartel en la cabecera de la cama que resalte la enfermedad”. Lo llamativo es la tranquilidad con la que lo relata y como alcanzó un acuerdo para que no se obrase de esa manera.

Willan considera que la información pertinente y permanente es clave para que los pacientes superen “la angustia” inicial que empuja, en muchos casos, a la negación. El trabajo de pre-consejería y post-consejería que realizan desde RedBol acompaña a muchos de estos casos.

“Cada persona lo asimila de diferente manera”, dice. Ahora, con los apoyos de las instituciones y asociaciones que acompañan a los pacientes es más fácil atender los casos. Aún así, las personas que sienten estímulos suicidas preocupan al colectivo.

Desde RedBol insisten en la necesidad de un programa de información que guíe a las personas para que comprenden de manera emocional y racional la enfermedad. Además, apuntan a la regla del 90, 90 y 90 que pretende un 90% de diagnóstico temprano a todas las personas, otro porcentaje similar de acceso al tratamiento y un control de la carga viral indetectable, que evita la transmisión, que alcance al 90% de los pacientes.

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