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Media tarde, un momento apacible para algunos trabajadores de delivery que se parquean entre el tercer y cuarto anillo de la avenida Beni, uno de los epicentros de la comida rápida de la zona norte de la urbe cruceña. Detrás de un barbijo se esconde el rostro de un joven conocido por ser de los pocos que se sube a una bicicleta por la zona para trabajar como repartidor.

Pese a la desventaja de no tener una moto, Juan Carlos Lacki comenta con orgullo que puede concretar, en el mejor de los días, un máximo 20 entregas (comida preparada, abarrotes y “de todo un poco”). Eso sí, tiene que trabajar de 09:00 a 22:00.

Lo positivo es que por la emergencia sanitaria ‘hay pega’. Pero una jornada de horario extendido no le intimida. Y es que a su edad (20 años), Juan Carlos ya sabe lo que es trabajar en esos horarios. Conoce lo que es abrir una empresa, tener clientes y ganar dinero. Pero también ya mordió el polvo del fracaso. El brote de coronavirus hizo que su emprendimiento se venga abajo.

Con una ducha solar, un negocio aliado de los gimnasios y centros de entrenamiento, logró colocar su sello en la industria de la salud, la belleza y el bienestar. Pero con los primeros 15 días de cuarentena, y el coronavirus al acecho, se dio cuenta que la empresa no funcionaría. Él y su socio decidieron cerrarlo. Por fortuna, no tenía deudas, pero tampoco capital para seguir y sus estudios están en pausa desde hace tiempo.

La bicicleta a la que se sube a diario es alquilada (tiene varios arreglos) y, aunque siente el efecto del trajín, tiene un motor que lo hace moverse a diario: en el vientre de su novia viene en camino un varón, que anunció su llegada para septiembre. Por eso Juan Carlos sabe que no hay tiempo que perder.


El trabajo y el riesgo que implica estar en las calles obliga a que esté distanciado de sus allegados. Por seguridad y la de ellos, no visita mucho a su novia y mantiene distancia de su familia. Sin embargo, también es consciente de que “no se sale adelante echado en una cama o dejando que el miedo te absorba”, afirma.

Llegó a PatioService por recomendación de un amigo y hoy es uno de los 1.300 repartidores que tiene esta empresa nacional en sus filas. El trabajo en la pandemia le enseñó a valorar más su salud, “por mucho que uno sea joven, nadie la tiene segura”, observa Juan Carlos, a tiempo de exponer que el trabajo también le trajo nuevas ideas, y ya proyecta abrir su propio restaurante una vez Bolivia supere al Covid-19.

Juan Carlos debe irse. La ‘hora caliente’ de pedidos se acerca. Toma su mochila y se despide. Todavía quedan pedidos por repartir y objetivos trazados por cumplir, con o sin pandemia.

Perfil

Cruceño. Juan Carlos Lacki Vega tiene 20 años y es el menor de tres hermanos. Emprendedor, llegó a consolidar la empresa de ducha solar Bestan, pero la emergencia sanitaria obligó a cerrar definitivamente el negocio. En el delivery encontró la oportunidad de seguir adelante para asistir a un niño que viene en camino, su primogénito.