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Escalofriante. Un intento de suicidio al finalizar la tarde de ayer en el cuarto anillo de la avenida Cristo Redentor, donde un hombre se lanzó al viaducto subterráneo, reveló el crimen de una adolescente y tres niños.

El sujeto, que sobrevivió, tenía un pedazo de papel cuadriculado en el que se leía “Maté a mis hijos y a mis entenados porque me los querían quitar”.

Al final, estaba apuntada una dirección: “Valle Sánchez Akualand”. El sujeto fue llevado a la clínica Kamiya donde fue atendido de emergencia.

Allí, al ser interrogado por sus familiares, confirmó que había matado a los menores. “El juez le dio la orden (la custodia de los menores a su pareja) y ella cada vez me amenazaba que me iba a hacer meter preso y no me iba a dejar ver (a mis hijos); me cansé de ser bueno”, relató Walter Ruperto Monasterio Villarroel (46).

Sus familiares le reclamaban con incredulidad, por qué lo hizo.

“Yo me quería morirme, tomé raticida, a mis hijos también les di y nos les pasaba nada, así que agarré el cuchillo y... a los cuatro”, continuó, para concluir señalando que se quiso matar con el cuchillo, pasándose corriente con un cable en el cuello y al no conseguirlo, se lanzó del puente.

Lo que siguió después fue que agentes de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv) acudieron hasta la casa del sujeto,  en la calle Los Potreros de la urbanización Valle Sánchez.

Al ingresar a la casa, no se encontraron con nadie hasta que en la sala, junto a la puerta de una de las habitaciones, había manchas de sangre en el piso.

Al ingresar, en dos camas juntas y tapados con una frazada hasta el cuello, como si hubiesen sido acostados para dormir, encontraron los cadáveres de una adolescente (15), una niña (5) y dos niños (4 y 2 años). Dos de los menores eran hijos del autor del crimen y los otros dos, sus hijastros. En la clínica, familiares del hombre, ratificaron a los investigadores de la Felcv que la pareja tenía constantes conflictos y que la mujer había ganado la custodia de los menores.

Antes de eso, la pareja constantemente estaba en conflicto por la custodia y por la atención a los niños.

Su padre comentó que le habían dicho que tuvo un accidente, pero al llegar allí le comentaron lo que había sucedido. Las hermanas y tías de Walter Ruperto no podían creer lo que sucedió.

“¿Cómo pudo hacerles eso a los niños?... ¡los niños!...” repetía constantemente una de ellas hundiendo el rostro en un pañuelo.

Los médicos juntaron a los familiares y les indicaron que estabilizarían al hombre y que les colaborarían en todo. Los agentes de la Felcv que llegaron al lugar manifestaron que era complicado en esos momentos obtener mayor información de parte del sujeto, pues en un breve interrogatorio notaron que estaba con las ideas desordenadas y a ratos parecía divagar.

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