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De hablar pausado y sereno, el volumen de la voz no se le descontrola ni cuando habla de las miserias por las que pasa el Oncológico, hospital que ejerce como tercer nivel, pero que trabaja con especialidad, como cuarto.

Rodeado de un mar de papeles y trámites administrativos, Nelson Béjar sabe que afuera de su oficina los enfermos con cáncer y sus familiares protestan; en otro ambiente, sus colegas paran por la Ley de Emergencia Sanitaria. No hubo ni hay quimioterapias cubiertas por el Estado, pero ahora no hay ni jeringas. Al menos no hace un par de días.

Béjar no es novato en lo que respecta a situaciones de crisis. Ejerce como director del Oncológico desde hace un año y varios meses, el tiempo más desafiante, cuando le tocó experimentar desde el paro hasta el golpe más duro de Covid-19. Su paz no se diluye con tanta facilidad.

Antes fue director, entre 2004 y 2007, pero además uno de los creadores del único hospital de su tipo en el país, hace 42 años.

Estuvo en la lista de los primeros contagiados de coronavirus, en abril de 2020. “Soy del grupo de riesgo, me enfermé y estuve en cama en mi casa, no tuve fiebre, por eso nos enteramos después de que era positivo. Tuve una crisis tan fuerte que pensé que era gripe”, recuerda.

Pero Béjar volvió a enfermarse de Covid-19. La segunda vez fue hace un mes y medio, un poco más grave, tuvieron que internarlo, pero no llegó a ser intubado.

Tiene 75 años y la jubilación no está entre sus planes, pero no se trata solo de vocación, tiene que ver con una realidad nacional.

Debió retirarse hace diez años, pero como no es obligatorio, sigue ejerciendo el oficio. “El problema es que cuando nos jubilan es con el 30% del sueldo, no como hacen con los militares. Somos los guerreros ahora, y deberían tomar ese dato y al menos darnos la posibilidad de jubilarnos con el 70%”, exhortó.

Según él, hoy todos los hospitales tienen un montón de gente mayor de 60 años trabajando, se atreve a decir que es casi la mitad del personal de salud, los profesionales.

En otro lado, al que se retira lo premian, acá lo castigan. Si pudiéramos jubilarnos en mejores condiciones, estoy seguro de que entraría gente nueva”, aseveró.

Cree que es difícil que escuchen a su sector porque a pesar del paro, siguen atendiendo en Emergencias y casos graves. “No nos dan bola con la Ley de Emergencia Sanitaria, no se preocupan por nada. Por un tema de humanidad es que atendemos los casos graves y las urgencias, no podemos cerrar el hospital y por eso se aprovechan, porque no se siente como debería nuestro paro, y todavía quieren meternos presos por reclamar. Es injusto, por eso peleamos”, indicó.

El cirujano oncólogo cree que los galenos están en medio del fuego cruzado entre el Ministerio de Salud y la Gobernación.

“Reclamamos a la Gobernación, pero la situación del país ha atorado las cosas allá, desde el cambio de Gobierno, elecciones. Más bien ahora el desembolso de los recursos demoró tres meses, otras veces han sido cinco, estamos ‘mejorando’”, ironizó.

Su serenidad es más que necesaria a la hora de introducir la matemática en el campo de la salud. El desafío de Béjar es lograr que en las 67 camas no Covid-19, disponibles en todo el Oncológico, 40 para adultos, 20 para niños y siete para la Unidad de Cuidados Intensivos (UTI), quepan los 2.000 nuevos enfermos de cáncer que registra el hospital cada año, y que en algún momento requerirán una cama para quimioterapia o cirugía. 

Eso, sin contar los cerca de 5.000 antiguos enfermos que de forma periódica piden auxilio y controles, y las 30.000 consultas anuales de pacientes de todas las provincias y departamentos.

Béjar también aprovecha la ‘vitrina’ para agradecer a los varios voluntariados que sostienen el Oncológico y los tratamientos de los pacientes, especialmente de los niños.

“Gracias a Dios que este pueblo da, o hubiéramos quebrado hace mucho tiempo. Fueron ellos quienes construyeron el domo Covid-19, un regalo de la Legión de Lucha Contra el Cáncer y del pueblo que puso la plata. Si no fuera por los voluntarios, no existiríamos, hace 40 años que nos mantiene la solidaridad. Y aun así, no alcanza”, confesó.

A Béjar hay que sacarle las palabras, no es de los que se queja porque sí, pero ante la insistencia, tampoco oculta una realidad que ha visto evolucionar desde 1978, cuando se creó el Oncológico.

No pierde la fe, ni siquiera por el panorama actual. Sigue como firme convencido de que el nuevo hospital de lucha contra el cáncer será una realidad. Ese sueño es compartido con muchas de las enfermas, que entre lágrimas dicen que no quieren partir sin dejar ese legado para los enfermos que vengan después. Sus protestas también tienen que ver con eso.

“Las señoras que cada vez protestan afuera del Oncológico pelean por sus enfermos. Seguiremos peleando porque queremos un nuevo hospital Oncológico, estamos trabajando con el doble de la población y prácticamente con la misma infraestructura de hace más de 40 años”, dijo quien salió invicto del virus. Su lucha pudo más.

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